Entregada al Alfa
“Tú eres la Luna, y además estás embarazada. Tienes derecho a todo lo que quieras ahora”
Le fruncí el ceño.
"Eres notablemente transparente", gimió, levantándose de la silla.
Pero me preguntaba cuál era su don.
"Pensamientos", me dijo, encogiéndose de hombros. "En un modo de hablar. No puedo escuchar tus pensamientos exactos, pero puedo tener una idea de su dirección general. Y también puedo sentir tu emoción, y juntando esos dos, puedo hacer una suposición bastante acertada”.