Share

Capítulo 4

Author: Summer
A nuestro alrededor, los demás empleados de la firma comenzaron a susurrar y a señalarme. Al ver que Dante no hacía el más mínimo intento por callarlos, las voces en el pasillo se volvieron más fuertes y desafiantes, cargadas de veneno.

—El señor Moretti ocultó su estatus en la mafia solo para que ella no se sintiera insegura —murmuró una secretaria—. Eso demuestra lo mucho que la quería. Incluso nos ordenó a todos que guardáramos el secreto para no abrumarla.

—¿Y de verdad ha estado viviendo gratis en su apartamento y tiene el descaro de venir a armar este numerito? Vaya tipa —añadió un analista—. ¿Cuántas veces no hemos visto a una muerta de hambre intentando infiltrarse en el clan para asegurar su futuro? Si no fuera por el jefe, ella no sería absolutamente nadie.

Cada comentario alimentaba el ego de Dante, cuya expresión se volvía más soberbía por segundos. Nadia, por supuesto, no desaprovechó la oportunidad de seguir echando leña al fuego.

—Ay, Elena, ¿pero no fuiste tú misma la que fingió un accidente automovilístico la semana pasada para intentar sacarle dinero? —soltó, mirándome con desprecio—. Claro, como te encanta hacerte la víctima para conseguir dinero fácil...

Escucharla usar la tragedia de mi bebé para pisotearme fue como si me inyectaran hielo directo en las venas. La indignación me entumeció el cuerpo. Todo el mundo en esa oficina se había volcado en mi contra, juzgándome sin saber nada. Miré a Dante, quien mantenía una fachada de total indiferencia; para él, las calumnias de Nadia eran solo comentarios irrelevantes que servían para darme la lección que, según él, tanto me merecía.

Una sonrisa sombría y fría comenzó a dibujarse en la comisura de mis labios.

Antes de que pudiera hablar, Dante volvió a dar un paso al frente y extendió el brazo, atrapándome por el hombro en un burdo despliegue de falsa benevolencia ante su público.

—Por favor, déjenlo así. Lo hecho, hecho está. Ya les dije que la voy a perdonar. Al final del día, eran solo unos cuantos miles de dólares, no pasa nada. Si decidí no prestarle el dinero en su momento, fue porque me estaba mintiendo, pero sé que puede aprender. Mi familia la aceptará en el clan si se arrepiente de verdad y corrige estos malos hábitos.

Como era de esperarse, sus palabras encendieron aún más los ánimos en el pasillo. Todos los presentes se tragaron el teatro, completamente convencidos de que yo era el monstruo de la historia y Dante un alma caritativa.

—¡Exacto, señor Moretti! ¡Usted es demasiado bueno! —exclamó uno de sus guardaespaldas—. Es el poderoso heredero de un clan. Si necesitas dinero, ¡solo tienes que pedirlo de frente! Fingir un accidente para sacarle dinero... eso es completamente inhumano.

—Una parásita como ella merece que la dejen en la calle —sentenció otra voz desde el fondo—. Deberían vetarla de toda la ciudad para que aprenda a respetar.

Esos mismos compañeros con los que antes compartía el café y el almuerzo, ahora competían entre sí para ver quién me humillaba más. Miré a Dante, recordando cada una de sus enfermas manipulaciones, y entendí que defenderme con palabras en ese momento no serviría de nada. Aunque les arrojara los recibos de pago en la cara, inventaría cualquier excusa para seguir pisoteándome.

En silencio, guardé los comprobantes en los bolsillos de mi abrigo. Clavé la mirada en Dante y le dediqué una sonrisa helada.

—Ya que tanto te empeñas en recordarle a todo el mundo los años que pasamos juntos, ¿por qué no nos sentamos a hacer cuentas? —solté, con una calma que lo descolocó—. Calcula cada centavo que dices haber gastado en mí. Te advierto que si no puedes demostrar una sola factura a mi nombre, vas a tener que devolverme las decenas de miles de dólares que transferiste ilegalmente de mi cuenta personal a la tuya. De lo contrario, tú y tu firma pueden ir preparándose para una demanda millonaria por fraude financiero y robo de activos. Mis abogados se encargarán de que pases una buena temporada tras las rejas, heredero o no.

Dante se sumió en un silencio tenso. Vi el destello puro de pánico cruzar por sus ojos. Sabía perfectamente que jamás había gastado un dólar en mí; no existía un solo registro que pudiera mostrar. Un hombre que era tan ridículamente tacaño como para exigir que dividiéramos a medias hasta el costo de los condones, no tenía facturas de generosidad que presentar.

