Filter By
Updating status
AllOngoingCompleted
Sort By
AllPopularRecommendationRatesUpdated
NO DIA EM QUE PERDI A MINHA LOBA, MEU AMOR TAMBÉM SE FOI

NO DIA EM QUE PERDI A MINHA LOBA, MEU AMOR TAMBÉM SE FOI

Quando meu companheiro Alfa, Logan, percebeu que eu não havia submetido uma única solicitação de despesas em três dias, ele entrou em contato comigo por conta própria, pela primeira vez. — Baby, eu já aprovei a próxima fase do tratamento da sua loba. Está vendo? Se você se comportar, não há nada que eu não te dê. Seu tom de voz era afetuoso, como se ele realmente fosse um bom Alfa, preocupado com a sua companheira. Mas o que ele não sabia era que, quando ele disse "bebê", eu já havia terminado de redigir o acordo para romper nosso vínculo de companheiros. Antes de partir, a única coisa que eu consegui levar comigo foi uma velha camiseta, que eu costumava usar quando ele me marcou. Ninguém acreditaria que a adorada Luna da Alcateia Lua Negra, em apenas três anos desde a cerimônia, não conseguisse juntar cinco vestidos decentes que fossem realmente seus. Toda despesa de casa que eu fazia precisava ser aprovada com o selo da Luna, o símbolo do meu próprio poder. — Sienna, cuidar das contas é cansativo demais. Isso vai te desgastar. — Deixe a Chloe cuidar desse trabalho tedioso. Tudo que você precisa fazer é ficar bonita e ser a minha Luna perfeita. E assim, o selo da Luna que deveria ser meu, acabou se tornando algo que eu precisava implorar para a Chloe, a secretária do Alfa, que supostamente estava "lidando com o trabalho tedioso por mim". Três dias atrás, minha loba estava prestes a colapsar. Eu chorei e implorei pelos duzentos mil necessários para a cirurgia de intervenção. Mas Chloe deliberadamente reteve o selo, atrasando a aprovação sob a alegação de procedimento inadequado. Por fim, minha loba, já fraturada, ficou completamente silenciosa nas profundezas da minha alma. E ali eu soube: não havia mais nada entre mim e aquele Alfa.
Short Story · Lobisomen
2.6K viewsCompleted
Read
Add to library
Perdre à jamais mon amour

Perdre à jamais mon amour

J'ai épousé Lucien Lepont depuis dix ans. J'ai rencontré toutes ses maîtresses après notre mariage. Chaque fois qu'il s'était lassé et qu'il voulait une autre femme, j'étais son meilleur prétexte pour rompre avec chacune d'elles. « Si tu m'épouses, tu deviendras comme elle. À la fin, nous serons trop habitués l'un à l'autre, et il n'y aura plus aucune nouveauté. » Le jour de notre anniversaire de mariage, j'ai essuyé les larmes de la femme qu'il venait de quitter, tandis que lui est allé au cinéma avec une nouvelle maîtresse. La jeune femme a vidé un paquet de mouchoirs en pleurant, et j'ai cru revoir mon propre visage d'autrefois. Alors, j'ai demandé le divorce à Lucien. Il s'est montré inhabituellement déconcerté, « Tu ne pourrais pas attendre un peu ? Peut-être que je reviendrai à toi un jour. » J'ai souri doucement sans répondre et j'ai réservé un billet d'avion pour l'autre côté de l'océan. Je n'ai plus eu la patience d'attendre ton retour, alors je suis partie la première.
Short Story · Romance
2.3K viewsCompleted
Read
Add to library
La señora no perdona al infiel

La señora no perdona al infiel

Con veinticinco semanas de embarazo, Julieta García descubrió la infidelidad de su esposo durante una revisión prenatal. Con el cuerpo hinchado por la gestación y un aspecto descuidado, sostenía con dificultad su vientre abultado, mientras la joven amante de su marido la llamaba esa mujer. Delante de todos, él la miraba con un desdén abierto Pero la primera vez que Julieta conoció a Héctor Gómez, ella también fue el centro de todas las miradas, admirada y rodeada de halagos. Convencido de que ella había logrado casarse con él gracias a esa relación, Héctor tomó la iniciativa de divorciarse. En ese instante, su corazón murió por completo. Desde los años universitarios hasta el mundo laboral, ocho años de amor silencioso y de entrega absoluta demostraron no valer nada. Tras dar a luz, Julieta firmó el acuerdo de divorcio y se marchó sin volver la vista atrás. *** Cinco años después. Ella se había convertido en una poderosa empresaria multimillonaria. Era deslumbrante, segura de sí misma, talentosa, y no le faltaban pretendientes. El mismo Héctor, que en su momento insistió en divorciarse, nunca llegó a recoger el certificado de divorcio. Julieta presentó entonces una demanda judicial. Héctor, que antes la despreciaba, empezó a aferrarse a ella y, frente a cada pretendiente que se le acercaba, respondía con una venganza implacable. Hasta que Julieta apareció del brazo de otro hombre y anunció su compromiso. Héctor la acorraló contra la pared, fuera de control, y le espetó con voz ronca: —¿Casarte con otro hombre? Ni lo sueñes.
Romance
94.3K viewsOngoing
Read
Add to library
Miope y perdida en el juego del terror

