LOGINTHE OTHER SANDER Er stand nicht im Vertrag Ein rücksichtsloser Milliarden-Deal. Eine perfekte Fassade. Und der eine Mann, der alles in Schutt und Asche legen wird. Tessa weiß genau, was von ihr erwartet wird. Die Fusion zwischen dem Medienimperium ihrer Familie und der Sander-Dynastie steht kurz bevor. Ihre gesamte Zukunft ist bereits durchgeplant und vertraglich besiegelt – an der Seite von Caleb Sander. Er ist eiskalt, perfekt kontrolliert und verlangt absolute Disziplin für die Kameras der Wirtschaftspresse. Keine Fehler. Keine Schwachstellen. Tessa muss einfach nur funktionieren, um den Schein der stabilen Partnerschaft zu wahren. Doch der Deal hat eine Lücke, die in keinem Vertrag vorgesehen war: Asher Sander. Calebs unberechenbarer Bruder hält sich an keine Regeln. Er trägt Streetwear statt Maßanzüge, meidet das Rampenlicht und sucht gezielt die Konfrontation, die Caleb um jeden Preis verhindern will. Jede Begegnung auf dem Elite-Campus, jede unerwartete Berührung im Archiv der Academy wird für Tessa zu einem gefährlichen Machtspiel, bei dem ihre mühsam aufgebaute Kontrolle Risse bekommt. Während der Termin für die Fusion unaufhaltsam näher rückt, wird Asher zur ultimativen Bedrohung. Er will nicht nur das Imperium seines Bruders ins Wanken bringen – er will Tessa. Und das Gefährlichste an diesem Spiel ist, dass Tessas Körper längst aufgehört hat, auf Calebs Pläne zu hören, und sich bei jeder Annäherung unaufhaltsam nach Ashers Nähe sehnt. Intensiv, direkt und voller dunkler Anziehungskraft – der Auftakt der packenden Enemies-to-Lovers-Reihe in der Welt der rücksichtslosen Elite.
View More#Nota:
Querido lector o lectora, me complace mucho que te animes a leer mi libro, espero que sea de tu agrado y puedas disfrutarlo. Para que puedas entender la trama, te recomiendo que leas mis libros en el siguiente orden: 1: “Ni contigo, ni sin ti”, 2: “Cuando la perdí” 3: “Hojas azules” De esta manera seguirás la línea del tiempo en que se desarrolla la historia, y entenderás la aparición de ciertos personajes, y el por qué de muchas cosas que ocurrirán en esta historia. Por otra parte, te recuerdo que lo que aquí está escrito es producto de mi imaginación, es por eso que algunas cosas no van a concordar con la realidad. Nuevamente gracias y un fuerte abrazo. *** Estoy en la biblioteca, intento concentrarme porque estoy estudiando para el examen de ingreso al posgrado de Gerencia estratégica de costos, en la universidad de Harvard, pues mi padre no deja de insistir en que siga estudiando, para que en un futuro cuando él, deje la política, me haga cargo de sus empresas, sin embargo, esto de tener una doble titulación, no es nada fácil, ya que debo admitir que mis últimos semestres de ciencias políticas no están siendo nada agradables, pues a pesar de que no es presencial, lo que es muy bueno, porque soy yo quien distribuyo mi tiempo, la carga académica es bastante pesada. Mi compañera Rita, quien se graduó conmigo de administración de empresas, me acompaña, pues ella, al igual que yo, desea postularse al posgrado, sin embargo, aunque su cuerpo está sentado frente a mí, su mente está en otra parte. —Ava, ¿sabías que hoy inauguran un nuevo club nocturno en Manhattan? —Me dice sin dejar de ver su teléfono. —¿Y? —Pregunto sin emoción alguna, sin despegar la vista del libro que estoy leyendo. —Como que, ¿y?, pues deberíamos ir… —No lo creo, aún tengo mucho que estudiar, y tú también, viendo tu teléfono, no aprobarás el examen de ingreso. —¡Bah!, qué aburrida eres… —Si, lo soy. Ahora has silencio, quiero terminar de estudiar. —Digo, aún centrada en mi libro, esperando que se calle de una buena vez, para evitar que nos regañen en la biblioteca por hablar, y poder terminar de leer un par de capítulos más, para ir a visitar