LA LUNA HUMANA VENDIDA AL ALFA SUPREMO
Gruñí con sarcasmo, la mirada fija y fría.
— ¿Un cobarde como tú, que se esconde en las sombras, se atreve a llamarme indigno? No eres el primer gusano que cree poder derribarme. No serás el último en ser aplastado.
— Ah, Alfa... vas a desear la muerte muy pronto. — Dijo, sonriendo, antes de desaparecer como humo en la niebla, dejando a sus propios seguidores atrás, confundidos, vulnerables.