Miope y perdida en el juego del terror

Cuando entré en aquel juego de terror, mi miopía extrema me jugó una mala pasada. Con la poca visibilidad que tenía, a la niña fantasma del vestido rojo la consideré como si fuera mi propia hija. Al Boss lo adopté ni más ni menos que como a mi esposo, y a esas criaturas viejas y extrañas, las traté con esmero al verlas mis propios padres. La primera vez que me topé con el Boss, no pude evitar acercarme y darle un toquecito en los abdominales mientras le decía: —¡Qué cuerpazo te cargas, mi vida! Lástima que estés tan chaparrito... Él soltó una risa bastante tensa, se puso la cabeza que tenía cortada de vuelta en el cuello, y mostrándome los dientes me soltó: —¡Mido un metro ochenta y seis! ¿Y ahora qué me dices?
Short Story · Fantasía
6.0K viewsCompleted
Read
Add to library
Las tarjetas del perdón se acabaron

Las tarjetas del perdón se acabaron

Diego Pinto organizó sesenta y seis viajes solo para pedirme matrimonio. Y fue recién en el intento número sesenta y siete que logró de verdad tocarme el corazón. El día después de la boda, le preparé sesenta y seis tarjetas de perdón. Teníamos un trato: cada vez que me hiciera enojar, podía usar una para ganarse mi perdón sin discusiones. Durante seis años de matrimonio, cada vez que me enojaba por su amiga de toda la vida, él venía y me pedía que le quitara una tarjeta. Pero cuando usó la tarjeta número 64, Diego se dio cuenta de que algo en mí ya había cambiado.
Short Story · Romance
1.8K viewsCompleted
Read
Add to library
La Estrella Perdida

La Estrella Perdida

Soy la falsa heredera malvada que creció en una familia rica. Después de mi muerte, mi amor de la infancia publicó mis fotos íntimas, llamándome una cualquiera que solo sabía seducir hombres. Tras lo cual, la gente llegó a casa gritando que me merecía la muerte. Mis papás, para librarse de mi mala suerte, quemaron toda la mansión esa misma noche e incluso les dieron mis cenizas a los perros. Todos decían que me lo merecía. Hasta que el día de la gran boda en vivo entre la verdadera heredera y mi amor de infancia, recibieron mi regalo de bodas.
Read
Add to library
El Don que perdió a su novia ante su mayor enemigo

El Don que perdió a su novia ante su mayor enemigo

Estuve con Don Massimo durante cinco años. Durante todo ese tiempo, él nunca ocultó a su favorita: Cara. La hija de su chófer. El hombre que recibió una bala por él. Él lo llamó «pagar una deuda». Y yo, como una tonta, se lo creí. Le dio joyas. Autos veloces. Incluso le compró una maldita isla. Tres días antes de la boda, descubrí que había cambiado el lugar. No en la finca de mi familia en Sicilia. Sino en la isla. La isla de ella. ¿Su excusa? Cara era claustrofóbica. No soportaría una gran boda en un lugar cerrado. Estaba harta. Tres días después, la boda se celebró en esa isla. Pero la novia no apareció. Massimo fue humillado públicamente. Recorrió la ciudad de esquina a esquina, buscándome. Fue entonces cuando lo descubrió. Pensó que se casaría conmigo. En cambio, me casé con su mayor enemigo. Nikolai Volkov. El padrino de la Bratva rusa. Dejó a Cara. Corrió a la finca de mi familia y esperó. Siete días y siete noches. Con flores, un anillo y un montón de súplicas.
Short Story · Mafia
2.3K viewsCompleted
Read
Add to library
L'amour volé, le bonheur perdu