a Chloe. —¿Sabes que creo? —Me dice, pero esta vez ni siquiera le contesto, para no tener que seguir con la conversación, pero eso no la detiene. —¿Creo que deberías conseguirte un novio? —¿Qué? —Pregunto asombrada, fijándome por primera vez en ella. —Es en serio. Quizás así aprendes a divertirte. —¡Estás loca! —Le digo, y me vuelvo a centrar en mi libro. —¿Loca?, ¿por qué?, ¿qué tiene de malo, tener a alguien con quien salir, que te escuche, y que de vez en cuando te dé unos buenos besos, y quizás, algo más…? —Rita, no tiene nada de malo, pero por ahora no me interesa, tengo que ocuparme del posgrado, terminar mi otra carrera, e ir a muchas entrevistas para conseguir un empleo. —¿Por qué harías eso?, tú solo habla con tu papá o con tu hermano, y podrás tener acceso al mejor empleo del mundo. —No, quiero hacer esto por mi misma, que sean mis logros. —¡Bah!, ¡aburridaaa! —Dice y cierro el libro en mis manos, pues ya me está irritando. —Creo que ya debo irme, quedé en visitar a mi cuñada el día de hoy. —Me levanto y empiezo a recoger mis cosas. —Ava, ¡lo siento! —Dice Rita y me toma de la mano, parece realmente apenada. —Es que eres tan joven, pero te comportas como si fueras una anciana. Tal vez no necesites un novio, pero quizás si deberías conocer gente, interactuar con más personas, eres demasiado solitaria. Lo que me dice, me llega, por que era lo mismo que yo le decía antes a mi hermano. Suspiro. —¡Está bien!, tienes un punto. ¿Qué propones? —Bueno, mira, hay alguien que creo, te haría bien conocer, es mi primo, Jim… —¿Jim? —Sí, es un chico muy agradable, tiene 25 años y trabaja en un hospital, y es igual de ñoño que tú, pero también sabe cómo divertirse. Creo que ustedes podrían ser la pareja perfecta. —La miro con desaprobación —Pensé que ya habías dejado de lado el tema del novio… —No deberías descartarlo, por lo menos no hasta que conozcas a Jim, del cual, por cierto, se me olvidó mencionar que es muy guapo. —Niego con mi cabeza, mostrando desaprobación. —Deberías saber que importa más los sentimientos y el tipo de persona que pueda ser, al físico. —Pues en eso tú y yo diferimos. Eso sería como comprar una bolsa de snacks, pueden ser los más ricos y deliciosos, pero si el empaque es feo y poco llamativo, jamás lo compraría, la primera impresión siempre es la que vale, y un tipo feo, no encaja en mi mundo para saber si tiene o no lindos sentimientos. —Termina de hablar y se centra en su teléfono, mientras teclea sin parar. —¡Waooo!, ¿acabas de comparar los sentimientos de un ser humano con una bolsa de snacks? —Sigue escribiendo, y no me presta atención. —Si, definitivamente, estás loca —Digo, y sigo recogiendo mis cosas. —¡Listo!, —Dice, pero no le presto atención. —¿Vas a ir así? —Me pregunta y hace que yo misma observe mi ropa. —¡Shhhh! —Dice alguno de los presentes, por lo que bajamos la voz. —¿De qué hablas?, a Chloe no le molesta mi forma de vestir. —¿Chloe?, ¿quién está hablando de Chloe?, me refiero a la cita que tienes con mi primo. —¿Disculpa? —Abro los ojos de par en par al decir esto. —Como lo oyes, acabo de escribirle a mi primo y gustoso, aceptó salir contigo, quiere conocerte, (empieza a recoger sus cosas) así que en más o menos en unas 4 horas tendrás una cita a ciegas, donde la idea es que se conozcan mientras almuerzan juntos. —Empieza a caminar para salir de la biblioteca y yo la sigo. —¿De qué hablas?, ni siquiera me preguntaste si quería salir con él. —Detiene su andar, una vez llega al aparcamiento dónde esta su auto, y se gira para verme. —Ava, ¿quisieras tener una cita a ciegas con Jim? —¡Claro que no! —¡Ves!, por eso no te lo pregunté. Ahora, si llegas a dejar a mi guapo y dulce primo, salvador de los animales, y rescatista de los mendigos, plantado, te juro Ava Roberts que