Una Reina para Lucifer
El segundo matrimonio de Liana y Lucifer no fue un evento para la prensa, ni un espectáculo para cimentar alianzas. Fue una ceremonia silenciosa, profunda y absolutamente sincera, celebrada seis meses después de la propuesta.
La primera boda había sido un contrato de papel firmado en una oficina fría, con un vestuario negro y miradas llenas de desconfianza. Esta vez, el evento se celebró en una villa histórica que poseía la Casa en la Toscana, rodeada de cipreses y con el sol filtrándose entre las colinas. Era un lugar sagrado para su paz, lejos del bullicio de Milán.