Serafina y Neria viajaban juntas dentro del carruaje.El guardaespaldas mudo intentó subir también, pero la pequeña lo detuvo de inmediato.—¡Si tú entras, ¿quién va a conducir el carruaje?! —le gritó con autoridad.El hombre se detuvo, tenso, y terminó saliendo sin decir nada.Serafina tampoco se sentía del todo cómoda.—Princesa, va a ser mejor que yo vaya afuera...Pero Neria se aferró con fuerza a su brazo y dijo con determinación:—No, señor, tienes que quedarte conmigo y protegerme.Serafina logró zafarse y la miró con seriedad.—Princesa, hay diferencias entre hombres y mujeres.Aunque fuera pequeña, debía aprender a comportarse.La niña, sin embargo, la observó con expresión misteriosa y dijo en voz baja:—Ya lo sé.El carruaje avanzaba dando saltos. Neria, agotada, se quedó dormida en cuestión de minutos.Cuando despertó, ya era mediodía. Con hambre, empezó a morder un pedazo de pan seco.Serafina levantó la cortina del carruaje y se dirigió al conductor.—Detente un momento,
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