Novels
Short Stories

Genres

All
Romance
Drama Realista
Hombres Lobo
Mafia
MM Romance
Vampiro
Mitología
Fantasía
Vida Escolar/Campus
Imaginación
Reencarnación
Pasional
Misterio/Suspenso
Leyenda Popular
POV masculino

Characters

50
Independiente×
All
Egoísta
Mujer Poderosa
Amante
Independiente
Mafia
Alfa
Canalla (Hombre)
POV masculino
CEO/Magnate
Amigos de la Infancia
Hipócrita
Psicópata
Mujer Casada Joven
Primer Amor
Sin Sentimientos
Luna
Rompehogares
Compañero
La más Popular
Doble Reencarnación
Amor Incondicional
Heredera Verdadera/Falsa
Excéntrico/a
Mejor Amiga
Vampiro
Escoria
Diosa/Idol
Doctor/a
Calculador/a
Protagonista Animal
Secretario/a
Vecindario
Identidades Múltiples
Obsesionado/a con el Amor
Canalla (Mujer)
Íncubo
Sustituto/a
niño
Profesor
Hombre Bestia
Elfo
Tierno pero posesivo
Yerno
Forense
Estudiante Pobre
Sumiso/a en el Amor
Piloto
Supermacho paranoico
Celebridad
Influencer
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Plot & Setting

52
Arrepentirse×
All
Reconquista Desesperada
Arrepentirse
Dejar en ridículo
Cuenta Regresiva
Infidelidad
Matrimonio
Venganza
18+
Seducción
Karma
Castigo al Infiel
Liarse con alguien
Drama Familiar Total
Drama Familiar
Despertar
Encuentro Amoroso
Fingimientio de Muerte
Ambiente Laboral
Desarrollo Femenino
Embarazo
Persecución por Amor
Amor Prohibido
Sistema
Reconciliación
Redención
Origen de Familia
Diferencia de Edad
Acoso
Matrimonio por Sustitución
Crimen
Crush Mutuo
Viaje en el Tiempo
Dentro de la Novela
Telepatía
Matrimonio por Contrato
Aventura
Vida Escolar/Campus
Transmisión en Vivo
Amor Forzado
Descubrimiento de una Infidelidad
Apocalipsis
Solidaridad
Amigas Divorciadas
Desafiar Destino
Maldición
Matrimonio antes del Enamoramiento
Mundo del Entretenimiento
Romance Fantástico
Ventaja Especial
amado/a por todos
Misterio/Detective
Escape de la Boda
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Themes

21
All
Giro Inesperado
Romance Amargo
Satisfacción/Poder
Melodramático
Renacido
Pasional
De Perdedor a Ganador
Lazo Familiar
historia de la muerte
Dulce Romance
Dulce y Doloroso
Obsesivo
Inspirador
Sanador
Crush
Comedia
Bizarro/Peculiar
Múltiples Perspectivas
Complejo/Intrigante
Enfermizo/Retorcido
Apasionante
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Independiente Arrepentirse Short Stories & Novels

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Me suicidé, pero no morí - undefined novels & stories
Noorie
Después de perseguir a mi amor platónico, Edward Lightwood, durante diez años, finalmente me aceptó como su vínculo de sangre. Sin embargo, el día en que íbamos a hacer nuestro voto eterno, su primer amor, Beth, del clan aliado, fue asesinada por una banda de cazadores de vampiros. Él me culpó por su pérdida y me atormentó todos los días. Me expuso al sol eterno, me atravesó con estacas de madera sin llegar a matarme y luego me encerró en su sótano. Agotada y con el corazón roto, agarré la estaca de roble y me apuñalé el pecho frente a él. Me suicidé. Pero no morí. Renací en el día en que le había confesado mis sentimientos a Edward. Pero esta vez, no repetiré mi error. Me mantendré lejos de él.
