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Cuando me tuviste, no me viste

Cuando me tuviste, no me viste

Dos semanas antes de la boda, Nelson decidió posponerla una vez más. —Ivana inaugura su primera exposición de arte ese día —me dijo—. Estará sola y nerviosa. Tengo que estar ahí para apoyarla. Al final, tú y yo ya estamos juntos, ¿qué más da casarnos un día antes o después? Pero ya era la tercera vez que aplazaba nuestra boda por aquella mujer. La primera, Ivana acababa de operarse y sentía nostalgia de la comida de su tierra, por lo que Nelson no dudó en viajar al extranjero y quedarse con ella durante dos meses. La segunda, Ivana decidió irse al bosque en busca de inspiración para pintar y él, preocupado por su seguridad, fue tras ella. Esta era la tercera. Colgué la llamada y miré a César, mi amigo de toda la vida, quien se encontraba sentado frente a mí, relajado, jugando con su bastón de esmeralda, cuyo golpeteo en el piso de mármol rompía el silencio entre nosotros. —¿Todavía necesitas esposa? —le pregunté, sonriendo con picardía. El día de mi boda, Ivana sonreía radiante, copa en mano, esperando el brindis del hombre a su lado. Pero él, con los ojos rojos, observaba en silencio la transmisión en vivo de la boda del heredero del Grupo Santos, el imperio inmobiliario más grande del país.
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En esta vida no tengo corazón para amar

En esta vida no tengo corazón para amar

La infancia de Adrián Rivas estuvo marcada por su primer amor. Pero cuando ella murió, él me odió durante diez largos años. Al día siguiente de nuestra boda, pidió ser enviado a una misión en la frontera. Durante una década le escribí incontables cartas, intentando acercarme una y otra vez… pero su respuesta siempre era la misma: —Si de verdad te sientes culpable… entonces muérete pronto. Hasta que un día fui secuestrada. Y él, solo y sin refuerzos, irrumpió en el escondite de los criminales para salvarme, recibiendo varias balas por mí. Antes de morir, con sus últimas fuerzas, me apartó bruscamente la mano y dijo: —Lo que más me arrepiento en esta vida… es haberte tomado por esposa. Si existiera otra vida… te ruego, no vuelvas a buscarme. En el funeral, la madre de Adrián lloraba de arrepentimiento. —Hijo mío, ha sido culpa mía… yo no debí obligarte. Su padre, lleno de odio, me gritó entre lágrimas: —Mataste a Clara, y ahora también a mi hijo. ¡Eres una desgraciada! ¿Porqué no te mueres tú también? Incluso el comandante, que insistió para que nos casáramos, bajó la cabeza con remordimiento. —Fue mi error, no debí separar a dos enamorados… Le fallé al camarada Adrián. Todos lamentaban la muerte de Adrián, incluyéndome a mí. Esa misma noche, fui expulsada del ejército y quedé sin ningún rumbo. En medio de la nada, en un campo solitario, bebí veneno y morí. Pero al abrir los ojos otra vez… regresé al día antes de nuestra boda. Esta vez, decidí cumplirles el deseo a todos.
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Hundida en su amor

