La Jaula Dorada
Sabía que algo importante debía estar sucediendo para que alguien se arriesgara a interrumpir su juego.
En el silencio que siguió al timbre, un hombre con cicatrices prominentes en la cara, uno de los prisioneros más leales a Darius, se acercó con paso firme. Su rostro estaba marcado por la violencia del pasado, un recordatorio visible de las luchas en las que había estado involucrado, pero sus ojos, sin embargo, reflejaban una lealtad absoluta hacia su líder. El hombre se inclinó ligeramente antes de extender el celular hacia Darius, quien, por fin, levantó la mirada de la partida. El brillo de su mirada fría y calculadora se cruzó con el de su subordinado, quien, sin pronunciar palabra alg