La esposa abandonada
La noche se ha instalado afuera, profunda y espesa, como un telón de terciopelo.
En el cristal, mi reflejo me observa: una mujer de mirada febril, los labios ligeramente curvados en una sonrisa que ya no reconoce.
Ya no soy la esposa desdibujada.
Soy la estratega.
La dueña del juego.
"Ve, Marius. Corre a salvarla.
Mientras yo, conquisto lo que ella ha dejado atrás."
Cierro los ojos, imaginando ya el escenario: Marius en las carreteras, Ézran al borde del abismo, y yo, sola a su lado, dulce, atenta, indispensable.