OBSESIVO
Y al día siguiente, él pagaba la exorbitante cuenta de sus amigos y se iba, para volver dentro del mes siguiente.
Era un hombre joven, de unos 22 años, muy bien parecido. Tenía un rostro hermoso, de rasgos marcados y masculinos, junto a una mirada muy negra y una tersa piel trigueña; sus labios eran carnosos y sus ojos, siempre vacíos, estaban repletos de largas e impresionantes pestañas rizadas. Pero su personalidad era un asunto muy diferente a su apariencia: intimidante, serio, callado, y de cortas y secas palabras. Iba allí cada mes, aunque saltaba a la vista que no obtenía ningún placer al visitar una "casa de citas" como cualquier otro hombre.