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Presidente Arrepentido, Amor Tardío

Presidente Arrepentido, Amor Tardío

El mismo día en que confirmó su nuevo embarazo, Valeria Soto hizo otro descubrimiento devastador: su esposo, Javier Vega, ya compartía un hogar con Alicia Castillo, la joven becaria de escasos recursos a quien ella misma había ayudado. Resultaba que, mientras Valeria se consumía en la aflicción por la pérdida de su hijo, Javier celebraba con su amante el nacimiento de su vástago. Resultaba que la compañía que ella había fundado con sus propias manos, ya había sido usurpada por la amante. Resultaba que incluso la casa conyugal, que creía su exclusiva, tenía una réplica idéntica que Javier había construido para la otra. En ese instante, todo rastro de amor por Javier se esfumó de su pecho, dejando solo un odio denso y amargo. Valeria escondió el informe de embarazo y exigió el divorcio con una frialdad decisiva. Pero Javier, con su tono autoritario de siempre, respondió: —Valeria, si te arrepientes y me suplicas ahora, puedo hacer como que ese acuerdo de divorcio no existe. Ella se volvió para marcharse, lanzando con serenidad: —Señor Vega, nos vemos en la oficina del registro civil para el divorcio. Tiempo después, fue Javier quien finalmente bajó su orgullosa cabeza. Frente a una Valeria renovada e impresionante, suplicó con arrepentimiento que volviera a mirarlo siquiera una vez. Ella, sin embargo, solo esbozó una sonrisa distante: —Señor Vega, llegó demasiado tarde. Ya nunca más latirá mi corazón por usted.
Romance
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Mi Amor, La Condena del Alfa

Mi Amor, La Condena del Alfa

Después de que su alma gemela muriera, el Alfa Killian Thorne pasó diez años guardándome rencor. Yo era la sanadora Omega que él nunca quiso, unida a él por deber, no por amor. Para él, yo era un remplazo. Una cicatriz en una unión que ninguno de los dos pidió. No importaba con cuánto esmero sanara sus heridas, ni con cuánta devoción permaneciera a su lado, lo único que me decía era: —Si en serio quieres complacerme, entonces vete. Pero cuando la muerte vino por nosotros, no fui yo quien cayó. Fue él. Mientras se desangraba en mis brazos, Killian me miró por última vez y susurró: —Ojalá nunca te hubiera conocido… En el funeral, su madre lloraba. —Debió quedarse con Selena. Nunca debí permitir que se fuera contigo. Su padre me quería matar con la mirada. —Te salvó la vida tres veces. ¿Por qué se tuvo que morir él y no tú? Todos lamentaban que se hubiera emparejado conmigo. Incluso yo lo lamentaba. Me expulsaron de la manada sin nada. Sin título. Sin la compensación de una Luna. Sin un hogar al que pudiera llamar mío. Y entonces… quizá la Diosa Luna se apiadó de mí. Me dio una última oportunidad para reescribir el destino. Esta vez, no suplicaré por su amor. Esta vez, no lo ataré al dolor. Esta vez, romperé el vínculo antes de que empiece. Ya podía escuchar los engranajes del destino girando, y esta vez, yo daría el primer paso.
Short Story · Hombres Lobo
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Amante En La Sombra