La Lengua Muerta Que Me Despertó - undefined novels & stories
Echo
La noche que cumplí la mayoría de edad, el príncipe vampiro Damon no pudo esperar para arrastrarme a su cama. Me tomó con un hambre desesperada y salvaje que duró toda la noche. Me dolía el cuerpo, pero tenía el corazón rebosante. Había sido su sierva de sangre durante diez años. Creí que por fin estaba listo para darme el Abrazo, para hacerme suya para siempre. Pero después, mientras me sostenía entre sus brazos y hablaba por teléfono con mi hermano adoptivo, escuché a Marcus preguntarle en latín: —Entonces, señor, ¿qué tal estuvo mi hermanita? ¿Sabe cuántos hombres matarían por estar en su lugar? Todos creen que es una diosa. Damon sonrió. —No estuvo mal. Un poco novata. Ni de lejos lo suficientemente salvaje para mi gusto. Marcus se rio. —Bueno, ella ha estado perdidamente enamorada de usted desde que era una niña. Nunca salió con nadie. Entonces Damon bajó la voz. —No le digas a Serena lo de Elena. Después de todo, tengo que casarme con una vampiresa noble como ella, y no quiero que se moleste. —Una humana como Elena… solo sirve para practicar. Pero Damon no sabía que yo había aprendido latín en secreto, solo para sentirme digna de él. Al escuchar eso, no dije una sola palabra. Solo cambié en silencio mi solicitud universitaria de la Universidad de Nueva Orleans a la universidad de mis sueños, la Universidad de Oxford.
Mi compañero me engañó para que me fuera - undefined novels & stories
Stars
Alaric y yo habíamos acordado fugarnos juntos. Pero él cambió de opinión en el momento en que firmé los papeles para dejar la manada. De pie, fuera de la mesa del rincón en el bar del hotel, lo escuché hablar con sus amigos. —¿Engañaste a Sophie para que dejara la manada solo para tener más tiempo a solas con Vivienne? ¿No te preocupa que pierda la cabeza cuando se entere? Alaric le dio un sorbo perezoso a su bebida. —¿Por qué lo haría? Está tan obsesionada conmigo que se aferraría a mí todo el día si pudiera. Solo tengo que decirle lo que quiere oír después y me perdonará, garantizado. Además, la familia de Vivienne tiene verdadera influencia. Ese tipo de respaldo podría inclinar la balanza en mi lucha por el puesto de Alfa. Sophie simplemente tendrá que lidiar con eso. Cada palabra me atravesaba hasta que no pude respirar. Luché contra el impulso de entrar de golpe y enfrentarlo, y en su lugar me di la vuelta. Al llegar a casa, saqué mi teléfono y busqué hasta el último contacto de mi lista. —Papá. Ese emparejamiento arreglado que mencionaste... acepto.
La Princesa Alfa Que Él Perdió Para Siempre - undefined novels & stories
Daisy
Para prepararme para el papel que me esperaba, oculté la verdad… que era la única hija de un Rey Alfa. En mi primer año en la manada Luna Oscura, me enamoré de Leo —el hijo menor del Alfa— en el instante en que lo vi. Fueron tres años de amor. Aquel hombre frío y despiadado me consentía hasta el exceso. Y aun así… nunca aceptó realizar conmigo la ceremonia de marcaje. Más tarde descubrí la razón: su manada jamás me consideró digna. Después de todo, la manada Luna Oscura era la más poderosa de los Territorios del Norte, y a sus ojos, yo no era más que una loba errante sin nombre, proveniente de una manada insignificante. A medida que los susurros sobre la diferencia entre nuestros rangos se hacían cada vez más fuertes, decidí contarle la verdad sobre mi linaje. Pero entonces Leo empezó a desaparecer… día tras día. Hasta que, en la noche noventa y nueve de su ausencia, vi una historia en la red social de su amor de infancia. Un árbol de Navidad… decorado con juguetes sexuales. El texto decía: "Leo me lo prometió… la noche de nuestra ceremonia de marcaje, vamos a probarlos todos." Antes de que pudiera siquiera asimilarlo, mi teléfono vibró de nuevo. Un mensaje directo. De la misma mujer. "¿Tienes idea de cuánto me necesita Leo? Cada año, en tu cumpleaños, en cada aniversario… espera a que te duermas y luego viene a pasar la noche conmigo." "Una loba de sangre noble como yo es la única digna de ser su compañera. Tú no eres más que un estorbo entre un Alfa y su Luna." Me quedé mirando las palabras en la pantalla, con el pulgar suspendido en el aire. “¿Debería enfurecerme? ¿Debería derrumbarme?”, me pregunté. Nada… no sentía nada. Solo un vacío, justo donde antes estaba mi corazón. Bien. Este amor contaminado… este hombre… Ya no significaban nada para mí. Cerré los ojos y extendí mi mente a través del enlace mental, buscando a mi padre, el Rey Alfa. "Papá, acepto volver a casa… y heredar el trono."