no te vuelvo a hablar. —Se monta en su auto, y aunque intento refutar lo que me dice, no me deja. —En la cafetería Frisson Espresso cerca al Lincoln Center, por favor no llegues tarde. (Enciende el auto), es su día libre, y está dejando de salvar el mundo por ti. —Arranca y se va dejándome con la palabra en la boca y confundidísima con respecto a todo lo que dijo del tal Jim. —¿Salvar al mundo? En un principio quise hacerme la desinteresada, así que decidí que no iría a la dichosa cita, pero la culpa de dejar a alguien esperando pesaba sobre mi cabeza, por lo que ya había enviado varios mensajes a Chloe para avisarle que hoy no iría a visitarla, me había ido a mi casa a cambiarme de ropa y arreglarme, para que por lo menos el chico, no pensara que su cita a ciegas era una chica sin gracia o estilo y en este momento, estaba en la parte trasera de un taxi, desesperada por el tráfico de New York, intentando llegar a tiempo a mi cita a ciegas no consensuada. —Señor, ¿podría por favor ir un poco más rápido?, quizás sepa algún atajo… —Le digo al taxista, al notar que no avanzamos hace un largo rato y mi reloj ya marca el medio día. —Lo siento, señorita, pero estamos atascados en un embotellamiento. Solo queda esperar. —Suspiro derrotada, y llamo a Rita para que me dé el número de su primo y poder disculparme con él. Lo llamo, y no contesta, así que decido enviarle un mensaje explicándole la situación, del cual no obtengo respuesta. Durante una media hora más, el taxista no logra avanzar, de pronto recibo una llamada de Rosa. —Hola Rosa, ¿pasó algo?, ¿acaso el bebé ya va a nacer? —Es lo primero que se viene a mi cabeza, porque Chloe está en la recta final de su embarazo. —N-no, señorita. —Dice Rosa llorando a través del teléfono. —Rosa, cálmate, ¿qué pasa?, ¿por qué lloras? —E-es que, la señora… la señora… —Rosa, por favor, habla con claridad, no te entiendo nada… —La señora Chloe, sufrió un accidente y está muy grave… —¿Qué?, Chloe… —Inmediatamente escucho que Chloe está muy mal, sentí un fuerte estruendo en mi pecho, como si mi corazón golpeara fuertemente contra el. —Si, y el señor no aparece, por eso la estoy llamando, yo no sé qué hacer. —Dame la dirección, ya mismo voy para allá. Apenas cuelgo, le digo al taxista que cambie de rumbo, y apenas llega a una redonda, toma una salida que se encuentra más despejada, no sé cuánto tiempo pasó, pero por momentos sentía que mi respiración era demasiado agitada y otras veces demasiado lenta. De repente, la vibración de mi teléfono me devuelve a la realidad. Es mi hermano, y apenas veo su nombre en la pantalla, mis manos empiezan a temblar. Había olvidado llamarlo, y él no sabe nada, según lo que me dijo Rosa, ¿cómo le diré?. Contesto. —Aló, hermana, ¿dónde estás?, Chloe sufrió un accidente, por favor ve a la clínica del Norte, ella y el bebé... ella...—Suena desesperado, asustado, temeroso, de pronto deja de hablar y las palabras son reemplazadas por un silencio y luego por el llanto. Escucharlo así, rompe mi débil corazón, pero debo intentar ser fuerte. —Tranquilo, Rosa me llamó al ver que tú no contestabas, ya estoy llegando. Tranquilo, todo estará bien. —Tiene que estarlo Ava, tiene que... si no me moriré... te juro que si le pasa algo a Chloe o a nuestro bebé no podré soportarlo... —Empieza a llorar nuevamente, esta vez con desconsuelo, se me hace un nudo en la garganta y me llenan de miedo sus palabras. —No, no lo digas, por favor, hermano, ¡cálmate!, confía en Dios, y en que todo saldrá bien. Pero tienes que calmarte, de nada le sirves a Chloe si te pones así. — El me dice que está bien, y después de unos cuántos segundos cuelgo. Apenas lo hago, mis lágrimas empiezan a brotar, mi corazón empieza a latir con más fuerza, y siento que me empiezo a hiperventilar. El