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Mga Maiikling Kuwento at Nobela Infidelidad

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Tras la Traición, Le Arrebaté Todo - undefined nobela & mga-kwento
Suyur
En el mundo empresarial, todos sabían que Camila López era la pieza clave de Carlos Sánchez. Mientras Camila estuviera presente, no había negocio que el Grupo Sánchez no pudiera cerrar. Y Carlos la amaba hasta los huesos. Si Camila lo pidiera, él daría todo por ella, incluso la vida. Hubo un tiempo en que Camila también lo creyó. En el Triángulo Dorado, por el Grupo Sánchez, no dudó en apuntarse un arma y disparar cinco veces contra sí misma. En México, bebió con proveedores hasta escupir sangre. Cada vez, creyó que Carlos la estaría esperando al volver. Hasta que descubrió la mirada que él clavaba en su joven guardaespaldas, una mirada tan densa y llena de pasión. Se justificaba con la compasión, pero sus miradas delataban otro sentimiento.
Fui el último en enterarme. - undefined nobela & mga-kwento
Frost Kibble
Durante una cena de integración de la empresa, mis compañeros propusieron un reto: llamar a nuestros esposos o novios para ver cuánto dinero nos transferirían. Las reglas eran simples: ganaba quien recibiera la mayor cantidad de dinero en el menor tiempo. Como de costumbre, volví a quedar en último lugar. —Seraphina, no te lo tomes a mal. Quizá el señor Brooks no sea muy romántico, pero al menos tiene dinero. Todos rieron, tratando de quitarle peso al comentario sin remover viejas heridas. Llevaba siete años ayudando a Conrad a levantar su negocio, y ni una sola vez había mencionado la posibilidad de casarnos. Cuando repartió acciones entre el equipo directivo, fui la última en enterarme. Y también estaba aquel día en que me diagnosticaron cáncer de estómago: mientras esperaba los resultados en el hospital, la única persona que permaneció a mi lado fue mi mejor amiga. Me limité a sonreír y guardar silencio. Entonces, mi mirada se posó en la joven pasante. Apretaba el celular entre las manos, con los nudillos blancos y la duda reflejada en el rostro. —Mejor no participo —murmuró—. Está de viaje de negocios. Debe de estar muy ocupado. El ambiente se volvió incómodo. Quise ayudarla, así que me incliné hacia delante con una sonrisa y activé el altavoz mientras marcaba su número. Esperaba que no respondiera. Pero, para mi sorpresa, contestó al instante. El salón privado quedó en completo silencio. Esa voz era inconfundible. Era la de Conrad, mi novio, un hombre reservado y poco romántico. Pero esta vez, su tono sonaba sorprendentemente tierno. —Amor, ¿recibiste el regalo de San Valentín que te mandé?
Tres Horas para Ella, Diez Minutos para Mí - undefined nobela & mga-kwento
Mencía Zavala
Durante ocho años acompañé a mi esposo, el violonchelista Ethan Olvera, desde sus peores momentos —el aislamiento, la autodestrucción y varios intentos de suicidio— hasta verlo tocar en la Sala Dorada de Valdoria. Durante su año más difícil, Ethan ni siquiera podía sostener el arco con firmeza. Una y otra vez lo encontré encerrado en una habitación y me quedé a su lado mientras perdía el control y se derrumbaba. Compuso para mí su primera obra completa y la llamó "La persona que más amo". Me dijo que, mientras yo quisiera escucharla, la tocaría para mí toda la vida. Después llegó la fama. Su agenda se llenó de conciertos por todo el mundo y apenas le quedaban diez minutos a la semana para estar conmigo. Cuando por fin teníamos esos preciados diez minutos para estar juntos, le pedía que volviera a tocar "La persona que más amo". Pero él siempre cerraba los ojos, agotado. —Los conciertos ya me cansan bastante. No quiero seguir con la presión del trabajo cuando llego a casa. Me dolía verlo así, de modo que no volví a pedírselo. Hasta que un sábado me enviaron a Valdoria de improviso para hacer una entrevista. El concierto ya había terminado cuando escuché aquella melodía conocida en el auditorio. Entre el público solo quedaba su asistente, Marina Suárez, dormida en un asiento de la primera fila. Ethan estaba en el centro del escenario, tocando "La persona que más amo" una y otra vez para arrullarla. Alguien le recordó que debía descansar. Él la miró y respondió en voz baja: —No importa. A ella le gusta escucharla. Me quedé escuchándolo tocar para ella durante tres horas enteras después del concierto. Así que no estaba demasiado cansado, ni se negaba a llevarse trabajo a casa. Simplemente ya no quería tocarla para mí. No entré a pedirle explicaciones. Me di la vuelta y me fui. Había decidido aceptar el traslado a la sede de mi empresa en Monteliria por un período de tres años. Me quité el anillo de matrimonio que había llevado durante ocho años.