Traición a la luz en la cena de Navidad - undefined novels & stories
Burbuja de Yogur
Aquella Navidad, mi esposo estaba lejos, atrapado en un viaje de trabajo que lo mantuvo apartado de mí en una fecha que siempre imaginé distinta. Como si eso pudiera remediarlo, ordenó que me enviaran una cena navideña de un restaurante elegante, directo hasta la puerta de mi casa. Pero al abrirla, algo dentro de mí se quebró. No solo estaba llena de mariscos —justo lo único que no puedo comer—, sino que además incluía un menú infantil. El repartidor, incómodo, bajó la mirada y se disculpó. Me explicó que mi esposo había encargado dos pedidos a direcciones diferentes, y que se había confundido. Dos pedidos. Esa idea se quedó flotando en mi mente, pesada, inquietante… imposible de ignorar. Sin pensarlo demasiado, fui a la dirección que aparecía en el recibo. Y ahí, frente a mí, la verdad tomó forma. En el jardín iluminado de una enorme mansión, lo vi. Mi esposo. Sonriendo como nunca conmigo. Estaba junto a una mujer y un niño, ayudándolos a recoger dulces de un árbol de Navidad decorado con esmero. El pequeño corrió hacia él y se lanzó a sus brazos con una naturalidad que me heló la sangre. —Papá, este año quiero un parque de juegos para mi cumpleaños —dijo, con los ojos brillantes. Él rio suavemente, como si ese momento fuera lo más importante del mundo. —Claro que sí… —respondió, pellizcándole la mejilla—. Y a mamá le regalaré un juego nuevo de joyas. La mujer se recostó contra su hombro, radiante, como si ese lugar siempre le hubiera pertenecido. —Amor, eres increíble con nosotros. Saqué mi teléfono, temblando, y grabé cada segundo de esa escena que ya no podía negar. Después, envié el video a mi abogado. “Necesito el divorcio lo antes posible… para que mi esposo pueda volver con su verdadera familia”.
Cortando la marca de mi Alfa - undefined novels & stories
Echo
Durante los últimos dos meses, he estado recibiendo fotos. Fotos de mi compañero destinado, Andrew, apareandose con su amante, Crystal, una Omega seductora. [Querida Luna, Andrew me dejó tantas marcas anoche. Dijo que soy la única que le ha hecho sentir un orgasmo de verdad.] [Ah, ¿y esa famosa capacidad de consuelo de la que estás tan orgullosa? Yo también la tengo. Él dice que ahora puedo reemplazarte por completo.] [No te preocupes, cuidaré bien de tu compañero por ti.] En las fotos, una mancha del lápiz labial de Crystal era una mancha evidente sobre la marca de compañero de Andrew. Al mirar esos mensajes, la incredulidad se transformó en desesperación y, finalmente, en un entumecimiento frío y duro. Hasta esa noche, cuando la Diosa de la Luna finalmente respondió a mis oraciones desesperadas. Podía sacrificar la mitad de mi don de consuelo por una oportunidad de romper nuestro vínculo de compañeros por mi cuenta. En siete días, finalmente dejaría a Andrew para siempre.
Déjame y cría a su bebé - undefined novels & stories
Lía Vallejo
Mi esposo, Cesare Ferrante, el Don más temido de la familia, siempre había detestado a los niños. Pero todo dio un giro cuando mi hermanastra, Bianca Moretti, se instaló en la casa de al lado con su bebé de seis meses. De pronto, mi esposo se obsesionó con ese niño. Él mismo le preparaba los biberones, le cantaba canciones de cuna y lo llevaba a todas partes. Cada día regresaba a casa agotado al amanecer, pero su cara brillaba de alegría, como si ese bebé ocupara toda su alma. Me volví invisible para él. Hace tres días, un auto me cerró el paso y me sacó de la carretera hasta que terminé estampada contra la mediana. Sentía la sangre caliente escurriéndome por la frente mientras la vista se me nublaba. Desesperada, llamé a Cesare cincuenta y cinco veces. No se dignó a contestar ni una sola vez. En su lugar, prefirió presumir una foto del bebé en sus redes: "¡Mi angelito sonrió hoy!" No aguanté más. Esta noche, en el banquete familiar, con todos los miembros de la familia sentados a la mesa, levanté mi último brindis y posé la copa. —Quiero el divorcio. El silencio fue instantáneo. Todos se quedaron de piedra. —¿Te volviste loca? —gritaron mis padres al mismo tiempo. Cesare me apretó la muñeca, sin poder creerlo. —Giulia, ¿hablas en serio? ¿Me pides el divorcio solo porque estaba pendiente del bebé y no te contesté? ¿Vas a armar este lío por celos de un niño de seis meses? No le sostuve la mirada. En su lugar, me quedé fija viendo la marca de un beso, clara y reciente, detrás de su oreja. —Como amas tanto a ese niño —dije con calma—, te lo voy a poner fácil. Ve a ser su padre.
Cuatro Regalos de Despedida, Don Falcone - undefined novels & stories
Peachy
Yo era la principal consigliere de la familia Falcone. Su cerebro. Y hoy me marchaba —entregando los libros de cada negocio legítimo que había manejado, cortando mi último vínculo. Mi protegido no podía entenderlo. —Eres el futuro de esta familia, Aurelia. No puedes simplemente irte. Sacudí la cabeza con una sonrisa amarga. No sabían. Llevaba tres años casada en secreto con el Don, Vittorio Falcone. Pensé que mi apariencia, mi inteligencia y todo lo que le di serían suficientes para ganarme todo su amor. Un ataque en los muelles tres meses atrás me mostró la verdad. Me alcanzó una bala. Era una emergencia. Necesitaba al cirujano de la familia —lo cual requería una orden directa de Vittorio. Lo llamé más de una docena de veces. Pero cuando por fin contestó, lo único que escuché fue una voz suave y sin aliento al otro lado. —Vittorio, todavía no hemos cortado mi pastel de cumpleaños. ¿Me darías la mano para cortarlo juntos? Esa voz. Mi mejor amiga. La mujer de la que Vittorio alguna vez estuvo enamorado. Carina. En la casa de seguridad, debilitada por la pérdida de sangre, me saqué la bala yo misma y le pedí a uno de mis hombres que me llevara a toda prisa a una clínica de la familia. Justo antes de que me entraran al quirófano, Vittorio irrumpió cargando a Carina. Tobillo torcido. Necesitaba un médico. Urgente. Mi cirujano fue arrastrado fuera. Los antibióticos llegaron demasiado tarde. La herida se infectó. Luché por mi vida durante una semana. Cuando desperté, miré mi teléfono fijamente. Ni un solo mensaje. Las lágrimas llegaron solas. Comprendí. Yo era simplemente la mujer con la que él se había visto obligado a casarse después de que lo drogaron y terminó acostándose conmigo. Un escándalo evitado. Lo único que le importaba era mi utilidad y su reputación. ¿Y yo? La princesa secreta de la familia Rossi, que lo sacrificó todo para construir su imperio. Todo para nada. Así que preparé cuatro regalos de despedida. Una celebración de nuestra destrucción mutua. Después de eso, jamás volvería a verme.
La Donación de Esperma Que Lamentó - undefined novels & stories
Ferrari
En el momento en que descubrí que estaba embarazada, me llegó una notificación de Twitter al celular. Era un tuit de Teresa Fiorino, la amiga de toda la vida de mi esposo, Don Romano Caliendo. "Gracias a tu esperma, podré tener un hijo mío en la última etapa de mi vida." La foto que acompañaba el mensaje era una prueba de embarazo donde quedaba clarísimo que el donante era Romano. Dejé un simple signo de interrogación en los comentarios. Ni treinta segundos habían pasado cuando mi teléfono empezó a sonar sin parar. La voz furiosa de Romano explotó del otro lado de la llamada. Solo lo había escuchado hablar así cuando perdía la paciencia con alguien durante las reuniones de la familia. —¿Qué demonios quisiste decir con ese comentario, Selene Grado? ¡Teresa se está muriendo de cáncer! ¡Lo único que quiere es tener un bebé que la acompañe antes de morir! ¿De verdad no puedes sentir un poco de compasión por ella? Antes de que pudiera siquiera bajar el teléfono, Twitter volvió a actualizarse. Esta vez, Teresa había subido otra foto. Era un departamento de lujo impresionante, con enormes ventanales que dejaban ver la vista nocturna de Brindleport. El pie de foto decía: “Gracias por darme un hogar para que no me sienta sola en mis últimos días.” En una esquina de la imagen, Romano aparecía agachado en el suelo armando una cuna para bebé. Su perfil reflejaba toda la concentración que tenía puesta en eso. Mientras me limpiaba las lágrimas, acaricié en silencio mi vientre todavía plano. “Te voy a sacar de aquí… muy, muy lejos, mi bebé”, pensé.