Hundida en su amor

Siempre tuve el presentimiento de que Mateo fue obligado a casarse conmigo. Pero cada noche en la intimidad, cuando estábamos juntos, él prefería acariciarme y ayudarme con sus manos antes que realmente hacerme suya. Con el tiempo, mi corazón empezó a enfriarse y, ya cansada de sentirme rechazada, decidí pedir el divorcio. Pero la noche antes de imprimir los papeles, escuché por accidente una conversación en la terraza entre Mateo y sus amigos. —Mira, no es por meterme, —dijo uno de ellos—. pero la deseas como un loco, entonces ¿por qué no la tocas? Tienes a una mujer perfecta a tu lado. —Las mujeres no soportan que las ignoren —agregó otro—. Si sigues reprimiéndote así, algún día se irá con otro hombre, y después te arrepentirás. Mateo guardó silencio un momento antes de responder en voz baja: —Su piel es demasiado delicada… su cintura tan fina y sensible… Si pierdo el control, podría asustarla. Además, es mi mujer, tengo que ser cuidadoso con ella. Si alguna vez necesita buscar consuelo en otro lugar… tampoco pasa nada. Mientras siga queriendo volver a mi lado, yo seguiré cuidándola y consintiéndola. Al escuchar eso, varios amigos soltaron una risa burlona. —Ya deja de hacerte el santo, si lo fueras, entonces deja de buscar esas cosas a escondidas en Google. Esa misma noche, movida por la curiosidad, abrí el historial de su navegador. Había más de cien búsquedas… y todas decían lo mismo: “Finalmente me casé con la chica que he amado en secreto durante años. Tengo un fuerte deseo por ella… ¿cómo puedo hacerla disfrutar sin lastimarla ni dejarle un trauma?”
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Por ti, pero no más

Por ti, pero no más

En la manada hay una regla de oro: el heredero Alfa nunca debe tener a una humana como compañera. Pero César Oliveira, el Alfa, rompió ese juramento y me marcó. Para estar conmigo, desafió al Consejo de Ancianos sin pensarlo, recibió noventa y nueve latigazos y fue condenado a arrodillarse frente al altar durante tres días y tres noches. Aunque su camisa estaba hecha trapo por la sangre, me sostuvo la mirada y me regaló una sonrisa. —Alicia, no tengas miedo, solo te quiero a ti. Al final, el consejo cedió y aceptó que nos fuéramos, pero a cambio, César debía dejar un heredero de linaje puro para la manada. Desde ese momento, la palabra que más escuché de su boca fue: "Espera." La primera vez, me pidió que esperara porque necesitaba que otra loba quedara embarazada. Así fue. Se acostó con Gloria... hasta que ella esperó su primer cachorro. La segunda vez, me pidió que esperara una vez más, porque esa vez fue una cachorra, y el consejo se empecinaba en que tenía que ser un cachorro. Así que volvió a acostarse con Gloria innumerables veces, hasta que ella quedó embarazada de un cachorro. Justo cuando pensé que, por fin, la espera había llegado a su fin, esa cachorra, recién bautizada, ingirió acónito por accidente. Todos asumieron que yo había sido la culpable. Cuando me metieron en esa cámara de congelación, a veinte grados bajo cero, César estaba en la puerta, con los ojos inyectados en sangre. —Te dije que esperaras... —me lanzó una mirada fría, tan helada que me quitaba el aliento—. Sabes lo que significa el veneno de lobo para nosotros, ¿por qué le hiciste daño a mi cachorra? ¡Qué locura! Sentí un tirón en el pecho, como si me hubieran arrancado el alma. Mis uñas se hundieron en la palma de mi mano, y no sentí dolor. Cuando la puerta de la cámara se abrió de nuevo, abrí mi mano, que estaba bañada en sangre. Esta vez, no esperaría ni un minuto más.
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Términos de Rendición

Términos de Rendición

Romance, seducción y un dulce sabor a venganza. Destruida por la traición de su prometido, Patricio Garza, Valeria Rivas hace lo impensable en una noche de desesperación: llama a la puerta de Damián Figueroa, el enigmático y peligrosamente atractivo magnate al que todos temen y desean en secreto. Lo que sigue es una noche de rendición absoluta, un fuego que consume toda razón y la deja marcada para siempre. Para Valeria, fue un acto impulsivo de revancha contra el hombre que le rompió el corazón. Poco imaginaba que acababa de caer en la red exquisitamente tejida por Damián, un hombre acostumbrado a conseguir siempre, exactamente, lo que desea. Valeria Rivas, antes la joya de la alta sociedad, admirada por su belleza, pero tristemente célebre por haberse humillado por amor a Patricio. La infidelidad la convirtió en el foco de los chismes de la ciudad, un hazmerreír público. ¿Quién diría que su caída más estrepitosa la llevaría directamente a los brazos del hombre más poderoso e inalcanzable de todos? Ella creyó que esa noche prohibida sería un borrón y cuenta nueva, un adiós silencioso. Él decidió que era solo el principio de su plan. Damián Figueroa no estaba dispuesto a soltar a la mujer que había despertado algo inesperado en él. Una noche, él la acorrala en su puerta. Su mirada arde con una mezcla de reproche y una posesión que la hace estremecer. —¿Creíste que podías usarme y luego marcharte como si nada? Desde entonces, escapar se vuelve una fantasía inútil. Cada noche, Damián la reclama, llevándola al límite entre el dolor y un placer adictivo que la deja temblando, agotada pero sintiéndose, para su propia confusión, más viva que nunca. «¡Dios mío! ¿Por qué este hombre... por qué es tan imposible resistirme a él?»
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La Luna que se negó a arrodillarse

