Me encanta ver cómo, en los grupos de amigas, la creatividad para solucionar peleas suele ser tan variada como las personalidades involucradas.
Yo tiendo a proponer una pausa breve cuando noto que la conversación se está yendo a gritos o reproches. Esa pausa no es fría: la uso para bajar la intensidad, tomar agua, mandar un meme tonto y recordar las cosas buenas que hay entre nosotros. Después de ese respiro, prefiero que cada pareja hable en privado con su persona; raramente funciona que tres o cuatro voces intenten dirigir un corazón dolido.
Cuando regreso a la escena, insisto en acuerdos pequeños y concretos: quién hará el primer gesto para disculparse, qué límites se ponen para el futuro y cuándo haremos una pequeña celebración para sellarlo. Me gusta que las soluciones incluyan humor y un plan realista para no volver a lo mismo; al final, priorizo que la amistad y las relaciones no se conviertan en un campo de batalla permanente.