Compartir

Vendida al Demonio Romanov
Vendida al Demonio Romanov
Belladonna

Capítulo 1

last update Fecha de publicación: 14.09.2026 21:20:44

POV Nikolaj

El humo denso del cigarro flotaba en el aire de la oficina, extendiéndose bajo el techo mientras la penumbra envolvía cada rincón de la habitación. No necesitaba encender las luces; llevaba demasiado tiempo acostumbrado a trabajar en la oscuridad como para sentirme incómodo dentro de ella.

Cada trazo de tinta que cubría mi cuello y mis brazos parecía pesar más aquella noche, aunque no por su significado, sino porque me recordaba quién era y, sobre todo, lo que ocurría cuando alguien cometía el error de desafiarme.

La puerta se abrió sin previo aviso.

Dmitri entró a pasos apresurados y cerró detrás de sí. Su respiración agitada y el gesto tenso de su rostro me dijeron que algo había salido mal incluso antes de que pronunciara una palabra.

—Nikolaj... —comenzó, deteniéndose frente a mi escritorio mientras intentaba recuperar el aliento—. La operación en el puerto colapsó. Perdimos el cargamento completo. Son cinco millones de dólares que desaparecieron en menos de veinte minutos.

No respondí de inmediato.

Apagué lentamente el cigarro contra el cenicero de cristal y dejé que el silencio se instalara entre nosotros. Cinco millones no eran suficientes para poner en peligro el imperio de los Romanov, pero tampoco era una suma que estuviera dispuesto a regalar.

Levanté la mirada hacia Dmitri.

—¿Quién fue?

Mi voz salió baja, casi tranquila.

Él tragó saliva antes de responder.

—Los DiMarco. Nos interceptaron en la dársena sur. El viejo DiMarco dio la orden directamente. Sabía exactamente qué cargamento era y dónde interceptarlo.

Sentí un pequeño chasquido en la mandíbula.

Aquello ya no tenía que ver con dinero.

Los DiMarco acababan de tocar una de mis operaciones, desafiar mi autoridad y, peor aún, demostrar que creían tener el poder suficiente para hacerlo sin consecuencias.

Me puse de pie despacio y apoyé ambas manos sobre la madera del escritorio. 

Las puertas dobles de la oficina se abrieron de golpe con un estruendo metálico. Dmitri y dos de mis hombres entraron arrastrando un cuerpo ensangrentado y maltrecho. Lo arrojaron sin contemplaciones en el centro del suelo de concreto, dejándolo caer a mis pies como un saco de basura.

El viejo DiMarco gimió, escupiendo sangre sobre mis botas limpias. Estaba golpeado casi hasta quedar irreconocible, con el rostro hinchado y la respiración rota por el castigo que mis muchachos le habían propinado en el camino.

Me acomodé las mangas de la camisa, revelando la tinta que cubría mis antebrazos, y me incliné hacia él, observándolo desde las alturas.

—Maldita rata... —siseé, clavando la punta de mi bota contra su costado para obligarlo a mirarme—. Me vas a pagar cada maldito centavo de lo que me debes.

—Perdón, señor... —balbuceó DiMarco con voz entrecortada, levantando las manos temblorosas en un gesto inútil de suplicio—. No... no fue mi intención. Se lo juro por Dios. Amenazaron a mi familia, me obligaron a dar la orden...

Dejé escapar una risa helada y carente de cualquier atisbo de humanidad.

—Mira qué triste historia... casi hace que me interese —espeté con sarcasmo mortífero—. Déjate de estupideces y dime cómo m****a me vas a pagar mi dinero.

—Trabajaré, señor... trabaré para usted. Haré lo que quiera, se lo juro, pero no me mate —suplicó, arrastrándose un par de centímetros por el suelo.

—¿Trabajar? —me mofé, dando un paso al frente para acortar la distancia—. Aun trabajando por el resto de tu asquerosa vida no te alcanzará para pagarme cinco millones de dólares.

Saqué la pistola pesada de mi funda sobada y la cargué con un chasquido seco. Me agaché despacio, clavando el cañón de metal frío directamente en su frente golpeada. El temblor de DiMarco se volvió incontrolable al sentir el acero contra su piel.

—Dime una sola razón... una sola m****a por la que no debería volarte la cabeza aquí mismo.

—¡No! ¡Espere! —chilló DiMarco, ahogándose con su propia sangre mientras el acero del cañón le hundía la carne de la frente—. ¡Pídame lo que quiera! Lo que sea, señor Romanov, pero no me mate...

Mantuve el dedo firme sobre el gatillo, sintiendo el pulso acelerado y patético que retumbaba en su cráneo. La lástima no era un concepto que figurara en mi vocabulario.

—No tienes nada que me interese, viejo imbécil —respondí con una frialdad absoluta, dispuesto a presionar el gatillo y terminar con la molestia.

