Hubiera Sido Mejor Nunca Haberte Conocido
Era Adrián, su frente aún mostraba moretones azulados, seguramente hechos de la escalada en el templo la noche anterior, y sus ojos ardían de ira.
Sacudí su mano y, sin dudarlo, le di una bofetada.
—¡Cuida tu boca! Y no olvides que estamos divorciados.
Se tocó la mejilla, incrédulo.
—¡Isabela Reyes! Jamás pensé que te convertirías en alguien así.
Respiró hondo varias veces y, con voz más calmada, continuó: