LA ESPOSA ELEGIDA PARA EL CEO
Necesito vestirme — vuelve a decir ella, y está vez su tono fue un poco más elevado.
Él levantó una ceja, un atisbo de diversión curvando sus labios.
—¿Por qué? Esta es mi casa, eres mi esposa… y, por si lo olvidaste, anoche no pareció molestarte mi presencia.
Eda sintió que el calor le subía al rostro, pero se negó a mostrarse vulnerable. Claro que había sido una noche increíblemente intensa, pero eso no significaba nada. Él seguía siendo un CEO calculador que solo la había elegido como esposa por conveniencia, ¿verdad?