LA LUNA HUMANA VENDIDA AL ALFA SUPREMO
Su pulgar se deslizó lentamente por mi boca, delineando la línea inferior con una precisión que me hizo jadear bajito, traicionada por la intensidad de ese simple toque.
Cada movimiento suyo parecía calculado para desarmarme. Y funcionaba.
— Soy el Supremo — susurró con voz ronca, pero no menos imponente. —, tengo una guerra que ganar… una manada y una familia que proteger y liderar.
— Lo sé… es que… — Dudé, mi voz se quebró, mi mirada se desvió, mientras bajaba la cabeza en una rendición silenciosa que me irritaba y, al mismo tiempo, me dejaba demasiado vulnerable para soportarlo.