Después de tu adiós, renací de mis cenizas
Él y yo éramos dos almas destinadas a seguir caminos distintos, como dos líneas paralelas que, por mucho que se acercaran, jamás se cruzarían de nuevo, no por ahora.
Hubiera querido verlo una vez más, prolongar un poco más aquella ilusión efímera, pero el destino, de alguna manera, ya había tomado su decisión por nosotros. El futuro que imaginamos juntos era solo un espejismo, y era imposible huir de esa realidad.
Sin embargo, por más que intentara convencérmelo, nuestra historia tenía que continuar su curso. Intenté evitar los lugares que solía frecuentar solo para evitar volvérmelo a encontrar.