Se Casó por Un Reto y Me Perdió - undefined novels & stories
Araceli Martínez Gallardo Prieto
Después de que Seraphina perdió en un juego de verdad o reto, mi prometido fue al Registro Civil y se casó con ella. Lo llamé cuarenta y siete veces. Al final, la única respuesta que recibí fue una captura de la historia de Instagram de Seraphina. En la foto, Seraphina y Vincenzo Ferraro mostraban un acta de matrimonio recién expedida. Ella sonreía como si hubiera ganado. Él llevaba la camisa blanca que yo le había planchado esa misma mañana y le pellizcaba la mejilla como si aquello fuera lo más normal del mundo. Un minuto después, Vincenzo me llamó. —Elena, no hagas esto más grande de lo que es. Fue solo un juego. Dame treinta días. En cuanto me divorcie de ella, nos casamos como lo habíamos planeado. Creyó que iba a perdonarlo, como siempre lo había hecho durante los últimos tres años. Pero esta vez no lloré. No hice ningún escándalo. Solo le di "me gusta" a la historia de Seraphina y le respondí: "Felicidades". Fui a nuestro departamento a dejarle el anillo de compromiso y después desaparecí de Ciudad Aurelia. Él creyó que solo era un arranque mío. Solo cuando ya no pudo comunicarse conmigo y su gente me buscó por toda la ciudad sin encontrarme, por fin entró en pánico. Pero él no tenía idea: la Elena que lo amaba murió en el momento en que se casó con otra mujer.
Le Enseñé a Decirle Adiós a Su Padre - undefined novels & stories
Summer
Después de descubrir que mi esposo, Leonardo Marchetti, no lograba olvidar a su primer amor, empecé a enseñarle a nuestra hija Sofia a llamarlo “tío Leonardo”. Un día, Sofia se torció el tobillo en la escuela. En plena madrugada, Leonardo recibió una llamada: era Valentina quien lloraba al otro lado de la línea porque su hija, Lily, había tenido una pesadilla y no paraba de gritar que quería un padre. Leonardo se fue sin decir una palabra. Mientras le ponía una compresa de hielo en el tobillo hinchado a Sofia, le susurré: —Di “Adiós, tío Leonardo”. Leonardo prometió ir al día deportivo de la escuela de Sofia. Entonces llamó Valentina, sollozando que Lily no tenía un padre que corriera con ella la carrera de tres piernas. Él se largó sin pensarlo dos veces. En esa ocasión, solo le pasé el celular a Sofia y le dije que avisara a su maestra: —El tío Leonardo dice que no va a poder venir. Cada vez que pasaba, Sofia dudaba. No entendía por qué la obligaba a hacer eso. Hasta que, un día, Leonardo por fin se dio cuenta de lo mucho que nos había fallado. Dejó de lado todos sus asuntos de la mafia para asistir al recital de piano de Sofia y juró que no se lo perdería. Sofia esperaba tras bambalinas con los demás niños. Entonces vibró el celular de Leonardo. Era Valentina. No alcancé a escuchar lo que dijo, pero podía adivinarlo. Lily lloraba. Lily lo necesitaba. Lily no tenía padre. Leonardo regresó a donde yo estaba. Pero antes de que pudiera empezar con sus excusas, Sofia habló desde el escenario. —Está bien, tío Leonardo. Ve a cuidar a tu otra hija. Con que mamá se quede aquí a verme es suficiente.
El símbolo sexual que el Don nunca podrá tener - undefined novels & stories
Peachy
Mi figura siempre atrae miradas adondequiera que vaya. Mis ojos, intensos y penetrantes, tienen esa extraña capacidad de desarmar a cualquiera que se cruce en mi camino. En Hollywood me consideran uno de los mayores símbolos de belleza y sensualidad. Sin embargo, después de cinco años viviendo en esta ciudad, ningún productor se ha atrevido siquiera a acercarse a mí. La razón es simple: el hombre que comparte mi cama es Don Vincenzo, el jefe más temido y despiadado de la mafia de Nueva York. Pasé siete años a su lado y, durante todo ese tiempo, me hizo creer que era especial. Después de cada encuentro, cuando por fin recuperábamos el aliento, me envolvía entre sus brazos, me besaba con devoción absoluta y me llevaba al baño para borrar con delicadeza cualquier rastro de la pasión que acabábamos de compartir. ¡Qué ingenua fui al pensar que sería la única mujer de su vida y que algún día llegaría a ser su Donna! Todo cambió la noche de mi cumpleaños número veintiocho. Después de la cena familiar, lo escuché hablar de mí y reírse con uno de sus hombres de confianza. —Chloe sirve para pasar el rato, pero mi Donna tiene que ser alguien diferente. En ese instante, arranqué de mi pecho el corazón frágil que había creído en cada una de sus promesas y decidí convertirme en lo que él, aparentemente, deseaba: una amante perfecta, una mujer interesada únicamente en su dinero. Pero, para mi sorpresa, ni siquiera eso fue suficiente para Vincenzo. Sus ojos oscuros y penetrantes se clavaron en los míos. —¿De verdad no quieres nada más de mí, además de un penthouse en Manhattan? Deslicé suavemente los brazos alrededor de su cuello y fingí sorpresa. —¿Me estás diciendo que también puedo pedirte un Ferrari?
