El reclamo del rey alfa ciego, ¡Tengo a su cachorro!
Sus labios encontraron su sexo, lamiendo los pliegues empapados con lentitud deliberada, succionando el clítoris hinchado hasta que ella gritó su nombre, sus caderas alzándose instintivamente.
El sabor de ella era adictivo, dulce, Xylos introdujo un dedo dentro de ella, luego dos, curvándolos para golpear ese punto sensible que la hacía convulsionar, su otra mano acariciando sus pezones sensibles.
—Xylos… por favor —suplicó Vecka, sus colmillos extendidos ahora, el deseo convirtiéndose en hambre.
Él levantó la cabeza, su boca brillando con el deseo de ella, y subió para besarla de nuevo, compartiendo su propio sabor en un beso obsceno.