Un amor mexicano
maratones, intentó recodar su perfume, pero el olor de Carolina no lo dejó avanzar, volvió a abrir sus ojos, y negó. —Puta madre, no, no, —cerró los ojos, pero la imagen de su esposa de negocios, siguió apareciendo, dejó de luchar por un momento, recordó el momento de la bañera, sus pechos grandes y bien redondos, los pezones erectos, sus labios chupando y succionando, los gemidos de ella, la curva de su cuello, luego…abrió los ojos, y bajó la mirada, la gran erección de su miembro tiró contra el tiro del pantalón de vestir, resopló, e intentó bajarla, pero era imposible. Se pasó la mano para acariciarse, pero no, sabría que no encontraría la satisfacción que siempre se obsesiona por encont