SEMIDIOSA HIJA DE DIOSES
Hestia cayó de rodillas, herida, sangrando, con la expresión del triunfo desvaneciéndose en su rostro.
Me acerqué, levanté la mano para asestar el golpe final… y ella sonrió. Una sonrisa torcida, triunfante, como si ya hubiera ganado. Eso me hizo dudar. En ese instante, aprovechó mi vacilación y desapareció en una llamarada oscura, sin dejar rastro, sin un solo indicio de hacia dónde fue.
—¿Dónde está? —preguntó Hefesto, acercándose con los demás—. ¿Qué pasó?