LOGINSeorang pemuda terpaksa kembali ke rumah tua peninggalan kakeknya di sebuah desa terpencil. Rumah itu menyimpan rahasia kelam: dahulu menjadi tempat ritual pesugihan yang dijalankan keluarganya. Sejak ia tinggal di sana, kejadian ganjil mulai muncul—suara tangisan tengah malam, bayangan hitam di lorong, hingga mimpi yang seolah nyata. Perlahan ia menemukan bahwa kekayaan keluarga mereka berasal dari perjanjian berdarah dengan makhluk gaib, dan kini giliran dirinya yang dituntut untuk melanjutkan perjanjian tersebut… atau mati dengan cara mengerikan.
View MoreA veces el amor, no es suficiente para repáralo todo.
Adara miraba feliz aquella prueba positiva de embarazo. Aquel hijo o hija, era todo lo que una vez tanto ella como su amado Héctor habían esperado, aunque habían tardado un tiempo en conseguirlo, finalmente, aquella prueba, llenaba el corazón de la joven esposa y futura madre de dichas y dulzores, sin embargo, a menudo, nada es lo que uno espera.
Al mismo tiempo, Héctor siente como el corazón se le rompe en mil pedazos, al mirar aquella fotografía que un anónimo a enviado a su correo. Las lagrimas se le resbalan desde los ojos, y el corazón roto le late a mil por hora al ver a la mujer que ama, la única a la que juro amar por siempre, le ha sido infiel y se la ve acostándose con otro hombre. Furioso, con el alma hecha pedazos, va hacia ella quien tambien se dirige hacia él.
—¡Héctor mi amor! ¡No sabes que hermosa noticia tengo que darte! Escucha y mira es…
—¡No quiero escuchar nada que venga de tu sucia boca mentirosa! ¿Cómo pudiste hacerlo Adara? ¿Cómo pudiste engañarme sabiendo lo mucho que yo te amo? —
Héctor no permitió que su esposa, aquella mujer a la que amo desde el primer momento en que la conoció, le dijera aquella noticia tan hermosa y llena de esperanza. Adara no comprendió nada de aquello, ¿De que hablaba su amado Héctor? ¿Engañarlo? No, ella no sería capaz de hacer tal cosa.
—¿De que hablas? Yo no…
—No volveré a buscarte, espero que tu hagas lo mismo —
No sabía quién había sido, ¿Quién la odiaba tanto para destruir su felicidad al lado del único hombre al que había amado?, la habían calumniado, hablando de amores prohibidos que ella jamás experimento ni busco, hablando de castigos y condena cuando ella era completamente inocente.
—Espera Héctor…no te vayas…no me dejes… ¡Eso es mentira! —
Héctor no había querido escucharla, la había cruelmente mandado a callar, pues no había dudado ni un momento de aquella vil mentirosa que celebraba su triunfo con una sonrisa en su rostro.
—Calla, no vuelvas a hablarme, no quiero volver a verte…para mí, desde este día, estás muerta…
Aquellas eran las últimas palabras que escucho de sus labios, aquellas fueron las palabras que le rompieron por completo el corazón a aquella mujer que sintió como de pronto, su mundo entero le había sido arrebatado. De los labios que una vez beso y le recitaron mil poemas, ahora solo salían desprecios y acusaciones. Y así, viéndolo marcharse cerrando la puerta de aquella casa a la que una vez llamo su dulce hogar, Adara sintió como su corazón se desmoronaba en mil pedazos mientras se acariciaba el vientre y su alma rota dejaba escapar el llanto.
Héctor no escucho, el hombre se negó a escucharla, sintiendo su alma rota y su corazón hecho añicos, salió de aquella casa dejándola sola. Adara miraba a su esposo marcharse, aquel al que amo primero, aquel que creyó, sería su compañero para el resto de sus días…aquel que le prometió permanecer juntos hasta que la muerte los separase una tarde de verano junto a un altar frente al mar.
Adara sollozaba mientras repetía el nombre de aquel que acababa de dejarla con el alma hecha pedazos. Sin embargo, una llamada entraba a su celular, una que le terminaría de romper el espíritu y que la sumergiría en el peor de los sufrimientos…aquella traición de quien no esperaba.
—Te lo advertí hermanita, si él no podía ser mío, entonces tampoco sería tuyo…
La voz de su hermana, quien, alimentada por el odio y la envidia, había calumniado a su propia sangre.
Aquel hombre al que amaba con toda la fuerza que tenía su ser, se había ido, la había abandonado creyéndola hasta el último momento una infiel y mentirosa gracias a aquella cruel mentira que su perniciosa hermana había arrojado en su contra.