—¡Tengo una hija! —gritó de golpe, llevado por la desesperación más rastrera y cobarde—. ¡Tengo una hija! Es... es hermosa, señor. Es virgen, jamás la ha tocado nadie... Se la entrego, tómela, pero déjeme vivir.

Me quedé inmóvil un segundo. La repugnancia me recorrió la espina dorsal, no por la propuesta en sí —en nuestro mundo la gente vendía hasta a su propia madre para salvar la piel—, sino por la mezquindad de la rata que tenía chillando a mis pies.

Apreté el cañón contra su piel con más fuerza, haciéndolo gemir de dolor.

—¿Y crees que el coño virgen de tu hija vale cinco millones de dólares? —solté una carcajada seca, carente de cualquier pizca de gracia—. Estás delirando, DiMarco. Una niña mimada no salda una deuda de ese tamaño.

Una sonrisa lenta apareció en mis labios.

No porque encontrara divertida su propuesta, sino porque acababa de confirmar hasta dónde era capaz de llegar aquel hombre para salvar su propia vida.

—¿Me estás diciendo que estás dispuesto a vender a tu propia hija para que yo no te mate?

—Si... si con eso voy a vivir... —balbuceó, vendiendo a su propia sangre sin dudar un segundo—, puede llevársela. Llévesela, pero no me mate. Por favor.

La pequeña pizca de diversión que había en mi rostro desapareció.

Sentí náuseas.

No por la oferta.

Por él.

Un hombre que podía entregar a su propia hija sin siquiera pensarlo no merecía llamarse padre.

—Eres una basura —sentencié, con la voz plana—. Y lo más patético es que ni siquiera tienes la dignidad de sentir vergüenza por lo que acabas de hacer.

DiMarco volvió a suplicar, pero ya no tenía interés en escucharlo.

Saqué el arma y apunté directamente.

—Podría aceptar tu oferta y dejarte vivir —murmuré—, pero ahora me resulta mucho más desagradable compartir el mismo aire contigo.

Apreté el gatillo.

El disparo retumbó en las cuatro paredes de la oficina y el cuerpo de DiMarco cayó sobre el concreto.

Me quedé observándolo unos segundos antes de guardar el arma.

Después giré hacia Dmitri, que permanecía junto a la puerta.

—Limpien esta porquería y vayan por Alinna DiMarco.

Dmitri asintió, pero antes de marcharse se detuvo.

—¿La quiere aquí, señor?

Lo miré fijamente.

La pregunta hizo que la imagen que DiMarco había dejado en mi cabeza regresara de inmediato.

Alinna.

No sabía absolutamente nada de ella, salvo que su propio padre acababa de ponerle precio a su vida.

—Tráiganla a mi casa —ordené—. Y asegúrense de que nadie la lastime en el camino. Quiero conocer personalmente a la mujer por la que su padre estuvo dispuesto a vender su propia alma.

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • Vendida al Demonio Romanov   Capitulo. 9

    AlinnaTragué saliva y dejé que un rubor encendido me cubriera la cara por completo antes de asentir en silencio.¿Por qué mierda no hace efecto esa porquería?, pensé con desesperación, sintiendo cómo el sudor frío me recorría la espalda mientras los segundos pasaban sin que diera muestras de somnolencia.—Yo... ¿puedo tocarlo?—Puedes tocarlo —respondió con la voz cada vez más densa, dando un paso hacia mí—. También besarlo, depende de qué tanto quieras excitarme.—No sé si algo como eso podría... —murmuré, dejando la frase en el aire con timidez y bajando la mirada.—¿Podría qué? —preguntó, inclinándose hacia mí con una sonrisa autosuficiente en los labios.—Entrar en mí... —susurré, apretando los muslos mientras el corazón me latía desbocado en el pecho.Si voy a tener que coger con alguien, pensé con frialdad mientras observaba su torso marcado y la fuerza contenida en sus brazos, que sea con este hijo de puta. Por lo menos es atractivo.Nikolaj ladeó la cabeza, observándome con u

  • Vendida al Demonio Romanov   Capitulo. 8

    POV: AlinnaEstaba en la esquina de la cocina, hecha un ovillo tras la isla de acero, con las manos temblándome sin control. Las lágrimas me nublaban la vista y el nudo en la garganta apenas me dejaba respirar.Maldito seas, Nikolaj.Era una ingenua si creía sus palabras sobre no entregarme. Él no tenía alma; era un monstruo calculador y me estaba vendiendo como si fuera ganado.Recordé la mirada repugnante del viejo Rigger recorriendo mi cuerpo y sus palabras salivando por "probarme", y una náusea violenta me revolvió el estómago.Me iba a entregar a ese viejo asqueroso a cambio de sus rutas y su sucio dinero. Para él no era más que una propiedad con precio, una mercancía lista para ser subastada.Me limpié las lágrimas bruscamente con el dorso de la mano. Si creían que me iba a dejar llevar como un animal al matadero sin pelear, estaban muy equivocados.—Deja de llorar, niña. No vas a conseguir nada con eso —dijo María, la señora que trabajaba en la cocina, mientras dejaba un trapo

  • Vendida al Demonio Romanov   Capitulo. 7

    POV: Nikolaj RomanovEstaba en mi oficina trabajando cuando la puerta se abrió.Uno de mis hombres entró a la estancia, se detuvo frente a mi escritorio y me miró seriamente antes de hablar.—Señor, el viejo Rigger solicita una reunión con usted.—¿Rigger? —repetí, dejando correr el nombre por mi garganta con desprecio.Ese anciano podrido definitivamente no se daba por vencido. Sabía perfectamente lo que estaba buscando: llevaba semanas salivando tras los pasos de Alinna, esperando el menor descuido para ponerle las manos encima.Me reclina suavemente contra el respaldo del sillón de piel. La insistencia de ese viejo verde era un fastidio, sí, pero también era una debilidad ridículamente fácil de explotar. Rigger perdía la cabeza y el juicio cuando se trataba de mujeres jóvenes y vírgenes; su lujuria lo volvía impulsivo, predecible y torpe.Un tipo impulsivo comete errores.Y yo era un experto en cobrar cada uno de esos errores al precio más alto posible.—Dile que entre —ordené con

  • Vendida al Demonio Romanov   Capitulo. 6

    POV: Alinna DiMarcoDesperté sintiendo una presión pesada sobre la cintura. Al abrir los ojos, me di cuenta de que estaba atrapada contra el pecho de Nikolaj; él me sujetaba instintivamente mientras dormía. En cuanto notó que me movía, abrió sus ojos oscuros, observándome en absoluto silencio durante unos segundos pesados antes de soltarme.Sacó la llave del cajón y me quitó las esposas. Mis muñecas tenían dos marcas rojas evidentes. —Si te portas bien hoy, no tendré que volver a ponértelas esta noche —dijo con voz grave.—No me voy a portar bien —respondí en un susurro desafiante.Él sonrió de lado.—Ya lo veremos.Minutos después, me obligó a bajar al comedor. Había un desayuno abundante servido sobre la mesa, pero al sentarme noté algo extraño: no había cuchillos ni cubiertos de metal, solo de madera.—¿Miedo de que te apuñale con un tenedor? —provoqué, mirándolo sobre la mesa.—Precaución —corrigio, cortando su comida —Preferiría morirme antes que ceder algo ante ti.—Dices eso

  • Vendida al Demonio Romanov   Capitulo. 5

    Pov AlinnaNikolaj dejó la toalla sobre una silla y caminó hacia la cama con una tranquilidad calculada que me puso todavía más nerviosa, haciendo que retrocediera un paso de inmediato.—¿Qué estás haciendo?No respondió al instante. Se detuvo frente a mí, me observó en silencio y extendió una mano.—Dame las manos —dijo como si fuera algo normal.Lo miré como si acabara de perder la cabeza.—¿Para qué mierda quieres mis manos?—Porque por más que me guste tu cuerpo y me resulte bastante entretenida esa actitud desafiante que tienes, no pienso correr el riesgo de despertarme con un cuchillo clavado en el pecho —respondió con una sonrisa lenta y arrogante dibujándose en sus labios.Fruncí el ceño, sintiendo la rabia hervirme por dentro.—No voy a matarte.—Eso espero —dijo mientras su mirada descendía hasta mis muñecas—. Pero acabas de llegar a mi casa, heriste a mis empleados, sabes que maté a tu padre y llevas horas buscando la manera de hacerme pagar por ello. Sería bastante estúpid

  • Vendida al Demonio Romanov   Capitulo. 4

    POV: Alinna DiMarcoEl olor a cuero nuevo y a metal frío me causaba náuseas.Dos de las mujeres del personal me tenían acorralada en el vestidor bajo la mirada estricta de un guardia armado. Me obligaron a ponerme un vestido corto de cuero negro, tan ceñido que apenas me dejaba respirar. El escote me hacía sentir completamente expuesta, pero lo peor era el collar: un aro de cuero duro rodeaba mi cuello y, en el centro, colgaba un pesado dije de acero con el sello de los Romanov.Intenté arrancármelo con las uñas en cuanto las mujeres se apartaron, pero la hebilla trasera estaba asegurada con un candado.—Si vuelve a intentar quitárselo, el señor Romanov ordenó que la atemos de manos —murmuró una de las sirvientas con la mirada fija en el suelo.Apreté los dientes. No iba a llorar delante de ellas.Al bajar al comedor principal, la escena me congeló la sangre. La mesa estaba lista para una cena formal. En la cabecera se encontraba Nikolaj, impecable en un traje oscuro, sosteniendo un v

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status