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Mi Amor, La Condena del Alfa

Mi Amor, La Condena del Alfa

Después de que su alma gemela muriera, el Alfa Killian Thorne pasó diez años guardándome rencor. Yo era la sanadora Omega que él nunca quiso, unida a él por deber, no por amor. Para él, yo era un remplazo. Una cicatriz en una unión que ninguno de los dos pidió. No importaba con cuánto esmero sanara sus heridas, ni con cuánta devoción permaneciera a su lado, lo único que me decía era: —Si en serio quieres complacerme, entonces vete. Pero cuando la muerte vino por nosotros, no fui yo quien cayó. Fue él. Mientras se desangraba en mis brazos, Killian me miró por última vez y susurró: —Ojalá nunca te hubiera conocido… En el funeral, su madre lloraba. —Debió quedarse con Selena. Nunca debí permitir que se fuera contigo. Su padre me quería matar con la mirada. —Te salvó la vida tres veces. ¿Por qué se tuvo que morir él y no tú? Todos lamentaban que se hubiera emparejado conmigo. Incluso yo lo lamentaba. Me expulsaron de la manada sin nada. Sin título. Sin la compensación de una Luna. Sin un hogar al que pudiera llamar mío. Y entonces… quizá la Diosa Luna se apiadó de mí. Me dio una última oportunidad para reescribir el destino. Esta vez, no suplicaré por su amor. Esta vez, no lo ataré al dolor. Esta vez, romperé el vínculo antes de que empiece. Ya podía escuchar los engranajes del destino girando, y esta vez, yo daría el primer paso.
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El amor que ya no vuelve

El amor que ya no vuelve

Regresé a ese momento de mi vida en que mi tío político —con quien no tengo lazos de sangre— había sido drogado con esa droga afrodisíaca. Pero esta vez, no me convertí en su “antídoto”. En lugar de eso, marqué el número de la mujer que él realmente amaba. En mi vida anterior, me enamoré perdidamente de él. Cuando supe que había sido drogado, ignoré su súplica de llamar a su gran amor… y fui yo quien calmó su deseo. Un mes después, quedé accidentalmente embarazada. Por lo que él se vio obligado a casarse conmigo, pero el día de la ceremonia de nuestra boda, su amada —que había viajado al extranjero para olvidar su dolor— fue secuestrada y asesinada. Antes de morir, le hizo ciento noventa y nueve llamadas pidiendo ayuda. Él, que estaba ocupado cumpliendo con la boda, no contestó ninguna. Después… solo se quedó mirando aquellas llamadas perdidas, sin decir una palabra. Hasta que, el día que tenía que dar a luz, me encerró en el sótano. Le rogué que me llevara al hospital. Pero él solo sonrió, con esa frialdad que jamás olvidaré, mientras me veía morir lentamente, sin poder traer al mundo a nuestro hijo. Sus últimas palabras antes de que cerrara los ojos y muriera fueron: —Si no hubieras quedado embarazada, nunca me habrían obligado a casarme contigo. Si no fuera por ti, habría contestado las llamadas de Luz y, ella no habría terminado así. Tú… mereces morir. Y entonces, volví a abrir los ojos. Era ese mismo día, el día en que él había sido drogado con ese medicamento afrodisíaco.
Maikling Kwento · Romance
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La vérité cachée derrière un amour faux

La vérité cachée derrière un amour faux

Lors des funérailles de ma mère, mon fiancé Gervais Plessis est venu présenter ses condoléances accompagné de Célia Bocuse, et devant tout le monde, il a annoncé l'annulation de nos fiançailles, simplement pour l'épouser. Alors que tout le monde se moquait de moi, Kévin Gide, mon ami d'enfance, s'est soudainement agenouillé devant moi et m'a demandé en mariage, avouant qu'il m'aimait depuis de nombreuses années. Émue par sa sincérité, j'ai accepté de l'épouser. Trois ans après notre mariage, je n'avais toujours pas d'enfants. Kévin m'a consolée en me disant que ce n'était pas grave, que tant qu'il m'avait, c'était suffisant. Peu de temps après, j'ai entendu une conversation entre lui et notre médecin de famille : « M. Gide, les pilules contraceptives sont prêtes comme vous l'aviez demandé. Faut-il continuer à lui en donner ? » Kévin a répondu froidement : « Oui, continuez à lui donner. L'épouser était simplement une solution temporaire, et dans mon cœur, seule Célia pourra être la mère de mes enfants. » C'est là que j'ai découvert que ce que je croyais être un mariage heureux n'était en réalité qu'un mensonge. Puisqu'il ne m'aimait pas, je n'avais plus aucune raison de le garder.
Maikling Kwento · Romance
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Une nouvelle vie et un enfant retrouvé

