Embarazada y casada con el enemigo de mi ex
—Sí, Dante —respondió Elena, con una convicción absoluta —Quiero ser tu esposa, completamente por amor genuino, eligiéndote a ti, cada día, exactamente de la misma manera en que tú me eliges a mí.
Dante deslizó cuidadosamente el nuevo anillo en el dedo de Elena, sellando aquel momento con un beso considerablemente tierno, cargado de toda la emoción genuina que ambos habían construido pacientemente durante aquel año tan transformador.
Decidieron, entonces, organizar una segunda ceremonia matrimonial, completamente distinta a la primera boda apresurada y considerablemente pública que habían celebrado un año atrás. Esta vez, ambos coincidieron plenamente en que deseaban una celebración consider