Tu mi ángel.
Pocas palabras, ojos fríos, manos sueves, pecho duro, y ojos para perderse en ellos, un maldito adonis o mejor dicho un demonio con cara de ángel.
— ¿Gracias? — Mateo rio a su comentario hecho pregunta.
— ¿Qué tienen las latinas? — murmuro y Maca lo vio curiosa, ¿acaso era un fetiche de su jefe dormir con latinas? — ¿Quieres un trago? — esta vez Maca asintió, necesitaba algo fuerte. — Si me dieras una oportunidad… esto puede funcionar mejor de lo que crees. — la estaba tentando, y no solo con palabras, luego de darle la copa, Mateo acaricio su cuello, erizando su piel.