Turbulencia En Medias De Seda - undefined nobela & mga-kwento
Mangonel
—Fabi, porfa, ayúdame a descargar unas pelis de esas fuertes, es que me siento muy sola esta noche. Era tarde cuando mi tía Violeta abrió la puerta de mi cuarto. Solo traía puesta lencería muy sensual que dejaba ver sus nenas bien formadas. Justo me la estaba jalando y, del susto, me tapé rápido con la cobija. —Tía, ¿por qué entras así sin tocar? Ella tenía la cara toda roja. —Es que me arde todo de las ganas y el inútil de tu tío ni me toca. Ándale, búscame unas pelis cochinas para que me pueda encargar yo misma. Me toqué el fierro, que ya estaba bien duro, y le dije riéndome: —¿Y si mejor te ayudo yo con eso?
Un Tecito Para No Dormir - undefined nobela & mga-kwento
Hombre Sucio
—No, no metas la lengua... En el reducido espacio del asiento del copiloto, aquel hombre fornido me sujetó firmemente por los tobillos y me dobló las piernas con facilidad hasta dejar expuesta mi intimidad empapada. Jadeaba; su aliento ardiente me hizo estremecerme toda: —Te lo suplico... No. Eres mi cuñado... Dominado por el deseo, ignoró mis súplicas; se pasó la lengua por los labios y bajó la cabeza...
Levántame otra vez y es adiós - undefined nobela & mga-kwento
Mendoza Yurgen
Mi esposa es piloto. Nos casamos hace tres años, pero desde entonces me ha dejado plantado dieciocho veces cada vez que quedamos para ir a registrar nuestro matrimonio. La primera vez que lo hizo fue cuando su aprendiz hizo su primer vuelo. Yo la esperé todo el día afuera del registro civil. La segunda vez fue cuando, tras recibir una llamada del mismo aprendiz, se dio la vuelta y se fue sin más, dejándome tirado a la orilla de la carretera. Después, cada vez que fijábamos una fecha para registrar nuestro matrimonio, a su aprendiz le pasaba algún tipo de problema, alguna cosa u otra. Al final, decidí dejarla. Pero cuando abordo un vuelo rumbo a Avalonia, ella me persigue hasta allí como si hubiera perdido la cabeza.
El esposo renacido no salva a mi suegra - undefined nobela & mga-kwento
Pequeñitita
Mi suegra fue secuestrada, pero mi esposo, que tiene influencia tanto en el mundo legal como criminal, llevó a todos sus secuaces a celebrar el cumpleaños del perro de su amor platónico. Los secuestradores dijeron que si no veían a mi esposo en persona, matarían a la rehén, pero yo no hice caso. Esto fue porque en mi vida anterior, estando embarazada de ocho meses, saqué a mi esposo de la fiesta de cumpleaños por fuerza y salvamos a mi suegra. Su amor platónico nos siguió a escondidas, pero fue descubierta por los informantes de los secuestradores. Ellos la violaron, e incluso la descuartizaron y la dieron de comer a los perros. Mi esposo, tan enfurecido, mató a tiros a esos secuestradores y desapareció por un mes entero. Cuando regresó, nunca volvió a mencionar el asunto. Hasta que di a luz a nuestro hijo, yo estaba llena de felicidad. Pero mi esposo me arrojó, débil como estaba, al bosque, dejando que las bestias salvajes me mordieran hasta morir, devorándome sin dejar ni los huesos. —¿Tú envidiabas a Mía, incluso sobornaste a los secuestradores para matarla? No mereces obtener la felicidad que le pertenecería a Mía. Al abrir los ojos de nuevo, volví al día en que mi suegra fue secuestrada.