Une nouvelle vie et un enfant retrouvé

Ma sœur jumelle Elaine et moi avons été accouplées aux jumeaux Alpha. Seul le premier bébé né de ma sœur ou de moi deviendrait l'héritier Alpha de la meute. Ma sœur est tombée enceinte un mois avant moi et elle était censée donner naissance à l'héritier en premier, mais j'ai accouché prématurément avec un mois d'avance. Quand j'étais sur le point d'accoucher, j'ai choisi de m'asseoir dans une chambre remplie de potions spéciales qui supprimaient les contractions. En effet, dans ma vie précédente, mon compagnon Alpha Marcus m'avait entraînée dans de l'eau contenant de l'aconit pour retarder mon accouchement. Au bout du compte, mon petit et moi étions morts dans l'eau. L'agonie était insupportable. J'avais sangloté et supplié, l'implorant de m'expliquer pourquoi il me faisait ça. Mais il avait complètement ignoré mes pleurs. Tout ce qui l'intéressait, c'était de précipiter Elaine dans la tanière d'accouchement de la meute. « Mon frère Maël est mort en me sauvant la vie. » m'avait-il alors hurlé. « La seule façon d'honorer cette dette de sang est de faire en sorte que son enfant devienne l'héritier de la meute. Tu peux en vouloir à Elaine autant que tu veux un autre jour, mais pas aujourd'hui, attends encore un peu. » « C'est une potion spéciale, tu seras saine et sauve, fais-moi confiance ! » Saine et sauve ? J'avais souffert dans cette chambre souterraine pendant un jour et une nuit entiers. Mon enfant étouffait dans mon ventre tandis que l'empoisonnement à l'aconit me consumait. Lorsque j'ai rouvert les yeux, j'étais revenue au jour de mon accouchement. Cette fois, je devrais me sauver.
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La Reine (Un contrat avec la bête)

La Reine (Un contrat avec la bête)

Elizabeth, une jeune femme altruiste, essaie vraiment de garder son centre pour enfants à flot. L'occasion se présente quand sa famille la pousse à participer à un concours de beauté, utilisant son envie d'aider les autres pour atteindre ses propres objectifs. Elizabeth accepte quand elle apprend quel sera le gros lot, mais au-delà de l'argent, elle va devoir se marier avec son sponsor pour échapper aux avances du propriétaire du concours et à l'oppression de sa famille. Elle ne se doute pas que son futur mari est l'homme qui l'a sauvée d'une agression une nuit et qu'elle a fui juste à cause de son physique. Que se passera-t-il lorsqu'elle découvrira l'identité de son bienfaiteur ?
Romance
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Mi prometido se arrepintió como un loco

Mi prometido se arrepintió como un loco

Un mes antes de casarme con mi novio, él me preguntó si aprobaba su idea de tener un hijo con otra chica. Rechacé su loca idea y, a partir de entonces, me insistió todos los días. Para mi sorpresa, dos semanas antes de la boda, recibí los resultados positivos de una prueba de embarazo… que no era mía, claro. Fue entonces cuando me di cuenta de que esa chica se había quedado embarazada tres semanas antes. Entonces ¿para qué pedirme permiso si lo iba a hacer de todos modos? A partir de esto, mi amor por él empezó a perderse poco a poco. Por lo que cancelé la boda, destruí todos los recuerdos de nuestra relación y me encerré decididamente en un laboratorio de investigación, el mismo día en el que se celebraría nuestro matrimonio. ¡Mi relación con él terminó allí! ¡En paz!
Maikling Kwento · Romance
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Me Traicionó, y Me Casé con el Don

