La Dulce princesa.
Salió del cuarto, con toda la dignidad que tenía, y con la cual podría construir una muralla aún más grande que la de China, estaba tan inmersa en sus pensamientos, que ni siquiera reparo en las tres mujeres y el hombre que estaban de pie al otro lado del pasillo, Lucero veía con respeto a la castaña, mientras Victoria sonreía como si acabara de ver algo luego de tantos años de haber perdido la vista, Felipe estaba con la boca abierta, aguantando las ganas de gritar que al fin la princesa pusiera en su lugar al tonto de hijo que tenía, y la reina… la reina veía a su digna sucesora.
— Si les parece, creo que les pediré a mis esposos que aconsejen a esos tres, o no seremos familia, al menos no