El Alfa se arrepintió de su traición - undefined novels & stories
Stars
Tres días antes de la Ceremonia de Apareamiento, el Alfa me confesó su infidelidad. —Mientras estabas fuera por negocios, me acosté con Sophie. Pero no te preocupes. Aun así seguiremos adelante con la ceremonia. Tú seguirás siendo la Luna de la manada. El corazón se me heló. Lo dejé sin pensarlo dos veces. Al día siguiente, la chica a la que había patrocinado durante diez años apareció en la puerta de mi casa. —Vivian, estoy esperando un hijo de Ethan —dijo, acariciándose el vientre apenas abultado, con una mirada llena de arrogancia—. Este bebé será el heredero del Alfa, así que ya puedes rendirte. Pero lo que Ethan no sabía era que yo también estaba embarazada. No se lo dije. Simplemente reservé un boleto para irme de la manada. Lo que jamás imaginé fue que, después de mi partida, Ethan perdería la cabeza intentando encontrarme.
Siete días para decir adiós - undefined novels & stories
uni
Tenía tres meses de embarazo cuando ocurrió el accidente automovilístico. En esos últimos instantes, mientras mi conciencia se desvanecía, marqué desesperadamente a la línea privada y encriptada de Damian, aquella reservada solo para emergencias. Él nunca contestó. Para cuando me llevaron de urgencia al quirófano, recibí un golpe devastador: Damian había reasignado por la fuerza a mi médico privado principal al Distrito Sur. Necesitaba al mejor doctor para atender a su amor de la infancia, Evelyn, quien acababa de enviudar. Cuando por fin desperté, envuelta en una neblina de agonía, mis dedos temblorosos deslizaron la pantalla y abrieron Instagram. Vi la publicación más reciente de Evelyn: «Sabía que, sin importar la distancia ni el tiempo, Damian movería cielo y tierra para llegar hasta mí. Incluso trajo a su Médico Jefe solo para ayudarme a sanar de mi dolor». En la foto que acompañaba el texto, Damian —un hombre conocido por sus ojos fríos y letales— miraba a la mujer a su lado con una ternura que yo no había visto en años. Mientras yo me aferraba a la vida al borde de la muerte, luchando por salvar a nuestro hijo, mi esposo jugaba a ser el protector de otra mujer embarazada. Una risa hueca y llena de burla hacia mí misma escapó de mis labios. Sin pensarlo dos veces, deslicé la alianza de bodas fuera de mi dedo anular. Abrí mi bandeja de entrada y presioné «Confirmar» en la invitación del Instituto Internacional de Finanzas más elitista del mundo. Si Evelyn es lo único que le importa, entonces les daré mi bendición. En siete días, desapareceré de su mundo para siempre… y me llevaré a mi bebé conmigo.
Extorsión al hombre equivocado: su Don. - undefined novels & stories
Peachy
Esa camarera VIP, nueva en el club, insistía siempre en que fuera yo quien la atendiera. Como era buena para el negocio, no le di demasiada importancia. Sin embargo, un fin de semana, alrededor de las dos de la madrugada, mientras descansaba en la cama de mi penthouse, me llamó y comenzó a darme órdenes a los gritos. —Estoy en la suite «Paraíso». Sube ahora mismo con una botella y atiéndeme como corresponde. Tuve que aguantarme la risa. Esa mujer actuaba de una forma realmente absurda. —Son las dos de la mañana. ¿Me estás ordenando qué hacer? No soy tu guardaespaldas ni tu proveedor personal. Ella resopló con una voz que destilaba arrogancia. —Mi primo es el gerente del club. Deberías sentirte honrado de atenderme. Ah, y por cierto, aún no has pagado la tarifa de protección de este mes. Más te vale moverte y venir ya, o le diré a mi primo que te arroje al río Chicago. Vaya. Parecía ignorar un detalle bastante importante: todos los muelles del río Chicago, sin excepción, me pertenecían.
