El Dr. El Ceo y Yo
Me dio un beso en la mejilla, un beso que en ese momento sentí cálido, pero que horas después recordaría como el beso de Judas.
La ceremonia fue un despliegue de opulencia obscena. Dylan Gallardo, el CEO más cotizado del país, me miraba con una intensidad que otros habrían confundido con amor, pero que yo sabía que era puro triunfo. Él no quería una esposa; quería el linaje de los Brown, el respeto que mi apellido aún mantenía en ciertos círculos y, por supuesto, el control total sobre los terrenos que mi padre legalmente aún poseía.