LOGINCinta lama Yohan baru saja bercerai. Malam itu, Yohan melemparkan surat cerai yang ke-99 padaku. "Chika lagi patah hati, dia belum bisa bangkit dari kesedihan. Aku harus menjaganya." Anak laki-lakiku yang berumur tujuh tahun juga ikut menasihati. "Kamu cepat pergi saja, biar Tante Chika pindah ke sini. Rumah kita nggak butuh pembantu seperti kamu." Ayah dan anak itu yakin aku akan marah-marah, menangis, dan memohon supaya mereka tidak mengusirku. Tapi kenyataannya, aku hanya mengangguk pelan. Lalu diam-diam menandatangani surat cerai itu. Sepuluh tahun kemudian, anakku diwawancarai sebagai peraih nilai tertinggi ujian nasional. Wartawan bertanya padanya, "Nak, apa yang membuatmu tetap semangat belajar selama ini?" Dia terdiam sejenak, matanya memerah di depan semua orang. "Karena aku ingin bilang ke Ibu, aku sudah dewasa sekarang. Bisa nggak Ibu pulang? Jangan tinggalkan aku lagi."
View MoreEstoy tumbada en mi cama, mirando el techo de mi minúsculo apartamento, preguntándome en qué momento mi vida se volvió tan… patética.
Han pasado seis meses desde que Marcus me engañó.
Seis. Meses. Enteros.
Y aquí sigo, sola un viernes por la noche, comiendo comida china recalentada y fingiendo que estoy bien.
No estoy bien.
Mi portátil está abierto en el escritorio con un trabajo aburridísimo que debería entregar mañana, pero no puedo concentrarme. Las palabras se mezclan, se vuelven borrosas, y sinceramente… ¿a quién le importa la literatura victoriana ahora mismo? A mí no. Definitivamente, a mí no.
Mi teléfono vibra. Es Sophie, mi mejor amiga y compañera de piso, que está fuera en su tercera cita de la semana. El mensaje dice: Voy para allá. No digas que no. Ya estoy afuera.
Antes de que pueda responder, escucho la llave en la cerradura. Entra como un tornado, con su cabello rubio volando, dos cafés helados en la mano y esa expresión que significa que va a hacer algo que no me va a gustar.
—Emma Rivera, tenemos que hablar.
Me incorporo, ya molesta.
—Si esto es otro sermón sobre cómo tengo que “salir más”, te juro que…
—Es exactamente eso. —Sophie se deja caer en mi cama y me empuja un café a la mano—. Cariño, te quiero, pero te estás convirtiendo en esa chica. La que se queda en casa cada fin de semana, revé los mismos shows, come comida triste y actúa como si el amor no existiera.
—El amor no existe. Marcus lo dejó clarísimo cuando se acostó con esa estudiante de enfermería.
—Marcus era un idiota —dice Sophie sin rodeos—. Pero no todos los hombres son Marcus. No puedes dejar que un imbécil te arruine la vida.
Tomo un sorbo de café y miro hacia otro lado.
—No me está arruinando nada. Estoy enfocada en mi posgrado. Eso es saludable.
—Eso es una mentira. —Agarra mi teléfono de la mesita antes de que pueda detenerla—. ¿Cuándo fue la última vez que saliste en una cita? ¿Que hablaste con un chico? ¿Que abriste una app de citas siquiera?
—Nunca, porque esas apps son basura.
—Respuesta incorrecta. —Ya está tocando mi pantalla. Trato de arrebatárselo, pero esquiva mis manos saltando de la cama—. Estoy descargando Proximity. Es nueva, te muestra qué tan lejos están tus matches. Perfecta para ti, porque puedes hablar con chicos sin tener que conocerlos enseguida.
—Es la cosa más estúpida que he escuchado.
—No, lo estúpido es que pierdas tus veintes llorando por Marcus. —Termina lo que está haciendo y me lanza el teléfono—. Listo. De nada.
Miro la pantalla. Ahí está el icono nuevo: Proximity. El logo es un corazón con un pin de ubicación. Quiero borrarlo de inmediato.
—No voy a usar esto.
—No tienes que hacerlo. —Agarra su bolso y se encamina a la puerta—. Pero ahí está, por si cambias de opinión. Y lo harás, porque estás aburrida, sola, es viernes por la noche y ya terminaste tu triste comida china.
—Te odio.
—¡Yo también te quiero! —Y se va.
Vuelvo a mirar el icono. Un minuto entero. Es estúpido. No necesito una app. No necesito a un hombre. Estoy perfectamente bien sola.
Pero mi pulgar ya está tocándolo antes de que pueda detenerme.
La app se abre en la pantalla de creación de perfil. Debería cerrarla. En vez de eso, empiezo a llenarla. Uso mis iniciales —E.R.— porque ni loca pongo mi nombre completo. Para la foto, elijo una que Sophie me tomó hace un mes, donde apenas se ve mi cara, solo yo mirando un atardecer como si fuera arte profundo o algo así.
Bio. ¿Qué demonios escribo?
Estudiante de literatura. Adicta al café. No busco nada serio.
Suficientemente vago. Suficientemente seguro.
