Mellizas para mi jefe
Tendré a mis herederas en menos de nueve meses.
Luis Mario, mi asistente de confianza, tomó la copa con las manos temblorosas. Me miró algo extrañado.
De pronto me abrazó con fuerza.
—¡Jefe, felicidades, al fin! Usted se lo merece, señor —exclamó, casi gritándome en el oído.
Me tensé, porque detesto ese tipo de efusividad innecesaria. Después de un par de segundos me separé de él de manera sutil.