La Luna que se negó a arrodillarse

Le di tres años de mi vida, solo para que me trataran como a una simple sustituta… peor que a un perro. Cuando su llamada “luz blanca de luna” regresó, me apartó sin dudarlo. Está bien. Acepté la alianza familiar y me casé con el Alfa más poderoso del Norte. ¿Ahora se arrepiente y me ruega que vuelva? Demasiado tarde. Confabularon contra mí con aconita, queriendo que muriera en un sucio sótano. Pero mi compañero —el verdadero Rey del Norte— arrasó con toda la hacienda solo para salvarme. Intentaron robar mi linaje alfa con magia oscura. Los hice saborear el exilio, convertidos en renegados, despreciados por todos. ¿Y él? Se arrodilló ante mí, suplicando por perdón. Yo me refugié en los brazos de mi compañero y lo vi ser desterrado para siempre. —Ángel —le dije con frialdad—. —Abre los ojos. Yo soy la única Luna del Norte.
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Por Infidelidades del Destino

Por Infidelidades del Destino

—Papi... ¿así te gusta? En la cama de otro... hazme tuya... ¿así te gusta, papi? Esa madrugada, mi cuñada estaba desnuda, boca abajo sobre la cama, empujando una y otra vez su trasero redondo y firme hacia atrás. Hasta los gemidos le salían temblorosos, con cara de que estaba bien satisfecha...
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Renacer en el Palacio: La Venganza de Carmen

Renacer en el Palacio: La Venganza de Carmen

La boda con Diego Velázquez, heredero al reino, se vio empañada por la tragedia. María de Mendoza, la hija adoptiva de Lola —la nana que había cuidado a Diego desde niño—, se quitó la vida. La encontraron ahorcada, vestida con un traje de novia. El vino de la boda resbaló de las manos de Diego. Tras un largo silencio, soltó con voz fría, sin una pizca de emoción: —Dale una buena suma de dinero a Lola. Y asegúrate de que María tenga un entierro digno. Y no dijo más. Continuó con la ceremonia como si nada hubiera pasado, como si aquello no le afectara. Cinco años después, la víspera de que Diego ascendiera al trono, recibí la noticia: no podía tener hijos. Me envió a un convento, donde pasaría el resto de mis días, con la condición de no volver a pisar el palacio. Esa misma noche, me mostró una fotografía de María y, sin inmutarse, me dijo: —Cuando ella murió, llevaba mi hijo. Si no fuera por la influencia de tu familia en la corte, dime, ¿cómo habríamos terminado casándonos? ¿Y qué habría sido de María? —Carmen Pimentel, no sirves ni para ser madre. Quédate aquí, reza y paga por tus pecados. Ora por el alma de María y de nuestro hijo. En menos de un año, mi familia Pimentel fue acusada de traición y todos fueron ejecutados. Yo, por mi parte, morí de un infarto, desangrándome por la boca. Cuando volví a abrir los ojos, me encontré de vuelta en el día de mi boda, justo antes de entrar al palacio.
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Mis Hermanos Prefirieron A Mi Asesina Que A Mí