L'amour volé, le bonheur perdu

Le jour de mon anniversaire, mon compagnon, Jackson, a épousé son premier amour dans une église. Quand je l'ai confronté, il m'a répondu froidement : « Layla a été empoisonnée par le poison du loup. Je ne fais que réaliser son dernier souhait. » « Tu nous vois vaiment trop tordus. Si j'avais été infidèle, tu l'aurais su, non ? » Il savait parfaitement que, pour le sauver, j'avais perdu mon âme de louve. Qu'entre lui et moi, il n'y avait plus cette connexion télépathique propre aux compagnons liés. Depuis longtemps, je n'étais plus qu'une ordinaire. Inutile. Je n'ai ni pleuré ni crié. En silence, j'ai pris rendez-vous chez la guérisseuse pour interrompre ma grossesse. Puis, j'ai quitté cette maison. À Jackson, je n'ai laissé qu'une lettre d'adieu, et un cadeau de divorce. Mais, sans que je comprenne pourquoi, Jackson — qui m'avait toujours traitée avec mépris — s'est mis à me chercher comme un fou, obsédé par ma trace.
Short Story · Loup-garou
3.1K viewsCompleted
Read
Add to library
Après Mon Départ :  L'Amour perdu d'un PDG

Après Mon Départ : L'Amour perdu d'un PDG

« Mme Sterling, êtes-vous certaine de vouloir mettre fin à vingt ans de mariage... et renoncer à la garde de vos enfants ? » « Oui. Déposez les documents. J'en ai assez. » Ma voix était calme, sans tremblement, tandis que je frottais avec énergie une tache de graisse tenace sur le plan de travail en marbre. Vingt ans. Vingt ans à m'oublier, à me fondre dans les murs de cette maison. À gérer chaque détail domestique, à m'inquiéter pour chaque bulletin scolaire, à me tenir dans l'ombre d'Alexander, soutien silencieux et sans récrimination de son ascension inexorable au sein du consortium. Et lui ? Le voilà qui avait donné une interview, flanqué de sa jeune sœur adoptive, Chloe. Il avait osé déclarer sans même un battement de cil : « Tout ce que j'ai accompli, je le dois à elle. À ma chère petite sœur. » Même mes enfants me regardaient avec ce mépris froid, traitant de « banale » et de « vulgaire » la femme qui les avait mis au monde. Ils formaient un front uni, tous quatre, avec cette sœur adoptive omniprésente, cette tata Chloe, qui se comportait en maîtresse des lieux. J'ai signé les papiers du divorce. Je suis partie. Qu'ils forment, eux, leur famille parfaite. Mais par la suite… c'était leur tour de regretter…
Short Story · Romance
8.5K viewsCompleted
Read
Add to library
Cuando me perdiste, no dijiste nada

Cuando me perdiste, no dijiste nada

En el quinto año de su matrimonio, Débora Acosta descubrió a su esposo Emilio Romero acostándose con su secretaria, la mujer incluso estaba embarazada. De golpe, los cinco años que Débora había entregado al matrimonio parecieron una broma cruel. Pidió el divorcio, solo para darse cuenta de que en la familia Romero ya no había un lugar para ella. La amante, Irene Palacios, la provocó sin pudor, Emilio se mostró frío e indiferente y las críticas de los familiares terminaron por hundirla en un dolor insoportable. Después del divorcio, Emilio volvió a encontrarse con Débora. Ella era como una luna lejana, inalcanzable. Su mirada y su corazón ya estaban llenos de otro hombre. La mujer que había sido su esposa terminó convirtiéndose en el tesoro más preciado de alguien más. Al final de un banquete, Emilio la tomó del brazo. Con la voz quebrada y los ojos enrojecidos, le preguntó casi suplicando: —De verdad, ¿ya no me quieres? Débora lo miró con frialdad. En ese momento, el hombre elegante y distante que estaba a su lado la rodeó con el brazo. Alzó la mirada y dijo con calma: —Sr. Romero, mi esposa y yo tenemos que volver a casa. Por favor, compórtese. *** Ella había creído que era el chiste de toda la ciudad. En su momento más miserable, un hombre al que apenas había visto unas cuantas veces la llevó a su casa. Más tarde entendió la verdad. Alguien la amaba como a un tesoro. Cada una de sus lágrimas era invaluable para él y jamás permitiría que volviera a sufrir ni la más mínima injusticia.
Romance
101.1K viewsOngoing
Read
Add to library
PREV
1
...
1314151617
...
50
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status