Regla n.º 1: No toques a Daddy
“Oh, joder…”
Acaricio más rápido, las caderas empujando hacia arriba contra el aire vacío, persiguiendo la presión fantasma de su toque, su peso, su boca. Cada deslizamiento frenético de los dedos acerca más la imagen de sus ojos oscuros y hambrientos, quemándome la piel hasta que no puedo respirar.
“¡Christian—joder—Christian! Sí, frótame fuerte, ugh, sí, Christian, ohhhh ohhhh joder sí, papá mm-nn!”