taxista se detiene de la nada, y me mira por el espejo retrovisor. —Llegamos señorita. —Dice estas palabras y un escalofrío recorrió toda mi columna, haciéndome sentir miedo, un miedo que jamás había sentido. Como puedo pago, y me bajo del taxi, sintiendo que los pies me pesaban. Al entrar a la clínica, me apresuro a averiguar por Chloe, quien está en este momento en cirugía. A las afueras de la sala, está Rosa, muy nerviosa. Me acerco a ella, y justo cuando iba a preguntarle si sabía algo de Chloe, se abren las puertas y sale uno de los médicos, con su bata quirúrgica llena de sangre. —¿Familiares de la señora Chloe Roberts? —Pregunta con la cabeza gacha, y al ver su expresión de descontento y su postura cabizbaja, me di cuenta de que no, nos daría buenas noticias. —Yo soy su cuñada, y ella su ama de llaves. —¿Aún no han localizado al esposo? —Pregunta con desagrado. —Ya viene para acá, pero puede decirnos lo que sea Doctor. —Está bien, lo lamento. —Dice y masajea su cien, parece enojado consigo mismo. —¿Disculpe? —Preguntó bastante nerviosa, sin siquiera poder distínguir su rostro, que en ningún momento levanto para vernos. —Lo siento mucho, créame que hicimos todo lo posible porque sobreviviera. Pero lastimosamente, por su propia decisión, solo la bebé está bien. —Mis ojos se llenan de lágrimas, el médico por fin levanta el rostro, y yo aún no puedo distinguirlo, pues todo se ve borroso a través de mis ojos que no dejan de llorar. —En un momento debemos trasladar el cuerpo a la morgue, ojalá su esposo llegue antes para que no tenga que verla cuando ya esté en ese frío lugar —Dice y regresa a la sala, dejándonos conmocionadas por la noticia que aún no terminaba de creer, hasta que vi a mi hermano llegar, y ver cómo abrazaba y besaba el frío cuerpo de Chloe que transportaban en la camilla donde acababa de dar a luz a su pequeña bebe, entonces sentí como los latidos de mi corazón golpeaban fuertemente mi cuerpo, cada vez más rápido, haciendo que mi brazo izquierdo sintiera un cosquilleo, mis ojos vieran con dificultad, y el aire me empezara a faltar, con la sensación de que en cualquier momento podría colapsar, pero eso no era una opción, mi hermano y mi sobrina me necesitaban, así que mi corazón debía ser fuerte una vez más, o por lo menos haría todo lo que humanamente podía hacer para que así fuera. ¡Resistir!Das Quietschen meiner Reifen auf dem Asphalt des Parkhauses schnitt durch die Leere des Betongebäudes. Ich trat das Gaspedal bis zum Boden durch. Der Wagen brach in einer scharfen Kurve aus, das Heck schlug gegen die Betonwand, dann schoss ich auf die Hauptstraße. Meine Mutter saß neben mir, ihre Finger hatten sich so tief in das Leder des Sitzes gegraben, dass ihre Knöchel weiß hervortraten. Sie sagte kein Wort. Sie starrte nach vorn, auf die vorbeiziehenden Lichter der Stadt, die in meinem Rückspiegel zu einer verschwommenen Linie wurden. Mein Atem ging stoßweise. Das Adrenalin hämmerte gegen meine Schläfen, ein heißer, pochender Rhythmus. Jede Bewegung meiner Hand am Lenkrad fühlte sich direkt an. Ich sah nicht zurück. Ich achtete nicht auf die Limousinen, die Caleb vermutlich bereits losgeschickt hatte. Ich achtete nur auf die Straße, die vor mir lag – ein schwarzer Streifen in die Freiheit. Nach einer Stunde, als die Skyline der Stadt nur noch ein schwacher Lichtschimmer am Hor