La app me pide preferencias. Edad: 25-35.
Distancia: deslizo hasta 800 km. Lejos. Muy lejos. No quiero coincidir con nadie del campus.
Y entonces cargan los perfiles.
La mayoría son lo que imaginas: fotos sin camiseta, tipos con peces en la mano, bios diciendo “no soy como los demás” o “busco a mi reina”. Deslizo a la izquierda sin pensarlo.
Por esto no uso apps de citas. Siempre lo mismo. Siempre decepcionante.
Estoy por cerrar la app cuando un perfil me hace detenerme.
La foto no es una foto. Es una silueta. El contorno de un hombre frente a una ventana, sin rostro visible. Misterioso. Un poquito pretencioso, pero intrigante.
Su bio me hace frenar aún más:
A.H. | 31 | “Prefiero leer un libro antes que hablar superficialidades. Si no tienes algo interesante que decir, mejor no digas nada.”
Ok. Eso sí es diferente.
Lo miro más tiempo del necesario. Tiene algo… honesto. Nada forzado.
Antes de pensarlo demasiado, deslizo a la derecha.
¡Es un match!
Mi corazón da un tonto saltito. Me siento ridícula. Es solo una app. No significa nada.
Hasta que aparece un mensaje.
A.H.: ¿Qué estás leyendo ahora mismo?
No “hola”.
No “qué haces”.
No una línea asquerosa.
Solo una pregunta simple, que demuestra que leyó mi perfil.
Muerdo mi labio y escribo.
Yo: Ahora mismo, un artículo académico horrible sobre interpretaciones feministas de la literatura victoriana. ¿Y tú?
Responde enseguida.
A.H.: Terminé de releer El retrato de Dorian Gray. A veces los clásicos mejoran la segunda vez.
Yo: ¿Fan de Oscar Wilde?
A.H.: Culpable. ¿Y tú?
Yo: Aprecio su obra, pero soy más de las hermanas Brontë. Prefiero Cumbres Borrascosas a Dorian Gray.
A.H.: Elección interesante. Te gusta el romance oscuro y un poco destructivo, entonces.
¿Eso fue… coqueteo?
Yo: Me gusta el romance honesto. Heathcliff y Catherine eran un desastre, pero al menos eran sinceros.
A.H.: Buen punto. Así que eres una estudiante de literatura que valora la honestidad. Anotado.
Yo: “¿Anotado?” ¿Estás tomando notas o qué?
A.H.: Tal vez. ¿Es raro?
Yo: Un poco. Pero te lo permito.
Seguimos hablando. Y hablando. Cuando miro el reloj, ya casi es medianoche. Llevamos más de una hora chateando.
Le cuento sobre mis clases, mi tesis que me está matando, y sobre mi asesor: ese profesor arrogante que me desespera.
A.H.: Cuéntame de él. ¿Qué lo hace tan arrogante?
Yo: Por dónde empiezo… El profesor Cross es brillante, lo admito. Pero también es imposible. Critica todo lo que hago, cuestiona cada fuente, actúa como si nada fuera suficiente. Y tiene una forma de mirarte… como si pudiera ver a través de cualquier mentira.
A.H.: Quizá solo ve tu potencial y quiere que lo alcances.
Yo: Esa es una interpretación demasiado amable.
A.H.: O quizá es un imbécil. Difícil saberlo sin conocerlo.
Yo: Definitivamente un imbécil. Un imbécil muy atractivo, lo cual lo hace peor.
Me quedo en shock en cuanto lo envío.
¿En serio le dije a un desconocido que mi profesor está bueno?
A.H.: ¿Y te atrae?
Yo: No. Digo, es objetivamente atractivo. Cualquiera con ojos puede verlo. Pero no lo soporto.
A.H.: A veces hay una línea fina entre odio y atracción.
Yo: En este caso no. Te lo aseguro.
A.H.: Si tú lo dices.
Puedo sentir la diversión en su texto. Y sonrío.
Seguimos hablando. Me cuenta que él también trabaja en el mundo académico, lo que explica por qué entiende mis quejas. Es vago con los detalles, y agradezco eso; yo también lo soy. Esto no es vida real. Solo es conexión. Algo que no siento desde hace meses.
Cerca de la una, le digo que necesito dormir.
A.H.: Fue agradable. ¿Hablamos mañana?
Yo: Tal vez. Si sigues siendo interesante.
A.H.: Reto aceptado.
Dejo el teléfono y vuelvo a mirar el techo. Pero esta vez, estoy sonriendo.
No sé quién es A.H. No sé cómo se ve, ni dónde vive, ni nada real sobre él.
Pero por primera vez en seis meses… siento algo que no es dolor o rabia.
Siento… esperanza.
Un poquito.
Me duermo con el teléfono debajo de la almohada, y en la mañana, lo primero que veo es un mensaje nuevo.
A.H.: Buenos días. El café y la literatura victoriana te esperan. Intenta no dejar que ese
profesor te saque de quicio hoy.
Estoy sonriendo como idiota cuando Sophie pasa por mi puerta.
—¡Te dije que usarías la app! —grita.
Ni siquiera tengo fuerzas para discutir.