Su hermoso rostro estaba cubierto de lágrimas, su cabello rubio estaba desordenado, y Adara, alzando la vista con sus ojos rojos por el dolor, miraba a su hermana tambien marcharse después de haber logrado destruir su matrimonio.
Sola, completamente sola, Adara Dánae se levantaba del frío suelo en el que se había encontrado, con el corazón roto en la palma de su mano, y un sinfín de promesas que no se cumplirían nunca, se secó las lágrimas que no dejaban de brotar. Acariciando su vientre, miro a su casa casi vacía, aquella en la que había pasado los mejores y más felices días de su vida junto a su amado Héctor Altamira, el que había sido su gran amor desde la escuela secundaria y al que su hermana menor siempre le había envidiado por ser el millonario heredero de su importante familia y aun llorando, aun con el alma pendiendo de un hilo, Adara dejaba atrás aquel hogar dulce hogar, y pronto un letrero de “SE VENDE” podía apreciarse en el jardín de la que una vez fue una casa feliz.
Un hombre solitario miraba aquel letrero, sin poder evitar hacerse la pregunta de a donde fue que aquella mujer se había ido. Poco a poco, el tiempo transcurrió, y tanto Adara como Héctor, habían dejado atrás aquella dolorosa historia de un sueño que una vez compartieron juntos. El sueño que la más cruel de las mentiras envió directamente al olvido.
Seis años pasaron, seis años en los que aquella mujer con el alma rota había dejado su corazón atrás, para aprender a cuidarse ella misma. El destino, muchas veces nos guía hacia donde realmente pertenecemos, o nos lleva de vuelta hacía el sitio que nunca deseamos realmente dejar.
Adara paseaba en el parque mientras admiraba la hermosura de la nieve prístina que comenzaba a caer, sin saber que los ojos de Héctor Altamira, su ex esposo…su ex amor, la miraban con curiosidad…quizás, con algo de anhelo. Deseoso por hablarle a aquella mujer a la que abandono un día y no había vuelto a ver hasta ese momento, se detuvo en seco cuando miro a aquel pequeño que corría hacia ella, y se abrazaba a sus piernas con la ternura típica de la infancia.
—¡Mami! —
Un hombre apuesto y varonil se acercaba a Adara, y luego, sin más, y con una gran sonrisa previa, aquel, la había besado en los labios. Héctor sintió como el corazón le dolía al mirar aquello, Adara había vuelto a hacer su vida y el…el solo era un solitario multimillonario. Retirándose de aquel lugar no soportando ver aquella escena, Héctor pensó en Adara…y en aquel niño que con tanto amor la había abrazado.
“Aku… atur pintu!”Angin melambat. Suara-suara yang tadi banyak surut ke tepi, seperti air yang menolak menggenang. Boneka kain menoleh padaku—aku bersumpah ia kecewa—lalu ia duduk. Bayangan di tanah menyusut, menyisakan garis tipis pada tepi genteng.Prawira menghela napas. “Bagus. Tahap angin selesai.”Namun sebelum kami sempat turun, pintu rumah depan terbuka. Seorang perempuan muda masuk begitu saja, langkahnya cepat. Rambutnya tersisir rapi, wajahnya dingin, tapi mata—mata itu—kosong. Ia naik tangga ke atap tanpa memedulikan larangan. Sinta hendak menghalangi, namun perempuan itu menyibakkan tangan Sinta seperti menyibak kain. Aku terpana; ada tenaga dingin di gerakannya, bukan tenaga otot.“Siapa kamu?” tanya Prawira, suaranya tenang lagi, tapi matanya bersiaga.Perempuan itu berdiri di hadapanku, terlalu dekat. Parfum murah bercampur bau lembap. Bibirnya bergerak, tapi yang keluar bukan suaranya. “Kunci,” katanya—kata itu terdengar dari perut, bukan dari tenggorokan. “Ikut.”Ak