La zorra plateada que rompió nuestro vínculo - undefined novels & stories
Serein M
El día de mi cumpleaños recibí una caja de regalo. Dentro había una zorra plateada muerta. Le habían arrancado toda la piel y grabado runas oscuras y profanas en la carne. Mi loba lanzó un grito desgarrador. Después, se hizo añicos. Desesperada, busqué a mi Alfa, Darian, a través de nuestro vínculo de compañeros. —Darian... ayúdame... Mi loba... Mi corazón... Su respuesta fue tan fría como el hielo. —Maeve, deja de exagerar. Solo es una broma. Una Luna debería ser capaz de soportarlo. Amara tiene fiebre. Estoy con ella. Cortó el vínculo de inmediato. Eligió a su amiga de la infancia antes que a mí. Su compañero había muerto hacía poco y solo tenía una fiebre leve. Yo me desplomé mientras el dolor me consumía. No recibí ayuda hasta que un Beta de la manada me encontró y me llevó al centro de sanación. Me tomó tres días recuperarme. Cuando Darian por fin regresó, impregnado del dulce aroma de Amara, me miró con desprecio. —Sabía que lo estabas fingiendo. ¿Cómo podría una zorra muerta hacerte daño? Solo querías impedir que fuera a consolar a Amara. No lloré. No discutí. Solo le entregué un documento para que lo firmara. Le dije que era una compensación por haber elegido a Amara antes que a mí. Lo firmó sin siquiera mirarlo. —¿Todo esto es por dinero? No seas otra loba celosa. No me causes problemas. Puedo darte todo lo que quieras. Amara y yo crecimos juntos. Es muy importante para mí. Lo sabes. Asentí sin decir una sola palabra. Al día siguiente, llevó a Amara a una cena exclusiva para Alfas organizada por la Alianza. Las fotografías inundaron las redes sociales de la comunidad de los hombres lobo. No tenía la menor idea de lo que había firmado. No era un acuerdo de compensación. Era la disolución de nuestro vínculo de compañeros. Conté los tres días. Empaqué con calma las cosas que más valoraba. Después saqué mi teléfono desechable. —¿Tío Marcus? Necesito un jet privado con destino al sur.
La Falsa Demencia de la Donna - undefined novels & stories
Echo
Durante tres años fui la Donna de los Valenti, una familia que no dejaba de ganar poder. Un día, Enzo se reunió en un club privado de puros. Como me preocupaban sus problemas de estómago, fui a llevarle sus antiácidos de siempre. Me quedé afuera del salón privado y escuché reír a sus hombres. —Don Enzo, ¿de verdad va a seguir escondiendo a Clara en la mansión de Lago Plateado toda la vida? —Esa heredera Moretti, la loca de la casa principal, sigue paseándose como si fuera la Donna de la familia Valenti. Enzo se masajeó el puente de la nariz. —Si no se hubiera llevado un balazo en la cabeza por salvarme ni perdido la razón, y de no haber necesitado yo con tanta urgencia el dinero de su familia, jamás me habría involucrado con una mujer ajena a esta vida. Suspiró con desprecio antes de sentenciar con frialdad: —Pero Clara es mi esposa legal. El fideicomiso familiar y el acta de matrimonio del registro civil están a su nombre. Stella no es más que un juguete que tengo guardado en la casa principal. En cuanto Clara dé a luz a un heredero, la traeré a casa para siempre. Apreté la caja de antiácidos hasta que mis nudillos palidecieron; el cartón se arrugó en mi mano. En la iglesia, él había intercambiado conmigo juramentos de sangre y anillos, pero fue Clara quien firmó los papeles en el registro civil. Me tomó por estúpida con tal de proteger la reputación de esa mujer. Apretando la caja contra mi pecho, di media vuelta y volví a perderme entre las sombras. Él no tenía ni idea de que yo había recuperado la cordura hacía tres días. Jamás se imaginaría que ya le había enviado un mensaje cifrado a mi hermano, quien dirigía un imperio empresarial desde nuestro hogar en Solaria, al otro lado del océano. Estaba harta de cargar con ese maldito título de los Valenti.
