¡Maldito ALFA te haré pagar!
(…)
“Una joven loba de cabellera castaña clara y ojos azules, cristalinos, llevaba en sus manos una ofrenda al altísimo Dios omnipotente.
El sacerdote, un lobo delgado, con el labio partido, no por herida sino por una deformidad congénita, no podía quitarle los ojos de encima.
Se acercó a ella sin hacer ruido. Y le mostró una visión de sus padres, muertos a causa del enemigo.
La pequeña loba chilló.
—¿Qué puedo hacer para salvarlos de eso? —le preguntó al profeta en cuanto se estabilizó.
El lobo, el profeta cuyas visiones podía controlar a su antojo, la miró con lascivia.”
Leah despertó de golpe. Ese sueño… Esa loba joven era su madre biológica.
Seguramente esa visión se trataba de la manera