LA PREDESTINADA DEL ALFA REY
La ilusión se rompió como vidrio agrietado: la apariencia de la criada se desvaneció, revelando quién era realmente.
El Rey Alfa se levantó lentamente, sin prisa. Como un depredador que sabe que la presa no tiene a dónde huir. Sus ojos mantenían ese brillo hipnótico, salvaje, casi sobrenatural.
Phoenix apenas podía respirar. Cada paso de él hacia ella hacía que su corazón latiera más fuerte, más rápido, como los tambores de guerra resonando entre las murallas del castillo. El sonido de sus propios latidos era ensordecedor. Pero aun así, no podía apartar los ojos de él.