Para él, la relación debía mantenerse al margen del dinero, pero la realidad era otra: desde el primer día, estuvo corrompida por el robo. Este poderoso príncipe de la mafia, a quien todos en el pasillo veían como un dios benevolente, no era más que un parásito que vivía a expensas de mis ingresos.

Dante intentó balbucear una respuesta, pero yo ya no quería escucharlo. Me di la vuelta para marcharme, cuando Nadia se abalanzó sobre mí. Me empujó con fuerza por la espalda; perdí el equilibrio y caí de rodillas contra el suelo del pasillo.

—¡¿Cómo te atreves a distorsionar los hechos?! —chilló Nadia, loca de furia, mirándome desde arriba—. ¿Cómo podría Dante quitarle dinero a una muerta de hambre como tú? ¡No te atrevas a difamarlo o seremos nosotros quienes te demanden por extorsión! ¡Pídele disculpas de rodillas ahora mismo!

De verdad estaba convencida de que todavía tenía poder sobre mí. Quizás en el pasado su agresividad me habría intimidado, pero mi yo actual ya no guardaba un solo gramo de vulnerabilidad.

En ese momento, mi jefa directa, se abrió paso entre la multitud de curiosos con un expediente físico en las manos. Al verme en el suelo, su rostro se transformó en una mueca de absoluta incredulidad y enfado hacia Dante.

—¿Qué está pasando aquí? Elena, se supone que estás bajo estricta baja médica. El hospital me acaba de llamar de urgencia porque no te presentaste a tu cita de revisión tras la cirugía del aborto espontáneo. Tu estado de salud es crítico, no deberías estar de pie.

El pasillo quedó en un silencio sepulcral. Los murmullos se congelaron.

La jefa miró a Dante con una mezcla de decepción y asco, sosteniendo el expediente de la empresa.

—Señor Moretti, aquí tengo la solicitud de emergencia que Elena presentó la semana pasada para un adelanto de mil dólares, la cual usted me ordenó denegar personalmente. Qué tragedia... Ese dinero era lo único que ella necesitaba a tiempo para salvar la vida de su bebé.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • El precio de sus pruebas fue mi hijo   Capítulo 12

    Julian soltó una risa suave y despectiva, recorriendo a Dante con la mirada antes de fijar sus ojos en el bolsillo donde había escondido el estuche del anillo.—¿De verdad planeaba impresionarla con una reliquia familiar en lugar de algo hecho a su medida? Le recuerdo la subasta de lujo del mes pasado, señor Moretti. Usted y yo estuvimos en una guerra de pujas por la esmeralda en bruto que ahora decora el broche de Elena. Con la inmensa fortuna de su familia, podría haberme superado sin el menor esfuerzo; pero, en cuanto elevé el precio, se echó atrás de inmediato. ¿Fue porque ella no le importaba lo suficiente o porque simplemente pensó que Elena no valía tanto dinero?Aquella revelación me cayó como un cubo de agua fría. ¿Julian había asistido a una subasta de alto nivel solo para conseguir esa esmeralda para mí? Giré la cabeza para mirarlo, estupefacta.—¿Estás loco, Julian? ¿Gastaste semejante fortuna en un regalo para mí? —le pregunté entre la sorpresa y la confusión.Él bajó

  • El precio de sus pruebas fue mi hijo   Capítulo 11

    A la noche siguiente, me paré frente al espejo a contemplar los elegantes vestidos que Julian me había estado enviando durante las últimas semanas. No pude evitar sonreír al recordarlo. A él nunca le habían importado las tendencias de la moda ni pretendía obligarme a encajar en un molde social; lo único que le interesaba era que yo me sintiera cómoda, segura y feliz con lo que llevara puesto. Tras pensarlo unos minutos, elegí un vestido de seda verde oscuro, de corte sencillo pero increíblemente sofisticado. Con sumo cuidado, prendí cerca de mi clavícula el broche antiguo de platino y esmeralda que me había regalado el día anterior. El verde intenso de la piedra reflejaba la luz de una forma preciosa, combinando a la perfección con la caída de la tela.Julian se había ofrecido a pasar a recogerme, pero lo rechacé con amabilidad. Quería darle una sorpresa al llegar al pabellón de cristal, una pequeña muestra de agradecimiento por su apoyo incondicional durante todos estos meses.Lo qu