Me Traicionó, y Me Casé con el Don

Durante cinco años, Marco Falcone fue el hombre perfecto. O al menos eso creía. La ilusión se rompió en la noche de nuestra fiesta de compromiso, cuando su amante irrumpió, acompañada de un niño de cinco años. El niño corrió directamente hacia Marco, llorando: —¡Papá! ¡Papá, finalmente te encontré! Tenía que ser algún tipo de cruel broma. Pero entonces Marco se volvió hacia mí, con la voz despojada de toda calidez: —Este es mi hijo, Leo. Un… error que Sofia y yo cometimos hace cinco años. —Leo es el heredero de los Falcone. Tengo que legitimarlo. Eso significa que primero me comprometeré con Sofia. —Pero Lydia, créeme, todavía te amo. Podemos celebrar nuestra fiesta de compromiso en seis meses. Vas a ser la Donna de la familia Falcone. Espero que seas generosa y comprensiva. Esto no es negociable. Reí, un sonido frío y cortante, y deslicé el anillo de compromiso de mi dedo. Mis ojos recorrieron la sala y se fijaron en el hombre en la esquina: Lorenzo Moretti, el Don más poderoso de Nueva York. Tenía otro título, uno que solo yo conocía: el hombre que había estado tratando de hacerme suya. —Don Moretti, —llamé, con la voz clara y firme—. Me encuentro en necesidad de un nuevo prometido. ¿Está interesado?
Maikling Kwento · Mafia
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Mentiras en el corazón de un mafioso

Mentiras en el corazón de un mafioso

Aquel día, en nuestro quinto aniversario de boda, recibí una llamada. Era el encargado del fondo familiar: le avisaba que una de las piezas almacenadas estaba por vencer y debía retirarla cuanto antes. Mi esposo, Mateo Fuentes, también conocido como el jefe de la mafia, estaba tan ocupado que ni siquiera se tomó un minuto para pensarlo. Así que decidí ir yo a recoger la caja. Dentro encontré un rollo de película antigua. El responsable me advirtió que, si no la revelaba pronto, el material se estropearía con el tiempo. Cuando por fin la revelé, cada fotografía mostraba a Mateo con Elsa Lara, su primer amor, sonriendo de una forma tan dulce que me dejó sin aliento. Y en todos sus álbumes, ni una sola foto mía. De repente, la puerta de la oficina se abrió de golpe. Mateo entró alterado, visiblemente molesto, y preguntó con impaciencia: —¿Anita Silva, estás revisando mi privacidad? Lo miré con calma. No grité, no pregunté nada. Solo dije: —Divorcémonos. Su expresión se endureció. Sin decir una palabra, tomó las fotos y las metió en la trituradora. Cuando el ruido cesó, se giró hacia mí y soltó: —Ya las destruí. ¿Y aun así quieres divorciarte? Una sonrisa amarga se me escapó. —Sí.
Maikling Kwento · Mafia
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Una Bala por su Verdadero Amor

Una Bala por su Verdadero Amor

Yo solo era una estudiante que no podía pagar la colegiatura. Durante cinco años, también fui la amante secreta del jefe de la mafia Dante Costello. Públicamente, era su restauradora de arte personal. En privado, pasaba las noches haciéndome suya, abrazándome fuerte y besándome hasta dejarme sin aliento. Entonces su familia arregló su compromiso. Con Isabella Rossi. Una princesa de una familia rival. En su fiesta de compromiso, Isabella me clavó un fragmento de cristal roto en el dorso de la mano. Me obligó a disculparme. Con ella. Por haber hecho una escena. Conteniendo las lágrimas, incliné la cabeza ante Isabella. Cuando ella perdió una apuesta y tuvo que jugar a la ruleta rusa; una bala, seis recámaras, él me obligó a tomar su lugar. Me temblaba la mano mientras me apuntaba con la pistola a la cabeza. —Una vez me salvaste la vida —le dije—. Ahora te la devuelvo. En el momento en que desaparecí de su mundo, el despiadado jefe de la mafia que lo tenía todo bajo control... perdió la cabeza.
Maikling Kwento · Mafia
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Miope y perdida en el juego del terror

Miope y perdida en el juego del terror

Cuando entré en aquel juego de terror, mi miopía extrema me jugó una mala pasada. Con la poca visibilidad que tenía, a la niña fantasma del vestido rojo la consideré como si fuera mi propia hija. Al Boss lo adopté ni más ni menos que como a mi esposo, y a esas criaturas viejas y extrañas, las traté con esmero al verlas mis propios padres. La primera vez que me topé con el Boss, no pude evitar acercarme y darle un toquecito en los abdominales mientras le decía: —¡Qué cuerpazo te cargas, mi vida! Lástima que estés tan chaparrito... Él soltó una risa bastante tensa, se puso la cabeza que tenía cortada de vuelta en el cuello, y mostrándome los dientes me soltó: —¡Mido un metro ochenta y seis! ¿Y ahora qué me dices?
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