OBSESIVO
una obsesión.
Dorian Baudelaire era un perfecto hombre europeo, alto, con hombros anchos y una cara masculina, atractiva, que derretía de solo verlo fijamente. Verlo a la cara provocaba inseguridad, deseo, tentación... y temor.
—No puedes amarme —fui honesta, porque no podía ser cierto—. No puedes engañarme. A mi no.