Amante En La Sombra

Pasé tres años enamorada de Santiago Mendoza, el mejor amigo de mi hermano. Él jamás quiso hacer pública nuestra relación. Pero nunca dudé de su amor. Después de todo, tras haber estado con 99 mujeres, desde que estaba conmigo ni siquiera miraba a otras. Incluso si solo era un simple resfriado, él dejaba proyectos de millones de dólares en el acto y volaba a casa para cuidarme. Llegó mi cumpleaños. Feliz, me preparaba para contarle a Santiago que estaba embarazada. Pero por primera vez, se olvidó por completo de mi cumpleaños y desapareció sin dejar rastro. La sirviente me dijo que había ido al aeropuerto a recibir a alguien muy importante. Me dirigí al aeropuerto. Allí lo vi, con un ramo de flores en las manos y el rostro tenso, esperando a una joven. Una joven que se parecía mucho a mí. Más tarde, mi hermano me contó que ella era el primer amor que Santiago nunca podría olvidar. Santiago se enfrentó a sus padres por ella, y cuando ella lo dejó, perdió la cabeza y buscó 99 parecidas para sobrellevar el dolor. Mi hermano lo dijo con admiración, conmovido por lo profundo que podía ser Santiago. Lo que no sabía era que su propia hermana era solo una más entre esas sombras del pasado. Los observé a los dos durante un largo, largo rato. Luego, di media vuelta y volví al hospital. —Doctor, no quiero tener a este bebé.
Short Story · Romance
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Regreso a Hace Diez Años

Regreso a Hace Diez Años

Después de la muerte de su amada, Leandro Fuentes me odió durante diez años. Intenté acercarme a él de todas las formas posibles, pero él solo me lanzaba una sonrisa helada. —Si de verdad quieres agradarme... mejor muérete. Aquella frase me atravesó el pecho como una daga. Pero el día que un camión se lanzó contra mí, fue él quien dio su vida para salvarme, muriendo en un charco de sangre. Antes de cerrar los ojos para siempre, me miró profundamente y dijo, con voz entrecortada: —Si tan solo... nunca te hubiera conocido. En el funeral, la madre de Leandro, doña Eugenia, se aferraba a su retrato mientras las lágrimas le nublaban la vista. —¡Yo debí dejarlo estar con Clarisa! ¡Nunca debí forzarlo a casarse contigo! Su padre, don Ernesto, me fulminó con la mirada, y, con la voz cargada de rabia, añadió: —¡Leandro te salvó tres veces! ¡Era un hombre excepcional! ¡¿Por qué no moriste tú en su lugar?! Todos, absolutamente todos, lamentaban que él se hubiera casado conmigo. Incluso yo. Me echaron del funeral como si fuera una ladrona de paz. Sin rumbo, como un alma errante, caminé sin saber a dónde ir. Tres años después, un avance científico rompió las barreras del tiempo: se creó una máquina capaz de llevarnos al pasado. Y yo... yo volví. Esta vez, decidida a no volver a cruzarme con Leandro, a dejar que él y Clarisa estén juntos. Esta vez, haré feliz a todos... aunque eso signifique desaparecer de sus vidas.
Short Story · Romance
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La Santa Elige un Alfa Diferente

La Santa Elige un Alfa Diferente

Nací siendo una omega frágil, pero mi don de profecía me convirtió en la Santa de las Manadas del Norte. El Consejo de Ancianos exigió que eligiera un compañero entre los Alfas de las grandes manadas. El Alfa que elegí estaba destinado a guiar al Norte a la victoria y ser coronado como el Rey Alfa. Entonces, elegí al Alfa Kane sin dudarlo. Me había salvado la vida una vez. El día de nuestra ceremonia de unión, me sonrojé y temblé cuando clavó sus dientes en mi cuello. Pero en el momento en que nos unimos, su verdadero amor, Scarlett, quien también era su Beta de la infancia, enloqueció de celos. Ella intentó envenenarme, y por su crimen, los Ancianos la exiliaron. Murió en el camino. ¿Y yo? Usé mis profecías para ayudar a Kane a ganar la guerra, para llevarlo al trono. Pero, tras su coronación, clavó una hoja de plata en mi corazón. Él me asesinó. —¡¿Por qué no la salvaste?! ¡¿Por qué no la salvaste?! Solo entonces lo comprendí. Él me había odiado desde siempre. Abrí los ojos de nuevo... y había regresado. Regresé al día en que tuve que elegir a mi compañero Alfa. Él estaba de pie frente a mí, arrogante como siempre. Pero no perdió la cabeza hasta que se dio cuenta de que había elegido a un Alfa maldito. Lo vi arrodillarse, implorando por mi perdón. Pero en esta vida, no habría profecías de mi parte para él. Veamos cómo sobrevive a la guerra ahora.
Short Story · Hombres Lobo
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Me Humilló por Pobre, y Ahora Me Suplica

