CASADA CON EL ENEMIGO
Me Arrodille entre sus muslos me dio una vista jodidamente épica de ella, desde sus muslos abiertos como águilas en esas piernas asesinas, hasta su delgado estómago y sus tetas presionadas en lo alto donde le había bajado la parte superior, hasta su cabello desordenado y sus mejillas rosadas.
Probarla complicaría todo. Mi cerebro me gritaba desde detrás de la espesa niebla de la lujuria. Al día siguiente tendríamos que volver al mundo real, volver con mi padre y sus hermanos y el sindicato. Volver a la lealtad familiar por encima de todo y de todos. Volver a la extorsión, a las conspiraciones y a repartir dolor.
Maya gimió mientras me miraba, mi cara a centímetros de su brillante coño.
—¿Por