Der Morgen kam nicht mit dem ersten Licht des Tages, sondern mit einem harten, metallischen Summen meines Weckers. Neun Uhr. Die Zeit der Entscheidung. Ich lag noch immer in dem Bademantel, den ich die ganze Nacht nicht ausgezogen hatte. Der Stoff fühlte sich mittlerweile fremd an, wie eine zweite Haut, die ich endlich ablegen musste. Ich stand auf, meine Bewegungen waren präzise und fast mechanisch. In der Dusche ließ ich das Wasser so heiß auf meine Haut prasseln, dass sie sich fast rot färbte. Ich wollte den Geruch von Caleb, von der Gala, von der Lüge abwaschen. Ich schrubbte über die Stelle an meinem Schlüsselbein, bis die Haut spannte, aber der Abdruck von Ashers Fingern blieb, als hätte er sich in meine DNA gebrannt. Nach der Dusche öffnete ich den Schrank. Ich wählte keine teure Kleidung, keine Designer-Stücke, die Caleb bei unseren gemeinsamen Events immer so penibel ausgesucht hatte. Ich zog eine einfache, schwarze Hose und einen schlichten, dunkelgrauen Pullover an. Ich s
Die Stille nach dem Zuschlagen der Tür war massiv. Sie legte sich wie eine physische Last auf den Raum, schwerer als die gesamte Einrichtung meines Apartments. Ich saß noch immer in dem Sessel, in den Caleb mich gezwungen hatte, den Bademantel fest um den Körper geschlungen. Die Stelle an meinem Schlüsselbein, wo sein Daumen eben noch auf den Abdruck gedrückt hatte, brannte nach wie vor. Es war ein stumpfer, pochender Schmerz, der den Takt meines nun unregelmäßigen Herzschlags vorgab. Ich starrte auf die Stelle, an der Caleb gestanden hatte. Er war nicht einfach nur gegangen; er hatte einen Raum hinterlassen, der leerer war als zuvor. Er war kein Mann, der aus Emotionen heraus handelte – er war ein Kalkulationsmodell. Dass er den Abdruck gesehen hatte, bedeutete nicht, dass er nun eine moralische Krise durchlief. Es bedeutete, dass er eine Variable in seinem Plan identifiziert hatte, die korrigiert werden musste. Asher war für ihn keine familiäre Angelegenheit, sondern ein Störfaktor
Die Limousine hielt in der Einfahrt meiner Apartmentanlage. Caleb stieg aus, ohne ein weiteres Wort zu sagen, und ließ mich allein im Fond zurück. Der Fahrer öffnete meine Tür, und ich trat auf den Gehweg. Die Luft war kühl und klar, weit weg von der Stickigkeit des Galasaals. Ich nahm den Fahrstuhl in den fünfundzwanzigsten Stock. Als ich die Tür zu meinem Apartment aufschloss, war die Wohnung dunkel. Ich schaltete kein Licht ein. Ich ließ meine Handtasche auf den Boden fallen und trat aus den hohen Schuhen. Der Boden fühlte sich hart und kalt an meinen nackten Fußsohlen an. Ich ging ins Badezimmer und schaltete das Deckenlicht ein. Das helle, scharfe Licht reflektierte an den glatten Oberflächen. Ich trat vor den Spiegel. Mein Make-up war perfekt, die Lippen korrekt nachgezogen, meine Haare saßen noch immer fest in der Hochsteckfrisur. Ich sah aus wie die Frau, die Caleb wollte. Ich zog den Stehkragen meines Kleides nach unten. Die Haut darunter war gezeichnet. Die Rötung war dun
Caleb machte einen Schritt auf Asher zu. Seine Schultern waren extrem angespannt, die Hände hingen locker an seinen Seiten. Er fixierte seinen Bruder mit einem starren Blick.„Was tust du hier, Asher?“, fragte Caleb. Seine Stimme war leise, aber das flache Atmen verriet seine Wut. „Das ist kein Ort
Am nächsten Nachmittag um Punkt fünfzehn Uhr klingelte es an der Tür meines Apartments. Als ich öffnete, standen zwei Stylistinnen im Flur. Sie schoben drei Kleiderständer vor sich her, auf denen Kleidung in dichten Schutzhüllen hing. Hinter ihnen ging meine Mutter, die ein Tablet in der Hand hiel
Meine Finger zitterten, als ich nach dem Smartphone griff. Der Name von Calebs Vater leuchtete immer noch in kurzen Abständen auf dem Display auf. Ich drückte den grünen Hörer nach oben, strich mir eine Locke aus dem Gesicht und presste das Glas gegen mein Ohr. Ich blockierte meinen Atem für einen
Ich stieß die schweren Flügeltüren des Hörsaals auf und trat in den überfüllten Korridor, wo das laute Stimmengewirr der anderen Studenten sofort an meine Ohren drang. Caleb stand bereits am Geländer der großen Treppe. Er beendete gerade ein Telefonat und steckte das Gerät in die Tasche seiner Klei

