Me Humilló por Pobre, y Ahora Me Suplica

Mi novia, Isabel Sánchez, es la heredera de la familia más poderosa de la capital. Su fortuna supera los cien mil millones de dólares. Para ponerme a prueba, durante siete años de relación, nunca me regaló nada, nunca gastó un solo centavo en mí. Ni siquiera cuando iba a comprar parches anticonceptivos: insistía en pagar a medias. Después, mi madre se enfermó de gravedad. Les pedí dinero a todos los familiares y amigos que pude. Solo me faltaban dos mil dólares para cubrir el costo de la cirugía. Le supliqué, le rogué. Pero Isabel no me prestó ni un dólar. Tuve que pagar yo solo los gastos del funeral de mi madre. Cuando regresé a casa para recoger mis cosas, encontré por casualidad una lista de regalos que le había comprado a Marco Aguiñaga: una villa de lujo, bolsos de marcas exclusivas, trajes de gala masculinos de alta costura… También encontré los audios en el grupo con sus amigos: —Isabel, ¿es cierto que César se arrodilló para pedirte dos mil dólares? Isabel se rió con frialdad; su voz sonó despreocupada, casi divertida. —Marco tenía razón: quien se arrodilla por tan poco dinero no es más que un interesado. Apenas llevamos siete años juntos y ya está desesperado por sacarme dinero. Resultó que siete años de "prueba" no valieron más que un comentario venenoso de su vecinito de al lado. No importa. Desde el momento en que mi madre murió, ya lo había decidido: desaparecer de su vida para siempre.
Short Story · Romance
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Luna de Miel: el Precio del Esposo

Luna de Miel: el Precio del Esposo

Mi esposo, Alejandro Montoya, el presidente del grupo, creyó que los tres meses de frialdad calculada que, por iniciativa propia, me impuso finalmente habían dado resultado, cuando se enteró de que yo había cedido voluntariamente un proyecto millonario a su asistente favorita. Convencido de que ya me había “domado”, propuso llevarme a Nordella para nuestra luna de miel. Pero cuando Sofía Vega, la asistente a la que más consentía, se enteró, los celos la desbordaron y armó un escándalo, amenazando con renunciar a la empresa. Mi esposo, que siempre la había consentido, entró en pánico. Después de pasar tres días y tres noches atendiendo sus caprichos, usó un viaje de negocios como excusa para cancelar nuevamente nuestra luna de miel y entregarle el otro boleto a Sofía. Mas tarde, me explicó todo con total indiferencia. —El amor y los sentimientos son cosas sin importancia, lo importante es el trabajo. Como jefe, debo poner a la empresa en primer lugar. Tú eres mi esposa, deberías apoyarme, ¿no? Miré el celular, en el último estado de Sofía, aparecía una foto de ambos, con las cabezas juntas y las manos formando un corazón, como una pareja enamorada. No dije nada, solo asentí. Alejandro creyó que me había vuelto comprensiva y madura. Quedó muy satisfecho e incluso prometió que, al regresar al país, me compensaría con una luna de miel aún más romántica. Lo que no sabía era que yo ya había presentado mi renuncia. Y que él mismo había firmado, hacía tiempo, el acuerdo de divorcio. Entre él y yo, ya no existía ningún futuro.
Short Story · Romance
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El Arquitecto De Mi Refugio

El Arquitecto De Mi Refugio

Vanessa León tuvo un noviazgo de cinco años que fue el tema de conversación en todo Cartaluz por lo apasionado que era. Sin embargo, el día que debían presentarse en el registro civil, la dejó plantada. Vanessa se hartó. Hizo la promesa de terminar con todo y convertir a su prometido en un simple exnovio. Pero, tras recibir una llamada y por impulso, terminó casándose con Rafael Cisneros, el hermano mayor de su ex. Él era alguien con quien ella siempre había tenido una relación distante y poco frecuente. *** Rafael era el heredero más respetado de Cartaluz. Fundó un imperio financiero en el extranjero y se convirtió en un tiburón de los negocios al que todos temían. Tras la boda, él se dedicó a consentir a Vanessa al máximo, cumpliendo cada uno de sus caprichos. En una ocasión, su ex intentó humillarla y dijo que ella no valía nada. Rafael le dio un golpe que lo mandó al suelo. —Mi esposa es lo más valioso que tengo y mi mayor tesoro. No me importa cómo sea, yo la voy a adorar siempre. Si te atreves a decirle una sola palabra más, te largas de la familia y te borro de la historia de los Cisneros. Mucho tiempo después, Vanessa descubrió que aquel hombre al que tanto respeto le tenía, llevaba diez años enamorado de ella en secreto. Todo lo que había pasado fue parte de un plan que él había preparado con paciencia.
Romance
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Me Llamó Interesada y Me Perdió

Me Llamó Interesada y Me Perdió

Mi novio, Pablo Pimentel, es el heredero de la familia más poderosa de la capital. Su fortuna supera los cien mil millones de dólares. Para ponerme a prueba, durante siete años de relación, nunca me regaló nada, nunca gastó un solo centavo en mí. Ni siquiera cuando iba a comprar condones: insistía en pagar mitad y mitad. Después, mi madre se enfermó de gravedad. Les pedí dinero a todos los familiares y amigos que pude. Solo me faltaban dos mil dólares para cubrir el costo de la cirugía. Le supliqué, le rogué. Pero Pablo no me prestó ni un dólar. Tuve que pagar yo sola los gastos del funeral de mi madre. Cuando regresé a casa para recoger mis cosas, encontré por casualidad una lista de regalos que le había comprado a Sara García: una villa de lujo, bolsos de marcas exclusivas, joyas valoradas en cientos de millones de dólares… También vi los audios en el grupo con sus amigos: "Pablo, ¿es cierto que Leticia se arrodilló para pedirte dos mil dólares?" Pablo se rió con frialdad, su voz sonó despreocupada, casi divertida. "Sara tenía razón: quien se arrodilla por tan poco dinero no es más que una interesada. Apenas llevamos siete años juntos y ya está desesperada por sacarme dinero." Resultó que siete años de "prueba" no valieron más que un comentario venenoso de su vecinita de al lado. No importa. Desde el momento en que mi madre murió, ya lo había decidido: desaparecer de su vida para siempre.
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Despedida de Siete Días

Despedida de Siete Días

Mis padres adoptaron a un huérfano. Yo le tomé mucho cariño y lo quería como a un hijo propio. Hasta que me di cuenta de que se parecía cada vez más a mi esposo, Javier Mendoza, y que a mi hermana menor llamaba "mamá" a escondidas. Resultó que mi esposo que tanto amaba me había sido infiel desde hacía tiempo. Él y mi hermana habían formado una feliz familia en secreto. Hasta contaban con la bendición de mis padres. Cuando todo se supo, mi hermana me rogó que los dejara ser felices, y mis padres me ordenaron que les cediera el lugar. El niño que había criado con todo el amor me gritó que ojalá muriera de la peor manera. Pero lo que nadie esperaba era que Javier se negara al divorcio. Lloraba suplicándome perdón, diciendo que me amaba profundamente y que lo del niño había sido solo un error. Fingí creer en su pasión y le dije: —Siete días. Te doy siete días. Si logras demostrarme tu sinceridad, te perdonaré. Él, eufórico, cumplió mi cada deseo y me trató como a un tesoro. Hasta donó todos sus ahorros a mi nombre y obligó a mi hermana a arrodillarse en la nieve para pedirme perdón. Todos pensaron que al final lo perdonaría, hasta el día en que la policía vino a pedir la identificación de un cadáver. Ese día él enloqueció por completo. Lo que Javier nunca supo es que en realidad yo llevaba siete días muerta. La Muerte me había permitido regresar por siete días para darle mi propia despedida.
Short Story · Romance
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