Aku menunduk dan mengeluarkan beberapa lembar dokumen fotokopi dari dalam tas, lalu menyerahkannya padanya."Surat cerai ini pasti sudah kamu lihat. Rumah yang dulu kamu kasih juga, aku kembalikan sekarang."Gerakan Yohan terhenti, dia menatapku dengan tidak percaya."Sania, maksud kamu apa?""Aku sudah bilang, foto itu bukan...""Bukan apa?"Aku memotong ucapannya, wajahku datar tanpa ekspresi."Bukan kamu dan Leon diam-diam foto sama Chika di belakangku?""Dan bubur seafood itu, bukan kamu yang maksa aku buat habisin?""Yohan, kamu tahu nggak, waktu itu aku hampir nggak bisa diselamatin?"Bibir Yohan bergetar, suaranya serak."Aku nggak tahu alergimu separah itu."Aku tertawa getir, tapi perih di dada terasa makin dalam."Terus setelah antar aku ke rumah sakit, kamu ke mana?""Aku..."Aku menoleh ke jendela, menatap orang-orang yang lalu-lalang di luar. Suaraku tenang tanpa emosi."Kamu pergi nemuin Chika, ninggalin aku yang baru saja selamat dari maut.""Aku nggak bawa dompet, nggak
"Tante beda, Tante bisa...""Bisa apa kamu?"Yohan turun dari lantai atas, tatapannya tajam dan dingin."Jawab. Kamu bisa apa?"Leon langsung berlari ke arah ayahnya dan bersembunyi di belakang tubuhnya.Otak Chika sempat kosong, lalu buru-buru menampilkan senyum manis di wajahnya."Yohan, aku cuma bercanda sama Leon kok. Kamu kenapa tiba-tiba muncul?"Wajah Yohan tetap dingin, matanya dipenuhi tatapan penuh selidik."Tapi, aku dengar kamu bilang ke Leon kalau kamu mau jadi ibu barunya."Ekspresi Chika menegang, lalu dia mencoba meraih lengan Yohan."Yohan, kamu kenapa sih?""Kamu tahu sendiri aku itu..."Yohan menepis tangannya dengan kasar, menahan amarah yang mulai memuncak."Selain itu kamu ngajarin Leon apa lagi? Ayo jawab!"Tubuh Chika bergetar."Nggak... nggak ada lagi..."Yohan menunduk, menatap anaknya dengan serius."Leon, kamu yang cerita."Walau masih kecil, Leon tahu suasananya sudah tidak benar.Dia mencengkeram celana ayahnya erat-erat dan berkata dengan cemas, "Tante Ch
"Dia itu cuma vampir yang bisanya nempel di Ayah buat nyedot uang."Mobil tiba-tiba berhenti mendadak. Wajah Yohan menggelap saat menatap anaknya yang masih bicara tanpa henti.Siapa yang akan menyangka, anak tujuh tahun bisa mengucapkan kata-kata sekasar itu.Leon terdiam ketakutan.Yohan menarik napas panjang dan bertanya, "Siapa yang ajari kamu ngomong kayak gitu?"Dia masih ingat, dulu Leon adalah anak yang manis dan pengertian.Sekarang, bagaimana bisa berubah sejauh ini?Dia juga masih ingat, dulu Leon selalu memanggil istrinya dengan manja. Di mana pun selalu memanggil ibu dengan suara lembut.Entah sejak kapan, Leon mulai berubah jadi anak yang keras kepala.Bukan hanya sering merengek ingin punya ibu baru, juga terang-terangan menunjukkan kebenciannya ke ibunya.Dulu Yohan pikir Leon cuma bosan melihat ibunya yang sering bikin ribut seenaknya, lalu kesannya jadi buruk.Tapi, sekarang dia baru sadar. Dulu istrinya adalah orang paling lembut dan penuh kasih yang pernah dia kenal
Yohan mengernyit, lalu bertanya dengan heran, "Bukannya di SD ada makan siang, ya?"Guru itu menjelaskan dengan hati-hati, "Begini, Leon dulu kondisinya agak lemah. Banyak makanan yang nggak bisa dia makan.""Waktu pendaftaran, ibu Leon sudah berdiskusi dengan kami. Jadi, Leon bawa bekal sendiri setiap hari.""Selama ini memang begitu, tapi hari ini..."Yohan mengangguk. Dia menatap rapat yang terhenti sementara, lalu tanpa berpikir panjang berkata, "Kalau begitu, telepon saja ibu Leon. Aku sedang sibuk sekarang."Guru itu terdiam sebentar, lalu akhirnya bicara pelan, "Kami sudah menelepon, tapi ibu Leon bilang kalian sudah bercerai. Urusan Leon sekarang sepenuhnya jadi tanggung jawab Bapak."Yohan terdiam sejenak, lalu bertanya dengan nada tidak percaya, "Dia benar-benar bilang begitu?"Sebelum guru itu sempat menjawab, Leon sudah menangis sambil berteriak, "Ayah, ibu nggak mau sama aku lagi! Ibu beneran nggak peduli sama aku lagi!"Yohan memejamkan mata. Baru kali ini dia benar-benar






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