Entre Amores y Traiciones
¡Solo dinero!
La frustración lo llenaba de rabia, una ira tóxica que le subía por el cuello y le quemaba la garganta. Él había arriesgado todo, había pagado sumas obscenas, había planeado con una precisión quirúrgica, y aun así, ella seguía eligiendo el silencio antes que a él. Su obsesión, disfrazada de amor sacrificial, era cada vez más evidente, y su comportamiento se volvía errático, rayando en el delirio. Se detuvo frente a un florero lleno de rosas blancas, las mismas que había enviado a Senay, y las tiró con un grito silencioso.