En la Mirada del Alfa
– pregunto Ceres curiosa de saber si Eros en efecto se habría marchado hacia algún sitio y por ello no había insistido mas en que fuese a verlo.
Alfred observo por un instante a la hermosa rubia, podía entender la razón del capricho que había nacido en Eros, Belmont, Auguste y, quizás, un desfile de muchos más, todos parecían perder genuinamente la cabeza por esa hermosa artista de paleta de rubios cabellos y ojos tan profundos que emulaban el color de los zafiros, una belleza pura, el olor de su virginidad era francamente embriagante, una mujer sin mancha que había enloquecido a su amo y lo había convertido en el pésimo líder que actualmente era sin siquiera saberlo.
– Creo que no me he pre