El Lazo Perfecto
Su destino era un punto acordado, donde las sombras del submundo tejían pactos y promesas peligrosas.
Allí la esperaba un hombre envuelto en pieles gruesas y con una mirada que podía helar la sangre de cualquiera. Sus ojos, de un azul gélido como el invierno, reflejaban el espíritu indomable de su gente. Era Azharel, el líder del temido Clan Lobo Blanco, guerreros nacidos en la crudeza de la montaña, cuya lealtad solo podía comprarse con sangre o deuda.
El mensaje fue entregado en silencio, sin necesidad de más palabras. Azharel inclinó la cabeza con una media sonrisa, mostrando sus colmillos levemente afilados.