  • El precio de sus pruebas fue mi hijo   Capítulo 10

    No pasaron más de quince minutos cuando ya tenía un plato humeante de pasta frente a mí. Iba por la mitad de la comida cuando Julian se recostó contra la barandilla de madera del porche, contemplándome con una sonrisa en los labios.A medida que me acercaba a mi límite, el ritmo con el que comía disminuía de forma natural. Él se dio cuenta de inmediato. Yo, sin embargo, sentía la necesidad de terminarme absolutamente todo lo que él había preparado; aunque eso significara dar bocados cada vez más pequeños, porque respetaba profundamente el esmero y el cuidado que Julian ponía en mí.—Si ya estás llena, no te fuerces —me dijo en voz baja, extendiendo la mano para tomar con delicadeza mi tenedor—. Comer en exceso solo te causará molestias después de la cirugía.Me mordí el labio inferior y solté una pequeña carcajada, un poco sorprendida.—Julian, ¿acaso me lees la mente o tienes algún tipo de superpoder? ¿Cómo sabes exactamente lo que estoy pensando?—No es magia, Elena —respondió é

  • El precio de sus pruebas fue mi hijo   Capítulo 9

    Esa tarde, por fin saqué tiempo para ir a la clínica local a mi revisión postoperatoria, la cual llevaba mucho tiempo pendiente. Desde que había llegado al pueblo, había estado trabajando sin descanso, ignorando por completo las advertencias de los médicos sobre mi delicado estado físico.Mientras esperaba en la sala, una figura conocida cruzó el umbral. Era Julian. Venía a entregar un informe sobre la seguridad del agua para uso agrícola en su rol como inspector de sanidad del condado; pero, en cuanto me vio sentada en la fila de sillas de plástico, su rostro se llenó de una genuina preocupación. Olvidándose por un momento de sus obligaciones, se acercó y se sentó a mi lado. No me hizo preguntas inoportunas ni incómodas; simplemente se quedó allí, acompañándome en silencio durante toda la espera.Cuando el doctor me reprendió con suavidad por estar gravemente desnutrida y haber descuidado mi recuperación, Julian escuchó con absoluta seriedad, asintiendo ante cada restricción dietéti

  • El precio de sus pruebas fue mi hijo   Capítulo 8

    Regresé a la vieja y vacía casa de mi familia, un lugar que había permanecido en un absoluto silencio durante años. En el instante exacto en que giré la llave, abrí la puerta y di un paso hacia el interior, los rígidos muros que me había obligado a construir se derrumbaron por completo. El silencio de la casa magnificó mi dolor, y las lágrimas inundaron mis ojos antes de que pudiera siquiera soltar mis maletas.Me desplomé sobre la vieja cama, acurrucando mi cuerpo con fuerza mientras me apretaba el abdomen vacío contra el pecho. El dolor era físico; una punzada pesada y asfixiante que me desgarraba por dentro mientras sollozaba sin control en medio de la oscuridad.—Merecías ver la luz del día, mi dulce pequeño —susurré en la penumbra—. La culpa de no haber podido conseguir el dinero para esa cirugía a tiempo me va a perseguir para siempre. El mundo fue cruel con nosotros, pero mi incapacidad para protegerte de su malicia es una carga que llevaré el resto de mis días. Por favor, ten

  • El precio de sus pruebas fue mi hijo   Capítulo 7

    Durante los siguientes tres días, Dante desató toda la fuerza de rastreo del sindicato de la mafia, poniendo la ciudad patas arriba para darme caza. Activó la extensa red de inteligencia de su familia en alerta máxima, desesperado por localizar a la mujer que se había atrevido a escapar de su jaula de oro. Yo sabía exactamente cómo operaba, y por eso mismo me negué a quedarme de brazos cruzados esperando a que me atrapara.En lugar de esconderme muerta de miedo, busqué entre mi agenda hasta encontrar el número de mi mejor amiga de la infancia. Ella había escalado posiciones hasta convertirse en una abogada corporativa de primer nivel, completamente alejada del corrupto submundo que Dante comandaba. Sin dudarlo, le escribí un mensaje directo por WhatsApp. Miré la pantalla conteniendo el aliento hasta que las dos marcas de verificación grises se volvieron azules rápidamente. No me había borrado de su vida, ni se había olvidado de nuestro vínculo.Aprovechando la conexión de toda una vi

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status