Ya eres Pasado, Alfa Traidor
Al tercer día de nuestra hostilidad silenciosa, mi pareja destinada, el alfa Cain Beckett, se llevó a Vera Anderson, su secretaria, de viaje a Roseville, con la firme intención de herirme.
Creía que yo iba a armar el mismo escándalo histérico de antes. Pero, cuando volvió un mes después, se dio cuenta de que había cambiado.
Cuando Cain me arrebata la negociación territorial que estaba a mi cargo y se la entrega a Vera, ya no me pongo a discutir con él, furiosa. Al contrario, me adelanto a ordenar los documentos y dejarle el papeleo listo.
Para que Vera se luzca en la noche de luna llena, Cain echa abajo frente a todos el proyecto al que le dediqué tres meses.
Ya no peleo con él por eso. Al contrario, asumo todo el castigo en silencio.
Incluso cuando Cain decide saltarse las reglas y nombrar a Vera como Beta de la manada, me mantengo tranquila. Hasta sonrío y le doy la razón.
Ella le toma la mano y dice, coqueta:
—¿Ves? Te lo dije: con alguien como Leah no sirve pagarle con la misma moneda. Tienes que ignorarla por completo para que entienda. Seguro se muere de miedo de perderte al ver que ahora me haces caso a mí y ya no la consientes; por eso está tan mansita.
Como era de esperarse, Cain confía plenamente en ella y la felicita por lo lista que es. Incluso, para calmarme, promete que me marcará de forma oficial durante la próxima luna llena; yo solo niego.
No, ya no lo necesito; no me hace falta su marca porque pronto me iré de la manada.
A partir de este momento, rompo todos mis lazos con Cain Beckett; no volveremos a tener nada que ver.