Noches de Suspiros
El asiático se va, y yo me quedo pensando en sus palabras.
Él me extiende una tarjeta dorada, lo miro atentamente para segundos después tomarlo.
-Es tu acceso para todo el lugar y consumición libre. – mis ojos se abren.
-No es necesario, no estaré mucho tiempo aquí.
-Cortesía de la casa, para cada vez que quieras venir, no necesariamente a practicarlo. – me extiende ahora un carnet, con un código bajo el seudónimo de Cielo. Mi ceño se frunce, y cuando lo voy a tomar, me lo arrebata nuevamente y se acerca para colocármelo el mismo en el pecho izquierdo.