Placer y Traición
Eso se lo dije desde la cama, pero al ver que no hacía nada, me puse de pie y fui hacia donde estaba ella.
—Venga, llévame...
Para mi sorpresa, Luna giró 180 grados sobre sí misma y salió caminando muy despacio por la puerta, que estaba entreabierta. Yo, sumiso, la seguí sin decir ni mu y tratando de emular los silenciosos pasos de la gata.
—Como me lleves a por comida, dichoso animal...
Estaba todo a oscuras, incluso el cuarto de baño. No se veía luz ni en el salón ni en la cocina. Sólo lo que entraba a través del ventanal del salón.