Adiós, Alfa: Mi Hijo y Yo nos Vamos Lejos - undefined novels & stories
Echo
Al descubrir que mi compañero Alfa, Bruce, no podía superar a su excompañera, Fiona, ni a su cachorro, empecé a enseñarle a nuestro hijo que lo llamara “Alfa Bruce”. Cuando a nuestro hijo le dio fiebre, Fiona llamó y mi compañero se fue a mitad de la noche. Toqué la frente hirviente de mi pequeño y le pedí que dijera: “Adiós, Alfa”. Cuando dejó plantado a nuestro hijo en la fiesta de cumpleaños que le había prometido porque Fiona llamó llorando para decirle que su cachorro no tenía padre, no levanté ni la mirada. Me limité a pedirle al niño que les explicara a los invitados: “El Alfa tiene algo importante que hacer”. Una frase que nuestro hijo siempre pronunciaba tras dudar por un largo rato. Solo cuando Bruce comprendió lo mucho que nos había fallado, sugirió que nos tomáramos un retrato familiar. Pero ya en el estudio, Fiona volvió a llamar entre sollozos. —Bruce, ¿puedes venir a hacerte pasar por el papá de Tony, por favor? En la guardería los niños se burlan de él porque no tiene papá... Bruce dejó ver un asomo de culpa. Ya iba a arrodillarse para explicárselo a nuestro hijo. Pero esta vez el pequeño no necesitó mi seña. Se limitó a despedirse con la mano. —Está bien, Alfa Bruce. Vete con tu otro cachorro. Con mamá y conmigo basta para la foto familiar.
Tarde para llorar mi muerte - undefined novels & stories
Alyssa J
La noche en que morí, mi familia celebraba el decimoctavo cumpleaños de mi hermana gemela, Elena, pues todos creían que moriría al día siguiente. Somos elfos. Mi padre trabajaba como guardián del clan y, cuando mamá dio a luz a Elena y a mí, dejó aquel puesto para dedicarse a cuidarnos. Deberíamos haber sido una familia feliz, pero una maldición lanzada por una bruja nos marcó desde el mismo día de nuestro nacimiento. Como Elena llegó al mundo un minuto antes que yo, fue ella quien cargó con todo el peso de esa condena. Se suponía que no viviría más allá de los dieciocho años. Desde el primer día, Elena se convirtió en el tesoro de la familia. Mamá y papá me hacían sentir como si siempre estuviera en deuda con ella. Cada vez que llegaba un juguete nuevo, era para Elena antes que para mí. Cuando nos compraban vestidos, también era ella quien elegía primero. Cada noche, mamá pasaba al menos una hora en su habitación antes de apagar la luz. Yo, en cambio, siempre me dormía sola. Una noche tuve una pesadilla y corrí descalza en busca de mamá. La encontré abrazando a Elena y ni siquiera levantó la vista. Lo único que dijo fue: —Vuelve a tu cama. No hagas escándalo. Intentaba convencerme de que era natural que la trataran con tanto cariño, porque estaba a punto de morir. Sin embargo, cada vez que fingía que no importaba, sentía cómo aquella astilla clavada en mi pecho se hundía un poco más. Finalmente llegó el día en que la maldición debía cumplirse y, por supuesto, ese mismo día un dolor insoportable en el estómago me golpeó con tanta fuerza que apenas podía mantenerme en pie. Mamá y papá no lo dudaron ni un instante. Me arrastraron hasta el sótano, me empujaron dentro y corrieron el cerrojo desde afuera. Me acurruqué sobre el suelo de piedra mientras el olor a humedad y moho flotaba en el aire, y golpeé la puerta una y otra vez con todas mis fuerzas. —¡Mamá, papá, me duele mucho el estómago! ¡Ni siquiera puedo levantarme! ¡Por favor, déjenme salir! Desde el otro lado de la puerta resonó una sola frase: —¡Tu hermana se muere después de esta noche! ¿No puedes esperar un solo día? ¡Solo un día! —Pero, mamá... tengo miedo. Nadie volvió a responderme. El sótano quedó en silencio. Sentí que los párpados comenzaban a pesarme. Mi último pensamiento fue: «Si yo fuera la que estuviera a punto de morir por esa maldición, ¿ellos también vendrían a abrazarme?».
Sí, todo se trata de la tarjeta de recompensas. - undefined novels & stories
Perfect Timing
La noche en que regresé de mi viaje de trabajo, me llamaron de la farmacia. Me dijeron que esa tarde habían rechazado mi tarjeta de recompensas cuando intentaron usarla y que debía recargarla. Adrian estaba en la cocina, completamente concentrado en preparar la cena. Le pregunté qué había comprado. Sonrió y sacó una caja de suplementos. —Últimamente trabajo hasta muy tarde. El corazón me ha estado dando problemas, así que compré unas vitaminas para fortalecerlo. No dije nada. Suspiró y sacó una tarjeta bancaria. —Ya sé que te importa mucho el dinero. Usé tu tarjeta de recompensas por accidente. Te lo devolveré diez veces. ¿Trato hecho? Normalmente, la habría aceptado. Esta vez, no. Solo lo miré. —Divorciémonos.
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