Adiós sin Fecha de Regreso - undefined nobela & mga-kwento
Dulce Gelatina
El día de mi boda, mi prometido y mi hermana Lana tuvieron relaciones en el cuarto de descanso, en donde los atraparon en el acto. Me volví el hazmerreír de todos. Fue mi amigo de la infancia Ramón quien públicamente me pidió matrimonio frente a todos, protegiéndome ostentosamente. Después del matrimonio, me obedecía en todo. Lástima que siempre tuvimos problemas en la intimidad. Hasta que este año, después de la fertilización in vitro, me embaracé. Después de eso me cuidaba aún más. Pensé que él era mi destino. Hasta ese día, que escuché su conversación con un amigo. —Ramón, eres demasiado cruel, Norma te trata tan bien, ¿cómo puedes porque Lana tiene miedo del dolor y no se atreve a parir, cambiar los óvulos para que Norma sea madre sustituta? Además, el bebé va a nacer en dos meses, ¿qué planeas hacer entonces? Ramón se quedó callado un momento, y suspiró. —Cuando nazca el bebé, se lo voy a dar a Lana, para cumplir uno de sus deseos. En cuanto a Norma, le voy a decir que el bebé murió. El resto de mi vida, la acompañaré. Así que era eso. Lo que yo creía que era cariño tierno, era para complacerla a ella. Me di la vuelta y programé un aborto. No quería a ese bebé sucio, y mucho menos ese matrimonio falso.
Las tarjetas del perdón se acabaron - undefined nobela & mga-kwento
Junio
Diego Pinto organizó sesenta y seis viajes solo para pedirme matrimonio. Y fue recién en el intento número sesenta y siete que logró de verdad tocarme el corazón. El día después de la boda, le preparé sesenta y seis tarjetas de perdón. Teníamos un trato: cada vez que me hiciera enojar, podía usar una para ganarse mi perdón sin discusiones. Durante seis años de matrimonio, cada vez que me enojaba por su amiga de toda la vida, él venía y me pedía que le quitara una tarjeta. Pero cuando usó la tarjeta número 64, Diego se dio cuenta de que algo en mí ya había cambiado.
Mi Boda Se Retrasó Ocho Veces y al Final Lo Dejé - undefined nobela & mga-kwento
Gordo
Con solo mencionar los preparativos de la boda, el primer amor de mi prometido salió corriendo en llanto. Luis Enrique me abofeteó con tal fuerza que caí al suelo, mirándome con odio puro: —¿Tan desesperada estás por casarte, Gabriela? ¿Tan patética que necesitas forzarme a esto?¡Posponemos la boda otra vez! Me llevé la mano a la mejilla ardiente, pero ni siquiera latió más rápido mi corazón. Con esta, ya eran ocho postergaciones. De los 28 a los 30 años, esperé en vano una respuesta. Esta vez, hice las maletas en silencio para salir. Al fin entendí: este matrimonio nunca debió existir.
Morí traicionada, renací para destruirlo - undefined nobela & mga-kwento
Lágrima de Papel
El mismo día que me tocó dar a luz, la alumna de mi esposo —embarazada y con el orgullo atravesado— decidió largarse sola a escalar la Cordillera de los Andes. Mientras él se la pasaba buscándola sin dormir, como un desesperado, yo estaba en el hospital, desangrándome en un parto complicado que me mandó directo a terapia intensiva. Cuando por fin abrí los ojos, lo primero que vi fue al médico entregándole a mi esposo el parte donde decía que mi vida estaba en riesgo... y él, en vez de acercarse a darme un poco de consuelo, me aventó en la cara los papeles del divorcio. —Camila es mi mejor estudiante —me soltó, serio—. No me voy a quedar de brazos cruzados viendo cómo hace semejante locura. Tú vas a ser mamá, te toca aguantar. En esa vida no firmé. Apenas salí de la sala de partos, me fui directo a la universidad a denunciarlo por la relación que tenía con su alumna. A ella la terminaron sacando del posgrado, y la presión fue tan fuerte que un día se cortó la garganta delante de mí. Cuando él llegó, ya no había nada que hacer: dos vidas se habían ido de golpe. Él no dijo una sola palabra, organizó el entierro y después me trató como si nada hubiera pasado. Yo, ingenua, pensé que por fin la vida iba a darme un respiro. Pero el día que nuestra hija cumplió un año, él le pisó al acelerador y el carro en el que íbamos se fue directo al precipicio. Ese mismo día... se cumplía un año de la muerte de su alumna. Cuando volví a abrir los ojos, estaba otra vez en la sala de partos, justo en el momento en que casi se me iba la vida.
Me Mandaste Lejos Para Estar Con Ella - undefined nobela & mga-kwento
Leticia Velázquez Morales
Después de pasar cinco años asignada a un proyecto lejos de casa, salí del aeropuerto convencida de que Pablo Alcázar cumpliría su promesa y me pediría matrimonio. Pero me recibió con el rostro impasible. —Perdóname. Antes de que pudiera reaccionar, continuó: —Yo manipulé tu traslado… Te envié a propósito a un proyecto remoto, en una zona desértica de gran altitud del noroeste, para que Verónica y yo pudiéramos estar juntos. Ella estaba embarazada y yo no veía otra salida. Permanecí en silencio, mordiéndome el labio hasta sentir el sabor de la sangre. Cinco años de tormentas de arena, veranos abrasadores, temperaturas invernales de hasta treinta grados bajo cero y jornadas infernales de dieciséis horas. Todo había sido una cárcel diseñada por él. —Eres dominante y agresiva. Temía que le hicieras daño —continuó—. No te lo cuento para que me perdones, sino para que tengas tiempo de calmarte y no armes un escándalo. Su voz estaba cargada de resignación. Retrocedí cuando intentó tocarme y sonreí entre lágrimas. —Pablo, lo nuestro pudo haber terminado con dignidad, pero tú lo convertiste en algo imperdonable.
Mi exesposo millonario me suplicó volver - undefined nobela & mga-kwento
Shelley
Durante la noche de mi boda, fui llevada de urgencia al hospital en una ambulancia después de que un condón manipulado me dejara con un dolor insoportable. La cirugía duró más de veinticuatro horas, y la noticia se propagó como pólvora. Mi esposo, Alexander, hizo saber que cualquiera que lograra fotografiarme en mi estado postoperatorio sería recompensado con diez millones de dólares. De la noche a la mañana, pasé de ser la nueva esposa de un multimillonario a convertirme en el hazmerreír de todos los círculos de élite de New Paradise. Al día siguiente, Dahlia, el amor de la infancia de Alexander, apareció en mi puerta. Fue entonces cuando descubrí la verdad: ella había cubierto el condón con un adhesivo de uso industrial como parte de lo que ella llamó un «experimento social». No mostró ni una pizca de remordimiento. Su tono era frívolo y cruel: —Solo fue un experimento. O sea, ¿cómo se suponía que iba a saber que reaccionarías así? Además, ambas sabemos que nunca fuiste lo suficientemente buena para Alexander. Así que deja de fingir. Alexander se quedó a su lado, con la mirada fría y desdeñosa: —Si no fuera por el contrato matrimonial, nadie te habría tocado. Lo sabes, ¿verdad? Lo que él no sabía era que la mujer a la que estaba llamando zorra le había salvado la vida más veces de las que podía contar.
La gota que colmó el vaso - undefined nobela & mga-kwento
Coco
Mientras el Alfa Leon bailaba con su asistente en la pista, yo bebía vino con los lobos. Para evitar ofender a alguien, permití que su ser embriagado rozara mi muslo con su mano fría. Aún así, Leon nunca me dirigió la mirada. Toda su atención estaba centrada en ayudar a su asistente a apartar un mechón de cabello rebelde de su frente, preguntándole suavemente si tenía hambre. Cuando el banquete terminó, la asistente se quejó de aburrimiento, y Leon se la llevó de inmediato, dejándome atrás para la siguiente ronda de festividades. —La joven loba ha estado muy ocupada con el trabajo últimamente. Solo la llevo a relajarse. A ti no te gustan los bares, así que no nos sigas. Además, no volveré esta noche. Pospondremos la marca de mañana para otro día. Habíamos sido compañeros durante cinco años. Aunque él me dio el título de Luna, nunca me marcó. Esta era la novena vez que, Alfa Leon Gray cancelaba unilateralmente el ritual para marcarme. Así que asentí. Como él siempre estaba ocupado, tal vez esa marca era innecesaria.
