La Jaula Dorada
Y Kaya sabía que, aunque el proceso fuera largo y complicado, este abogado no fallaba.
—Nos vemos pronto —dijo él, y antes de que pudiera colgar, Kaya escuchó sus últimas palabras —Tranquila. Esta vez, nadie saldrá de la cárcel sin lo que le corresponde.
Kaya colgó el teléfono y se quedó allí, observando la tormenta, tratando de calmar su mente. Lo que había comenzado como un simple intercambio había escalado hasta convertirse en una guerra personal, y ahora debía esperar. Pero con el abogado de la familia al mando, confiaba en que el siguiente movimiento estaría bajo su control. La venganza, como siempre, tomaría su tiempo, pero lo que no sabía la gendarmería era que Kaya ya estaba planeand