Mis Hermanos Prefirieron A Mi Asesina Que A Mí

Mi hermana adoptiva, Clara, me tendió una trampa. Afirmó que la obligué a beber sangre de bestia. El terror, según ella, le provocó un ataque al corazón. Debido a eso, mis tres amados hermanos vampiros me encerraron. Me atraparon en el observatorio, en la torre más alta, vinculada por una maldición de sangre. Golpeé la puerta, impotente, explicando y suplicándoles que me dejaran salir. Damien, mi hermano mayor y jefe de nuestra familia, me atravesó con una mirada de fría decepción. Luego, me dio la espalda. —Tu egoísmo tiene un límite, Lilith. Clara es una humana frágil. ¡Tiene una afección cardíaca! ¿La obligaste a tragar esa inmundicia? ¿Intentabas matarla? No quiero volver a ver este lado cruel de ti. Quédate aquí y piensa en lo que has hecho. Ethan, la estrella de rock, y Julian, el arquitecto gótico, ni siquiera pudieron mirarme. Sus voces estaban tensas por la ira y el agotamiento. —¡Soportamos tus berrinches, pero no para que lastimaras a nuestra familia! Nos has fallado, Lilith. Quédate ahí dentro y comprende lo que hiciste mal. Luego, levantaron con cuidado a la "inconsciente" Clara y desaparecieron por el pasillo. Pero ellos no lo sabían. El observatorio solo debía abrirse por la noche, pero algo falló. Cuando llegó la mañana, la cúpula no se cerró. La luz del sol, mortal para nosotros, entró directamente. Mi poder se evaporó. Mis gritos se convirtieron en silencio. Me convertí en cenizas. Tres días después, mis hermanos regresaron con una Clara "recuperada". Solo entonces se acordaron de mí. No tenían idea de que el sol ya me había ejecutado.
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Mientras Daba a Luz, Él Se Casó con Mi Hermana

Mientras Daba a Luz, Él Se Casó con Mi Hermana

El día del terremoto, mi hermana Elena me empujó desde el tercer piso; luego rompió a llorar y juró que solo había intentado salvarme. Todo el mundo le creyó. La única persona que se puso de mi lado fue Nicoló, el jefe mafioso más joven que había visto Sicilia en décadas. Me sacó entre los escombros con sus propias manos, me pidió matrimonio frente a todos y sentenció que, desde ese día, quien se atreviera a tocarme tendría que responder ante él. Dos meses después, quedé embarazada. Nicoló compró una isla entera y la cubrió de lirios, mis flores favoritas, todo para nuestra boda. Mi padre gastó una fortuna en un vestido de novia único, confeccionado exclusivamente para mí. Todos decían que yo era la mujer más envidiable de toda la familia. Pero cuando llegó el momento del parto, ambos desaparecieron sin dejar rastro. Mi padre me explicó que la familia tenía un trato crucial en juego. Nicoló besó mi vientre abombado, murmuró que volvería pronto y prometió traer regalos para mí y para nuestro bebé. Justo antes de que me llevaran en camilla a la sala de partos, un video anónimo llegó a mi celular. En las imágenes, Nicoló vestía el traje de novio. A su lado estaba Elena, con una mano reposando sobre su propio vientre embarazado y luciendo mi vestido de novia. Se aferraba al brazo de mi prometido, como si lo hubiera conquistado con total legitimidad. Al final del video, mi padre bajó el tono de voz y preguntó: —Si tú y Valentina solo mantienen un matrimonio de papel, ¿qué será del hijo que ella va a dar a luz? Nicoló guardó silencio durante dos segundos antes de responder con frialdad: —Valentina lo tuvo todo desde la infancia. Elena ha cargado toda su vida con la mancha de ser hija ilegítima. Su hijo no tendrá que vivir con ese estigma. Comprendí entonces que toda esa ternura nunca había sido para mí. Estaba destinada a Elena. Bien. Que se tengan el uno al otro.
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