Malam setelah kami kembali dari makam Ki Jana, aku tidak tidur. Dengung di dada tidak lagi datang sebagai dua ketukan ragu, melainkan langkah-langkah kecil yang mondar-mandir, seperti sesuatu yang gelisah mencari celah. Aku duduk di lantai kamar kos baru—sementara—yang kubooking untuk tiga malam ke depan. Kos lama masih digaris polisi; warga menyalakan dupa, menabur garam, dan berdoa agar “kebakaran” semacam itu tidak terulang. Di koridor kos baru, suara televisi tetangga memutar sinetron, butiran tawa kaleng memantul di dinding tipis.Sinta mengirim pesan: “Besok pagi ada orang yang bisa kita temui. Namanya Pak Prawira. Penyintas. Dulu pernah bantu tetanggaku soal gangguan.”Pagi menjelang, aku bertemu Sinta di gang pasar. Ia membawa termos kecil, menyodorkan padaku. “Wedang jahe. Kau masih pucat.”Aku menghirup hangatnya, mengangguk. “Terima kasih.”Kami berjalan menembus gang yang makin sempit, melewati pintu-pintu kayu yang dicat hijau pudar. Di ujung gang itu ada rumah dengan hal
Sehari setelah aku cukup kuat untuk berjalan, aku keluar dari rumah sakit. Sinta yang menemaniku membawa kantong plastik berisi obat, sementara aku berjalan pelan dengan langkah tertatih. Setiap orang yang kami lewati menatapku aneh—mungkin karena perban di dadaku, mungkin karena berita tentang kebakaran kos sudah menyebar. Aku mendengar bisik-bisik lirih: “Itu anak yang selamat…” atau “Katanya ada yang aneh malam itu.”Aku menunduk, tidak peduli. Yang lebih berat dari tatapan mereka adalah dengung rendah yang masih sesekali muncul dari dadaku. Dua ketukan… kadang tiga… seakan-akan ada sesuatu yang mulai belajar berbicara dengan bahasa tulangku sendiri.Sinta menggenggam lenganku. “Kau yakin sudah cukup kuat keluar?”Aku mengangguk. “Kalau aku diam di rumah sakit, aku hanya akan jadi tontonan. Kita harus cari tahu apa yang sebenarnya kakekku lakukan dulu. Semua ini tidak akan berhenti kalau kita tidak tahu asalnya.”Kami berhenti di sebuah warung kopi pinggir jalan. Aku butuh duduk, d
Aku membuka mata dengan susah payah, cahaya putih menyengat retina. Udara berbau obat antiseptik menusuk hidungku. Mesin di samping ranjang berbunyi ritmis, menandai detak jantungku. Untuk sesaat aku berpikir aku sudah mati dan ini adalah ruang tunggu menuju akhirat.Tapi suara seseorang memanggilku.“Rakha…”Aku menoleh pelan. Sinta duduk di kursi dekat ranjang. Wajahnya lelah, mata sembab, rambut acak-acakan. Begitu ia melihatku sadar, ia langsung berdiri, menatapku penuh lega.“Kau bangun juga,” katanya pelan. Suaranya serak, tapi penuh harapan.Aku mencoba bicara, tapi tenggorokanku kering. “Di… mana… ini?”“Rumah sakit kota,” jawabnya cepat. “Kau pingsan setelah… setelah malam itu.”Aku menutup mata, mencoba menahan ingatan. Malam itu. Bayangan besar, boneka terbakar, darahku, jeritan Wira. Aku gemetar. “Yang lain… selamat?”Wajah Sinta menegang. Ia menunduk, menatap lantai. “Beberapa. Tapi tidak semuanya.”Aku menunggu, hatiku berdegup kencang.“Wira… dia meninggal.” Suaranya pe
Kamar kakek dipenuhi aroma dupa yang menusuk, bercampur bau amis sesajen yang sudah membusuk. Cahaya rembulan masuk lewat jendela kecil, membuat bayangan altar tampak lebih menyeramkan. Di hadapanku, kepala kambing dengan mata melotot seakan masih hidup, lidahnya menjulur, darah kering menetes ke l
Aku masih berlutut di depan sumur, napasku tersengal. Udara malam menusuk tulang, tapi tubuhku dipenuhi keringat dingin. Boneka kain itu kini duduk di bibir sumur, kepalanya miring ke samping seperti anak kecil yang sedang bermain. Matanya yang terbuat dari kancing hitam menatapku tanpa berkedip, s
Aku terduduk lemas di tanah berumput basah, tubuh gemetar tanpa bisa kukendalikan. Nafasku memburu, bercampur dengan isak yang kutahan di tenggorokan. Mataku tak lepas dari sumur tua di hadapanku—airnya yang gelap sudah kembali tenang, seakan tak pernah menyeret Andi ke dalam. Namun, di permukaan,
Andi menatap sekeliling rumah dengan mata berbinar, seolah-olah sedang berkunjung ke museum tua, bukan ke sarang kutukan. Ia menepuk bahuku dengan tawa lepas.“Rak, gila. Rumah kakekmu keren banget! Kayak rumah di film-film horor. Pantes kamu kelihatan pucat, pasti tiap malam kebayang pocong, ya?”
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