ACEPTÉ SER LA LUNA DE UN ALFA QUE NO AMA
Nadie me hace sentir así… solo tú… mi todo… mi lobo… no pares, por favor, no pares…
Axel levantó la mirada un segundo, solo para verla: cabeza echada hacia atrás, labios entreabiertos, mejillas sonrojadas, manos apretando sus propios pechos mientras se retorcía de placer.
Era la imagen más hermosa y erótica que había visto nunca. Y era suya.
Gruñó contra su sexo, vibrando más fuerte, y redobló el esfuerzo. Su lengua rápida sobre el clítoris, dedos bombeando profundo y curvados justo donde ella más lo necesitaba.
Arianne se tensó entera.
—Axel… ¡Axel! —gritó su nombre como una oración.