Casados sin amor
―Oh, no, acaso no escuchaste bien que no te separarás de mí, cada paso que yo dé lo harás tú también.
―Vístete, iremos a desayunar a un lugar muy especial.
Un rato después fueron a un pequeño restaurante a la orilla de un lago en donde el ambiente es tranquilo y muy romántico.
―Aquí parece que solo los enamorados vienen, si ves, la mayoría ahora se están besando o intercambiando sus comidas en la boca. ―Comentó Madison.
―Tú y yo somos esposos, Madison, entonces también tenemos derecho a estar aquí. ―susurró, arqueando los labios con una sonrisa coqueta.