Fugitiva con el hijo del magnate - undefined nobela & mga-kwento
Noorie
Llevaba cinco años casada con Ethan Morgan, el magnate más famoso de todo el continente. En el mundo de los negocios, todos daban por hecho que me amaba más que a cualquier cosa. Incluso llegó a registrar una isla privada a mi nombre; un gesto de amor y ternura inimaginable para cualquiera. Sin embargo, un simple mensaje lo destruyó todo... Era su secretaria, Maya. Escribió a mi cuenta oficial, una identidad que nadie conocía, ni siquiera Ethan. Maya: ¡Detalles de salir con un billonario, ya sabes! Dice que su esposa no satisface sus necesidades reales. Solo yo logro excitarlo. Si no fuera porque necesita que ella le dé un heredero, ya estaría fuera de su vida. La foto que acompañaba el texto me destrozó el corazón: se estaban revolcando en la misma isla que él me había dedicado. En ese momento, supe lo que debía hacer. Fue suficiente con hacer una llamada.
El precio de tu traición - undefined nobela & mga-kwento
Belen Reyes
La primera vez que encontré un collar en el auto de mi prometido, su madre me llamó para darme explicaciones: —Eliana, no malinterpretes a Valerio. El collar lo dejé olvidado sin querer. La segunda vez, cuando descubrí dos talones de boletos de cine, su mejor amigo me avisó en el grupo de chat: —Eliana, no pienses mal. Los boletos de cine le pedí a Valerio que me los comprara. La tercera vez, la cuarta... De ahí en adelante, en cada ocasión surgía alguien dispuesto a excusarlo. Hasta la novena vez. Extraje un labial del resquicio del asiento y lo levanté frente a sus ojos: —¿De quién es este labial? La mano de Valerio Ortiz sobre el volante tembló de manera casi imperceptible. Acto seguido, marcó un número con total destreza: —El labial en el auto, ¿a quién se le quedó? Al otro lado de la línea respondieron mi hermano y mi mejor amiga. —¡Con razón Sara no lo encontraba por ninguna parte! —exclamó Diego—. Pero de verdad, ¿otra vez imaginando cosas? Recuerda lo que dijimos todos en la reunión: si vuelves a hacer un drama sin razón, mejor no se casen. —Así es, Eliana. ¿Acaso no te das cuenta de lo bueno que es Valerio contigo? Mejor deja de buscar problemas —se sumó mi amiga Sara. Al colgar la llamada, Valerio me miró con cara de inocente: —¿Y bien? ¿Ya puedes confiar en mí? Ya va la novena vez, Eliana. Si la próxima vas a volver con lo mismo, cancelo la boda... —Mejor ni la hagamos. Cancelémosla de una vez —sonreí levemente y lo interrumpí sin rodeos. Valerio Ortiz no tenía idea de que ese labial no era de su amante ni le pertenecía a mi amiga. Lo había comprado yo misma y lo dejé en el auto a propósito: quería medir el alcance de las mentiras con las que todos le encubrían su infidelidad.
De Novia a Extraña, La Suerte que Gana - undefined nobela & mga-kwento
Iris Empieza
Al despertar de una pesadilla fatal, Liliana se da cuenta de que la vida le ha dado una segunda oportunidad. Ha regresado exactamente al mes anterior a su boda, en el momento en que su padre, Joaquim, la presionaba para cederle su prometido, Pedro, a Renata. En la vida pasada, sufrió en silencio. En esta vida, despertó a la verdad. Ante la hipocresía de su padre, Liliana no derramó una sola lágrima. En cambio, una sonrisa gélida curvó sus labios y propuso un acuerdo impactante. —Acepto —declaró Liliana, con la voz ronca y fría, cortando su discurso de raíz—. Quiero mil millones. Además, quiero la ruptura oficial y definitiva de nuestra relación de padre e hija. Si el afecto familiar es una mercancía barata, ella prefiere cambiarlo por oro. Vendiendo un matrimonio arreglado y renegando de una familia tóxica, Liliana inicia su jornada de venganza y libertad, ya no como la hija obediente, sino como una reina multimillonaria e indomable.
