Caprichoso Destino
Porque, al final del día, el hombre que firma los contratos, el hombre que mueve los mercados, era el mismo hombre que estaba dispuesto a ver el mundo arder antes de renunciar al cuerpo que, a su manera, le pertenecía por derecho de sangre y de voluntad.
Me detuve frente a la ventana, observando el cielo de Londres tornarse gris. Estaba solo, o eso quería creer. Pero en la mansión, en cada rincón, en cada suspiro de mi esposa, sentía la presencia de ambas, acechando, observando, esperando el siguiente movimiento en este juego donde yo era, a la vez, jugador y peón. Y en ese instante, supe que no habría paz hasta que la verdad saliera a la luz, sin importar cuántas vidas tuviera que destruir