Rose Barbosa
Cristina Santiago se esforzó mucho por ser una esposa dedicada. ¿Y qué recibió a cambio? ¡Una foto de su marido en la cama con su propia hermana!
Nada como unos cuernos en familia para ponerle un poco de emoción a la vida, ¿verdad?
A la hora de firmar el divorcio, decidió contraatacar: besó, justo delante de su ex, al hombre con quien había tenido una aventura de una noche, Ethan Petterson, CEO de la constructora más poderosa del país.
—¿Dijiste que yo era mediocre, aburrida y vacía? Qué extraño… parece que alguien no tuvo ningún problema en encontrarme… fascinante.
Su ex se puso pálido y luego rojo como un tomate podrido.
—¡Tú… zorra! —escupió, perdiendo por completo la compostura.
—¿Zo… qué? —Cristina fingió inocencia—. Ah, ¿quisiste decir “zorrillo”? Pues sí, querido, anoche dejé mi marca como nunca.
—En todos estos años, nunca fuiste capaz de satisfacerla —dijo Ethan con una sonrisa de medio lado—. Tal vez deberías consultar a un urólogo.
Cristina, victoriosa, echó el cabello hacia atrás, dejando al descubierto las evidentes marcas sobre su piel, y declaró delante de todos:
—¡Quiero registrar nuestro matrimonio. AHORA!
El plan era solo una pequeña actuación para provocar a su ex.
¿El problema? Ethan siguió con el juego y, en cuanto Cristina le dio la espalda, ¡firmó los documentos de verdad!
Cristina salió del registro civil divorciada… y casada al mismo tiempo.
Después, se convirtió en la nueva secretaria de Ethan. Pero lo que no sabía era que su jefe no era otro que… su marido secreto.
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