Traición antes del parto: ¿yo soy la amante? - undefined nobela & mga-kwento
Nancy Young
En mi octavo mes de embarazo, mi esposo —agente de investigaciones— por fin logró sacar un poco de tiempo y me acompañó por primera vez al hospital para mi control prenatal. Pero apenas cruzamos la entrada, su teléfono satelital encriptado comenzó a vibrar con insistencia. El nombre en la pantalla apareció solo un instante, pero a él, que siempre se mantiene sereno, le bastó para ponerse tenso de inmediato. —Amor… hay una alerta roja. Acaba de aparecer otro fugitivo internacional. Yo… lo siento… Se le notaba la angustia. Con ese tono firme, propio de quien está acostumbrado a dar órdenes sin réplica, se disculpó a toda prisa… y se fue. Me quedé mirando cómo su todoterreno se alejaba a toda velocidad, hasta desaparecer. Para entonces, mis uñas ya habían destrozado el formulario del control prenatal. Con mi enorme vientre, salí a la calle, detuve un taxi y dije sin perder tiempo: —Hola, siga a ese vehículo. Ja… ¿un fugitivo con alerta roja? Vaya mentira más absurda. Ni siquiera la Oficina de Seguridad Nacional de mi padre recibió ningún aviso. Y él, siendo apenas un simple inspector que solo asistía en los casos… ¿qué “fugitivo” tan urgente tendría que atrapar? “Quiero ver con mis propios ojos quién es ese jefe que se atreve a darle una orden tan urgente”.
La streamer, el empresario y la esposa - undefined nobela & mga-kwento
Gaby
Después de cuatro años de matrimonio, Alejandro Giraldo, quien nunca publicaba en redes sociales, sorprendentemente subió un post: «¡Vaya, gatita golosa y antojadiza!» La foto mostraba a una chica con una diadema rosa de orejas de gato, comiendo barbacoa y sacando la lengua con las mejillas rojas por el picante. Era Mariana Ospina, la nueva presentadora de su empresa. En menos de un minuto, un amigo en común comentó: «¡Te olvidaste de cambiar de cuenta!» Así que la nueva publicación de Alejandro desapareció sumamente rápido, pero pronto reapareció en las redes sociales de Mariana. Poco después, entró la llamada de Alejandro. Antes, yo habría guardado capturas de pantalla y lo habría llamado primero para reclamarle; definitivamente no habríamos terminado sin una pelea. Pero, esta vez, muy consideradamente, esperé hasta que la llamada se cortara sin contestar.
Cuando volví a brillar - undefined nobela & mga-kwento
Rábano indomable
Cuando mi mejor amiga, Camila Torres, me entregó el acuerdo de divorcio que había preparado, me preguntó: —Te tomó cinco años conquistar a Gabriel. ¿Por qué de repente quieres divorciarte? Esbocé una sonrisa. —Porque ya no quiere cenar conmigo. Cinco horas antes, le había enviado a Gabriel Navarro la dirección del restaurante. —Hoy cumplimos tres años de casados. Reservé una mesa aquí. Su respuesta llegó casi al instante. “Estoy ocupado. No tengo tiempo.” Lo perseguí cinco años, llevamos tres años de casados, y al final solo recibí esas cinco palabras. Y también aquella escena en la entrada de su empresa: lo vi subir a un auto, protegiendo a una chica de cabello corto. Durante los cinco años que perseguí a Gabriel, sus respuestas habían pasado de la indiferencia inicial a compartir conmigo cada momento. Y ahora se habían reducido a un repetitivo: “Estoy ocupado. No tengo tiempo.” Pensé que quizá era yo quien había cambiado, que ya no era tan buena como antes. Pero no. Simplemente, ya había otra persona en su corazón. En ese momento sonó mi teléfono. Era el restaurante. —Señora Beltrán, ¿cuántas personas serán esta noche? Guardé el acuerdo de divorcio en mi bolso. —Para una. Sabía que Gabriel había llevado a aquella chica al mismo restaurante. Perfecto. A partir de hoy, podía compartir ese plato con quien quisiera. Ya no tenía nada que ver conmigo. Yo elegiría compartir mi vida conmigo misma.
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