El amor no se puede forzar
Un paseo familiar para darle la bienvenida a Julio.
Yo no tenía intención de ir. ¿Para qué? Ese cuadro de “familia feliz de cuatro” no tenía nada que ver conmigo, la hija menor caprichosa, envidiosa, la que siempre estaba de más.
Pero Carina, como siempre, tenía que hacer su numerito. Se escondió en una esquina, dejando caer unas lágrimas perfectamente calculadas.
—No, no vayan por mí… Llévense a Julio y a Estrella. Ustedes son una familia… conmigo ahí, solo arruinaría el momento.