La esposa falsa de su majestad
Sus dedos se tensaron apenas más, lo suficiente para recordarle que estaba completamente bajo su control, que no había error posible en lo que estaba ocurriendo, y que cada segundo dependía únicamente de su voluntad.
—Ya tengo una esposa —dijo con una voz baja, perfectamente controlada, pero cargada de una autoridad que no admitía réplica—. Y esa mujer… es Elinor.
El nombre cayó entre ellos con un peso absoluto.
—Tu reina.
Valeria intentó hablar, pero el aire apenas le alcanzaba, y la seguridad que había llevado consigo al entrar en la habitación comenzaba a desmoronarse con una rapidez aterradora.