Cautivando tu corazón
— escuché su voz lejana, por lo que encendí el reproductor, poniendo cada audífono en mis oídos para no tener que oírlo más.
Una canción tan deprimente y llena de mensajes que caían justo como sal en la herida, estalló en mis oídos, llevándome a hundir de a poco la afilada hoja de la cuchilla en mi muñeca. El ardor que sentía en mi carne no se podía comparar al que habitaba en mi alma, por lo que, con deseos de borrar esas marcas de aquel lugar, hice un corte más profundo que el anterior. La bañera y mi piel no tardó en teñirse de rojo, era tanta la sangre que salía de mi muñeca, que me vi en la necesidad de sentir ese ardor una vez más y de verme totalmente cubierta de mí misma sangre.